Matar zombis en Madrid: vuelve la saga catalana que es un fenómeno mundial en Amazon
Carles Torrens dirige 'Apocalipsis Z: el principio del fin', segunda adaptación fílmica del universo literario creado por Manel Loureiro
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BarcelonaEn 2024 una película de zombis producida en Cataluña por un equipo catalán con un presupuesto ajustado para los estándares habituales del cine de acción se convirtió en la película de habla no inglesa más vista en la historia de Amazon Prime, rozando el número 1 en el top 10 semanal de los Estados Unidos. Apocalipsis Z: el principio del fin, que adaptaba el primer libro de la trilogía zombi del escritor gallego Manel Loureiro, fue un fenómeno inesperado incluso para sus responsables, desde el director Carles Torrens (Barcelona, 1984) hasta la productora barcelonesa Nostromo y la misma plataforma de streaming, que enseguida encargó una continuación, que llega este viernes –a punto para Todos los Santos– después de pasar por el Festival de Sitges.
Pero Apocalipsis Z: nuevo mundo no es una secuela típica, ya que incumple algunas de las reglas no escritas de las sagas cinematográficas, empezando por prescindir sin miramientos del protagonista absoluto de la primera parte, Manel, aquel abogado a quien la pandemia zombi pilla deprimido por la muerte de su mujer. La interpretación de Francisco Ortiz, lo suficientemente solvente como héroe sobrevenido que no se separa nunca de su gato, era el gran activo del primer Apocalipsis Z, que terminaba con final abierto: Manel y un puñado de supervivientes volando en helicóptero hacia las islas Canarias, refugio incierto. Pero en lugar de continuar su peripecia, como hace la segunda entrega de la trilogía literaria de Loureiro, Torrens y su guionista (Ángel Agudo) se han sacado de la manga un nuevo protagonista, un soldado de lo que queda del ejército en Canarias, obligado a participar en una misión suicida para obtener víveres y medicinas en un Madrid arrasado por la pandemia zombi.
“Nos pareció que era más original”, explica Torrens sobre la decisión de deshacerse del protagonista de la primera entrega. “El recorrido del personaje era limitado, y no tenía sentido tenerlo allí pululando solo por tenerlo. A las películas de plataforma se las acusa de seguir una fórmula, pero nosotros hemos tenido mucha libertad. De hecho, esta segunda película no es una adaptación del segundo libro de la saga, que era Los días oscuros [2010] y estaba muy ligado a la realidad del 2008. Y en veinte años la sociedad ha cambiado mucho, así que la película también tenía que cambiar”. En la película se comenta de pasada el destino de Manel, el protagonista de la primera parte, pero Torrens pide que se mantenga en secreto. Eso sí, señala que “fue idea de Loureiro”, el autor de los libros.
En Apocalipsis Z: el principio del fin la saga da un giro del thriller de supervivencia del primer film hacia el cine bélico teñido de terror, con un protagonismo más coral del destacamento de militares que vuelan a Madrid para obtener suministros. Un salto en el que Torrens se ha querido reflejar en referentes como Aliens, Starship Troopers y Zero Dark Thirty, pero con la verosimilitud como obsesión. “Contraté a un asesor militar que se llama Joaquín Rivera Chamorro, un comandante de las fuerzas armadas que también es escritor –explica el director–. Y me autoimpuse que, aunque el detonante de la acción fuera fantástico, la respuesta del ejército debía ser realista, tanto en la manera de hablar como en las tácticas y los protocolos”.
Torrens reconoce que entre los cineastas españoles existe “miedo a hacer una americanada” y que quizás por eso abunda tan poco el cine bélico. En cualquier caso, él quería “despojar al ejército español de cualquier lectura ideológica” y utilizarlo simplemente como “un ejército profesional”, añadiendo toques singulares como una composición particularmente feminizada. “Hemos cogido actores dramáticos de cine independiente, gente que no imaginas en este tipo de película –explica–. A Mónica López le enviamos el guion pensando que nos mandaría a paseo, pero le hizo mucha ilusión”. Para interpretar a los cientos de infectados rabiosos a quienes se enfrentan los militares, Torrens también trató de ser original. “No son zombis de esos de carne podrida, así que el maquillaje es más bien básico –advierte Torrens–, pero, a cambio, trabajamos mucho la expresión corporal con el coreógrafo Oscar Valsecchi, que diseñó los movimientos de nuestros infectados, que eran todos bailarines o contorsionistas e hicieron con Oscar un curso de preparación de una semana”.
La saga Apocalipsis Z ha recuperado a Torrens para el cine después de un puñado de años dirigiendo episodios de series. El director debutó en 2011 con un filme de terror found footage (Emergo) y en 2015 sorprendió con la historia de amor enfermizo Pet, que se presentó en el Festival de Sitges. Después tenía que dirigir un filme de terror sobre el submundo de la santería con producción de Blumhouse, pero el proyecto cayó y Torrens regresó a Barcelona para estar más cerca de la familia. Las películas de Apocalipsis Z son ideales en este sentido, ya que a pesar de estar ambientadas en Galicia, las Canarias y Madrid, se ruedan principalmente en Cataluña. “Estaría bien que la próxima se ambientara en Barcelona –dice–, porque estoy cansado de romperme los cuernos para hacer ver que escenarios de aquí son de otro lugar, como la plaza de toros madrileña de Nuevo mundo, que en realidad es la Monumental, a la cual hemos borrado digitalmente todo el Modernismo”.