La espléndida madurez de Spiderman, el héroe que se hace grande
Tom Holland vuelve a protagonizar 'Spider-man: Brand new day', la nueva entrega de la franquicia arácnida
BarcelonaEn la Marvel todavía inocente de principios de los 70, en la serie de Spiderman se produjo un fenómeno inédito en los cómics de superhéroes: el protagonista se hizo mayor. El guionista Gerry Conway, que había llegado a la serie con solo 19 años, enfrentó a Peter Parker a la complejidad de las relaciones adultas y a la tragedia de la muerte de su primer gran amor, Gwen Stacy. Con el tiempo, la editorial decidió que hacer crecer a los personajes no era bueno para el negocio y podía alienar a los lectores: era mejor mantener a los superhéroes congelados en un presente eterno y explotar su iconicidad sin cambios profundos que alterasen su esencia. Pues bien, en la nueva entrega cinematográfica del superhéroe, que llegó el miércoles a los cines, ha pasado un poco lo mismo: Spiderman ha dejado de ser aquel adolescente inexperto y excitable que Tony Stark reclutó como suplente de los Vengadores y se ha convertido en un joven adulto triste y solitario, torturado por el sacrificio que hizo al final de Spiderman: sin camino a casa (2021), cuando todo el mundo, incluso su novia, olvidó mágicamente la existencia de Peter Parker.
Spider-man: Brand new day, la cuarta entrega de la era Tom Holland nos presenta un Spiderman sin familia ni amigos y entregado las 24 horas del día a la lucha contra el crimen, un workaholic de manual a quien incluso su contacto de confianza en la policía (Liza Colón-Zayas, la cocinera latina de The bear) le recomienda que se tome un descanso y socialice un poco. ¿Pero con quién? Lo más parecido a un amigo que tiene es el Castigador (un magnífico Jon Bernthal, también secundario recurrente en The bear), el antihéroe sociópata por excelencia de Marvel. El aislamiento y la frustración pasan factura al héroe y su ADN arácnido comienza a descontrolarse, pero no hay tiempo para ir al psicólogo, porque un misterioso telépata trae de cabeza a la policía de Nueva York y el único que puede detenerlo parece ser Spiderman.
El gran acierto inicial del Spiderman de Holland fue recuperar la esencia adolescente de Peter Parker. Pero después de aparecer en tres películas corales de Marvel (Capitán América: Civil war, Vengadores: Infinity war y Vengadores: Endgame) y protagonizar cuatro entregas de la saga Spiderman, era lógico que el personaje madurara. Al fin y al cabo, en los 10 años que lleva corriendo por el universo Marvel ha visto morir a su mentor (Toni Stark) y a su tía May, él mismo ha muerto y resucitado y ha tenido que renunciar al amor y la amistad. De hecho, la saga actual de Spiderman se está revelando como un Boyhood superheroico donde el paso del tiempo y los cambios vitales tienen un protagonismo central. Y después de tantas películas clónicas de superhéroes en las que lo único que está en juego es el destino del planeta, es refrescante ver una historia sobre un personaje cogiendo aire y situándose en el mundo. En este sentido, el trabajo interpretativo de Holland es impecable y matizado, y lo confirma definitivamente como el mejor Spiderman posible: tan convincente en el registro dramático como a la hora de lanzar chistes mientras se ataca con Hulk, el Castigador o una secta ninja.
Otra buena noticia de Spider-man: Brand new day es la dirección de Destin Daniel Cretton, que toma el relevo de Jon Watts, director de las tres películas anteriores. Con Cretton, la puesta en escena recupera una fuerza que no veíamos desde los tiempos de Sam Raimi, y las escenas de acción son más sólidas, con un CGI muy por encima del habitual batiburrillo digital de los films del estudio. El otro reproche habitual a Marvel es el exceso de apariciones gratuitas de otros héroes de la casa, pero en el nuevo Spiderman los cameos de Hulk y otros personajes –algunos sorpresa– no restan, sino que –sobre todo el Castigador de Bernthal– suman interés a la historia. Quizás porque Spiderman siempre ha sido un personaje que se presta al crossover, y que incluso tenía una serie, Marvel Team-Up, donde cada número hacía equipo con un héroe diferente. Sea como sea, en la Marvel del 2026 una película no deja de ser una pieza más dentro de un engranaje más complejo y coral. La cuestión es conseguir, como en Brand new day, que esto juegue a favor de la narración, y no en contra.
Menos satisfactorio es el abuso de los montajes de escenas de entregas anteriores, el exceso de duración del tercer acto y los prescindibles flashbacks para explicar el origen y motivaciones del enigmático antagonista de la película, con quien Spiderman acaba teniendo más en común de lo que parece. La MJ de Zendaya no tiene un gran protagonismo en esta entrega, pero cuando ella y Holland comparten plano, amnésica o no, siempre saltan chispas. Pero Spider-man: Brand new day se resiste a forzar la máquina para cerrar su historia de amor, porque sabe que todavía queda campo por recorrer en la saga de Spiderman. Y se agradece que un blockbuster de superhéroes mire al futuro y construya una relación sin prisas. Como también se agradece el gesto de utilizar imágenes documentales de Nueva York en los créditos finales; una manera como cualquier otra de pedir perdón a la ciudad de Spiderman por haber rodado buena parte de la película en Glasgow.