Festival de Venecia

Werner Herzog sincroniza a las hermanas Rooney y Kate Mara en ‘Bucking fastard’

El británico Martin McDonagh oscurece Venecia con el demoledor existencialismo de ‘Wild horse nine’

Werner Herzog y las hermanas Kate y Rooney Mara en la presentación de la película 'Bucking fastard' en la Mostra de Venecia.
03/09/2026 - 20:04 h.
3 min

VeneciaSi hay un director que ha sabido profundizar en la existencia de los olvidados, los expulsados por la sociedad, este es Werner Herzog. El cineasta de Múnich ha construido, a lo largo de su prodigiosa y ecléctica carrera, una familia de personajes que, a la fuerza o por voluntad propia, han encontrado su lugar en los márgenes, lejos de las costumbres, más allá de lo que es aceptado o tolerado. Este jueves el Festival de Venecia ha acogido el estreno mundial Bucking fastard, una película que presenta dos nuevas figuras esenciales del universo de Herzog: Jean y Joan Holbrooke, dos hermanas que hablan, caminan, sueñan y se enamoran al unísono. Los personajes están inspirados en las hermanas gemelas Freda y Greta Chaplin –que ganaron notoriedad en la década de 1980 por su peculiar sincronía y por sus problemas con la justicia–, pero en Venecia, Herzog ha asegurado que Bucking fastard “es una obra de ficción”.

El director Werner Herzog abrazando a las actrices Rooney y Kate Mara en la presentación de 'Bucking fastard' en la Mostra de Venecia.

El filme del autor de Aguirre, la cólera de Dios (1972) brilla gracias a la fascinante labor actoral de las hermanas Rooney y Kate Mara, que componen un mosaico gestual lleno de sincronías y desajustes sutiles. Las actrices norteamericanas construyen dos figuras que remiten a una única personalidad, pero, sin embargo, resulta evidente que estamos ante dos figuras autónomas, con facciones, expresiones y temperamentos diferentes, un hecho que revela la dimensión más turbia de esta unión férrea y limitante. Porque hay que decir que en la fusión de las hermanas Holbrooke aflora una paradoja inquietante: ¿cómo puede ser que dos personas que viven en perfecta concordancia, siempre cerca la una de la otra, puedan experimentar una soledad tan abrasadora?

“Al principio, la idea de interpretar a dos personas que son una sola resultaba un poco abrumadora, pero rápidamente vimos con Kate que entre nosotras existía toda una historia en común que nos permitía construir un mundo propio, secreto, sin palabras”, ha explicado Rooney Mara. Por su parte, Kate Mara ha destacado que “construir los personajes fue más sencillo" de lo que esperaban, "como un ejercicio musical, una cuestión de ritmo”. Y Herzog, que reconoce la proximidad entre las hermanas Holbrooke y el protagonista de El enigma de Kaspar Hauser (1974), ha destacado que filmar Bucking fastard fue “como hacer una operación a corazón abierto, con una única cámara e intentando hacer una única toma por cada plano”.

Una comedia dramática de espías

La otra película presentada este jueves en la competición oficial de la Mostra de Venecia ha sido Wild horse nine, del irlandés Martin McDonagh, que ya suena como una de las grandes candidatas a los premios Óscar del año que viene. El filme ofrece, como es habitual en el universo posmoderno de McDonagh, una peculiar mezcla de géneros –en este caso, comedia absurda, drama existencial y aventura de espías– y también un festival de diálogos afilados. Pero hay que decir que, en este caso, el marco histórico de la película otorga una gravedad particular al proyecto.

“Desde mi adolescencia, he sentido un interés particular por la implicación de la CIA en el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende”, ha explicado McDonagh ante la prensa acreditada. Así, la acción de Wild horse nine se centra en la figura de dos agentes de los servicios de inteligencia estadounidenses –unos magníficos John Malkovich y Sam Rockwell– que, en el Chile de 1973, viajan hasta la isla de Pascua para resolver un asunto personal. “El trasfondo político me permitió imaginar a un agente de la CIA marcado por el sentimiento de culpa. De esta manera, la película empieza como una comedia, pero se va convirtiendo en algo profundo, más triste y más oscuro”, dice el director de Escondidos en Brujas (2008).

Hay que celebrar el giro político que supone Wild horse nine en la obra de McDonagh. De hecho, más allá del cinismo y la amoralidad de los personajes –que da pie a un juego permanente con el humor negrísimo–, la película aparece recubierta de una bienvenida aura de indignación. Una mirada crítica hacia las tendencias imperialistas de los Estados Unidos que McDonagh combina con una meditación de carácter existencialista sobre la decadencia y la mortalidad. Y aquí es donde Wild horse nine encuentra sus límites. Por un lado, la parálisis vital de los personajes impone un tono marcadamente monótono. Y después están los intentos frustrados del director de Siete psicópatas (2012) por construir momentos de una ternura sombría. La intención es despertar la empatía del espectador, pero la misantropía y el nihilismo de McDonagh acaban oscureciendo la dimensión humana del relato.

stats