Werner Herzog: “La vida no debería estar dictada por algoritmos”
Orlando Bloom entrega el Premio Donostia al cineasta alemán, que presenta ‘Bucking fastard’ en el Festival de San Sebastián
BarcelonaCon una lluvia matutina que ha refrescado el día ha arrancado este viernes el Festival de San Sebastián, que en su primera jornada tiene como protagonista a uno de los nombres propios de esta edición: el cineasta alemán Werner Herzog, que viene al festival a presentar su nueva película, la excéntrica y divertida Family Romance, pero también a recibir el primer Premio Donostia de esta edición –el segundo será para Naomi Watts–. Un reconocimiento más que justo en la formidable trayectoria de un gigante del cine europeo. Al director de Fitzcarraldo, sin embargo, ganar premios no le hace mirar atrás. “No me interesa; todavía hay trabajo por hacer –asegura–. Estoy enfocado en el presente. De hecho, ya tengo casi acabado mi próximo filme; solo me faltan tres días. Y estoy trabajando en dos libros. Pero no soy un adicto al trabajo. Mis jornadas de trabajo son cortas, y también las de rodaje: solemos terminar a las 15:30 h o las 16 h”.
Escuchar en directo la voz ronca de Werner Herzog es una experiencia extrañamente relajante para los fans de sus documentales, que suele narrar él mismo con una entonación característica y un inglés con fuerte acento alemán, y en los que, más que pronunciar las palabras, las corta a golpes de machete. Así explicó cómo nació Family Romance, que sigue la historia de dos hermanas con el habla y las emociones sincronizadas (las también hermanas Kate y Rooney Mara) que sienten un amor casi obsesivo por su vecino (Orlando Bloom). “Hace tiempo conocí a dos hermanas gemelas que hablaban al unísono y quería hacer una película sobre ellas, pero el proyecto cayó –recuerda el director–. Muchos años y treinta películas después, retomé la idea y encontré a Kate y a Rooney, que son unas actrices magníficas y estaban dispuestas a emprender esta tarea tan difícil”.
Como dice Herzog, en Family Romance “hay elementos poéticos y no tiene la estructura narrativa de una película de Hollywood”. No en vano, como se anuncia al principio, la película está dedicada a David Lynch. La historia real no le importa, al director, y la película muta constantemente: de comedia judicial a reflexión sobre la diferencia y, en última instancia, sobre la búsqueda existencial. “Es una historia inventada, como todas las películas que hago. Incluso mis documentales son películas de ficción disfrazadas de documentales. Tienen su casting y partes inventadas –dice el director, que presume de haber escrito el guion en cinco días–. Veo la película como si fuera un espectador en un cine, así que me limito a copiar lo que veo –asegura–. No me interesa el desarrollo de los personajes ni de la historia, ni los tres actos, así que escribo deprisa. De hecho, no tardé cinco días sino dos y medio, porque tuve que hacer mis impuestos y otras cosas”.
Orlando Bloom, que también ha viajado a San Sebastián y que ha sido el elegido para entregarle a Herzog el Premio Donostia en la gala inaugural, ha elogiado el rechazo del cineasta alemán a “juzgar a sus personajes y a ofrecer respuestas fáciles”. En relación con el peso que la mirada de los otros tiene sobre uno mismo, el actor ha reflexionado sobre la importancia de tener alrededor a personas que le hacen tocar de pies a tierra. “No puedes crear personajes sin vivirlos de verdad ni sin ser parte del mundo –dice el actor–. Es un reto para las personas con mucha visibilidad, pero es esencial para un trabajo creativo”. Herzog, con Bloom al lado, no ha dejado de elogiar al actor: “Te mantienes en una forma excepcional. Me gustan los actores que se sienten cómodos con su cuerpo. Y has dejado atrás el aspecto juvenil con el que te hiciste famoso mundialmente. Estás haciendo papeles diferentes y es una transición muy interesante. No pienso perder de vista tu trabajo; tengo la sensación de que los años te pondrán a prueba”.
"¿Te parezco un hombre obsesivo?"
Con 84 años, Herzog ya no es aquella fuerza de la naturaleza que caminaba 800 km en pleno invierno o arrastraba barcos por la jungla, pero todavía intimida cuando sube ligeramente el tono de voz para interrumpir la pregunta de un periodista sobre su “obsesión” por filmar Family Romance. “¿Te parezco un hombre obsesivo? –suelta con una sonrisa que rebaja parte de la incomodidad–. Mira, si eres un director obsesivo los actores no querrán saber nada de ti y los productores huirán. Incluso tendrás que huir de ti mismo, así que no, no soy obsesivo. Y punto”. Cineasta sin servidumbres, Herzog ha alertado sobre la importancia de mantenerse “alerta” en un mundo “que empieza a usurpar nuestras almas”. “Debemos defendernos contra esta invasión del exterior. Y quiero ser muy claro, sobre todo con los jóvenes que se pasan el día mirando el móvil: la vida no debería estar dictada por algoritmos que quieren captar nuestra atención”.