Cine

Incluso el peor 'Toy Story' es la película de animación del año

Andrew Stanton toma el mando de la saga por excelencia de Pixar con buenos resultados

16/06/2026

BarcelonaComo el monstruo neoliberal que son, las webs de puntuaciones en línea y el periodismo de rankings han transformado la manera en que muchos ven el cine hasta el punto de que parece que la única información relevante respecto a una nueva entrega de una saga es cómo se valora respecto a las otras. Acabamos, pues, con el elefante que envenena esta crítica: Toy Story 5, que se estrena este miércoles, es la peor entrega de la saga, la menos inspirada de todas, incluso comparada con la habitualmente infravalorada –y, sin embargo, estupenda– Toy Story 4. A pesar de todo, Toy Story 5 es muchas otras cosas, y todas magníficas: un entretenimiento delicioso, una demostración de talento narrativo, una crítica (matizada) de la influencia de las pantallas en los pequeños y, sobre todo, una reflexión casi existencial sobre nuestra propia obsolescencia como seres humanos, juguetes necesitados de afecto que pasamos por la vida, nos esparcimos un rato, amamos y caemos en el olvido.

Con 31 años de historia, Toy Story ya es la saga animada más veterana del Hollywood moderno, la única que se ha mantenido en activo sin reinicios ni reformulaciones y que, desde la tercera entrega, ha explorado de manera explícita el paso del tiempo y la impermanencia de los afectos y las relaciones. Es inevitable, por tanto, que esta quinta parte dialogue con su pasado, sobre todo porque el director no es tan solo uno de los grandes nombres de Pixar –Andrew Stanton, responsable de Wall·E y Buscando a Nemo–, sino también alguien que ha participado en la escritura de todas las entregas de la saga y que la ha acompañado desde un nacimiento que hizo historia –primer largometraje comercial de animación digital– y en el esfuerzo por superarse que ha planteado cada secuela, incluso, como explicaba Lee Unkrich a el ARA, una producción tan accidentada como la de Toy Story 2.

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Justamente en aquella extraordinaria secuela se presentaba el personaje de la cowgirl Jessie, una versión femenina de Buddy marcada por la ruptura del vínculo entre niña y juguete. Aquel personaje que introducía por primera vez en el universo Toy Story el veneno de la melancolía y la nostalgia –en el tristísimo número musical When she loved me, uno de los cumbres compositivas de Randy Newman en la saga– y que quedó un poco eclipsado por Buzz y Woody en las entregas posteriores, asume ahora el protagonismo en Toy Story 5, un paso lógico después de cerrar el arco de personaje de Woody en la entrega anterior. Jessie era la elección lógica para liderar una entrega que explora el trauma del abandono y tiene a favor suyo el magnífico trabajo interpretativo de un pedazo de actriz como Joan Allen, que le pone la voz en la versión original y que, a sus 63 años, aporta una rugosidad vocal que no oculta el paso del tiempo y aporta profundidad emocional. Por cierto, es una lástima que la sesentena de copias que Disney estrena en catalán de Toy Story 5 sean todas dobladas y no haya ninguna en versión original subtitulada en catalán, un formato que hay que reivindicar siempre.

Secundarios de lujo a montones

A pesar de la centralidad de Jessie, Toy Story 5 reúne a buena parte de los personajes de la franquicia, incluido el cowboy Woody, que hace un paréntesis de su exilio voluntario con los juguetes perdidos para echar una mano a sus viejos amigos; un Woody más calvo y con barriga, porque, de alguna manera, los años también pasan factura al universo Toy Story. La coralidad es uno de los retos de esta nueva entrega, que se esfuerza en repartir juego entre un reparto lleno de secundarios de lujo –Rex, Señor Patata, Forky, Slinky, Bo, Duke Caboom–, la mayoría con poco espacio para el lucimiento, y el trío protagonista, donde esta vez no acaba de brillar Buzz Lightyear, quizás demasiado limitado a pretendiente romántico de Jessie. Lo compensa en parte la aparición de un regimiento de Buzz Lightyears con el que se abre el film en una magnífica escena de naufragio en una isla desierta que, según cómo, se puede leer como metáfora del fracaso de la película en solitario del personaje.

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Los guionistas también tienen que hacer espacio a las novedades de esta entrega, en la que el elemento disruptivo es la aparición de una tableta táctil para niños que, de manera casi apocalíptica, anuncia “el fin de la era de los juguetes” y sume a los niños en una especie de estado colectivo de alienación social. No debe ser fácil para Pixar abordar esta problemática siendo, desde su fundación, una compañía esencialmente de innovación tecnológica. De hecho, la película también introduce juguetes tecnológicos descartados por obsoletos –el MVP de este grupo es Smarty Pants, la aplicación infantil para aprender a usar el lavabo con voz de un escatológico Conan O’Brien– para remarcar que la tecnología no es la enemiga, y que el único problema es el uso que se hace de ella. Hay que decir que, en sus cuatro décadas de historia, Pixar ha hecho un uso extraordinario de ella, y ha creado al menos media docena de obras maestras. Quizás Toy Story 5 no sea una de ellas, pero sí que es un film generoso en emoción y gozo para narrar. Seguramente, la mejor película que es capaz de producir Pixar en 2026, y no es poca cosa. No será fácil ver una película de animación mejor este año.

[Consulta las proyecciones en versión catalana en este enlace]

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Tráiler en versión original de 'Toy Story 5'
Tráiler en castellano de 'Toy Story 5'