Nanni Moretti llena de romanticismo Venecia
Treinta y siete años después de su ruptura con la Mostra, el cineasta presenta la magistral ‘Succederà questa notte’
VeneciaLa Mostra de Venecia se ha vestido de gala este sábado y ha aplaudido con ganas el regreso de Nanni Moretti, uno de los grandes cineastas italianos de las últimas décadas. Hacía treinta y siete años que el director de Caro diario no pisaba el histórico certamen, desde que en 1989 su película Palombella rossa –que ofrecía un ácido retrato del desconcierto de la izquierda italiana– fue excluida de la Sección Oficial supuestamente por razones políticas; el filme se acabó presentando en una sección secundaria del festival, la Semana de la Crítica. Sin embargo, Moretti no se ha mostrado rencoroso durante la presentación de Succederà questa notte, que este año compite por el León de Oro. De hecho, el cineasta ha querido quitar hierro a su distanciamiento de casi cuatro décadas con el festival: “No es verdad que yo tuviera nada en contra de Venecia; simplemente, en todo este tiempo, mis películas nunca estaban listas en verano, que es cuando se celebra la Mostra. Esta vez, en lugar de rodar en primavera, lo he hecho en otoño y, por eso, me ha parecido natural presentar el filme allí”.
Más allá de la dimensión histórica del regreso de Moretti a Venecia, cabe destacar la grandeza de Succederà questa notte, un filme que merecería llevarse el premio gordo del festival. Basada en el libro Legami del escritor israelí Eshkol Nevo, la película sigue las peripecias de un hombre y una mujer (unos pletóricos Louis Garrel y Jasmine Trinca) que a lo largo de una década van cruzando sus destinos en un prodigioso juego narrativo de acercamientos y distanciamientos. Esquivando toda grandilocuencia, Moretti construye un denso mosaico de experiencias humanas que tan pronto se expande a la manera de una saga literaria como se contrae en delicados momentos de puro cine: un encuentro romántico que parece salido de una comedia del Hollywood clásico, digresiones imaginarias que remiten a Fellini, un número musical al ritmo de Like a Rainbow de los Rolling Stones, o un beso a través de un cristal que rectifica la angustia de una mítica escena de El eclipse de Michelangelo Antonioni. “Hace muchos años dije una frase un poco tonta: «Me gustaría hacer siempre la misma película, pero cada vez un poco más bonita» –ha apuntado Moretti–. Con el paso del tiempo, me he retractado de estas palabras, y ahora con mis coguionistas Federica Pontremoli y Valia Santella hemos hecho esta historia de amor bastante intensa”.
Las bambalinas de la telebasura
En las antípodas de la dimensión humanista del cine de Moretti, la Mostra acogió también este sábado la presentación de Primetime, una sórdida crónica ficcional de la producción del programa de telerrealidad To Catch a Predator, emitido en la cadena estadounidense NBC entre los años 2004 y 2007. En este reality, el periodista Chris Hansen –a quien da vida Robert Pattinson– cazaba in fraganti a depredadores sexuales con tendencias pedófilas. “Cuando pienso en To Catch a Predator, me remito a mi experiencia como realizador de documentales”, ha explicado en Venecia Lance Oppenheim, el director de Primetime, una producción del sello A24. “Con aquel reality, Chris Hansen construyó un increíble artefacto televisivo que mezclaba una cierta realidad con el más puro artificio: actores que se hacían pasar por niños y casas que se acondicionaban para funcionar como ratoneras para los depredadores sexuales”.
Al inicio de Primetime, un intertítulo sitúa la acción en el año 2006, cuando la NBC decidió promocionar To Catch a Predator en la franja televisiva de máxima audiencia. Sin embargo, desde una perspectiva cinéfila, la película remite a 1976, cuando Hollywood decidió exorcizar la crisis moral de la nación yanqui con títulos como Taxi Driver, de Martin Scorsese o Network, de Sidney Lumet, una obra que también ponía el foco en el fenómeno del populismo mediático. De hecho, la sombra de Scorsese traspira por todo el metraje de Primetime. La cámara se abalanza sobre los personajes con una energía psicótica; la acción acostumbra a presentarse desde múltiples puntos de vista; la música energiza el ritmo acelerado del relato; y el montaje fragmenta la acción a golpe de violentas elipsis. Más allá de la cuestión estética, el aliento del autor de Toro salvaje se extiende por el tono satírico, grotesco y abiertamente amoral de la película. Dicho esto, el gran problema de Primetime es que no logra trascender el interés morboso que genera la historia real que hay tras el filme. A la hora de construir un relato cautivador y autosuficiente, la película se pierde entre la denuncia redundante del sensacionalismo y un conjunto de subtramas inocuas.