El lector accidental

Lástima que escribamos en catalán

España se ve así a sí misma: monárquica, castellana y católica, como en la época de Fernando VII

BarcelonaA lo largo de los años, los Estados han perfeccionado y ritualizado la representación de sí mismos: la bandera, el escudo y también la moneda. Cuando, a principios de los años 70, Jacint Verdaguer apareció en los billetes de 500 pesetas, pareció que el Estado se abría a la diversidad lingüística, puesto que este autor había escrito solo en catalán. Más tarde, cuando llegaron las monedas de euro, España habría podido representarse a sí misma con tres autores diferentes, por ejemplo Miguel de Cervantes, Ramon Llull y Rosalía de Castro. Pero no fue el caso. En las ocho monedas de euro españolas aparecen sólo tres imágenes: el rey, Cervantes y la fachada del Obradoiro. Si metéis la mano en el bolsillo seguramente encontraréis alguna, como un recordatorio de donde estáis. España se ve así a sí misma: monárquica, castellana y católica, como la época de Fernando VII.

Además de Cervantes, ¿hay muchos escritores en las monedas de la zona euro? Pues no muchos, la mayoría por razones patrióticas o religiosas, y ni uno en potencias literarias como Francia o Alemania. Los únicos de primera fila son Cervantes y Dante, el cual, aparte de escribir la Divina Comedia, unificó las diferentes hablas del país. Ni Homero, ni Goethe, ni Proust han sido seleccionados. También es cierto que, aparte de dedicarse a la escritura, Cervantes fue un soldado que combatió los turcos y vivió en cautividad en Argel. De hecho, en el capítulo 38 de El Quijote establece que las armas son superiores a las letras. Es cierto que no habla de los literatos sino de los letrados, pero no es menos cierto que en la tradición castellana se mezclan armas, letras y leyes, como cuando el Estado utiliza la calidad de la obra cervantina a guisa de arma para convencer a los reticentes ante la “lengua común”.

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¿Por qué tantos autores castellanos desprecian las obras escritas en catalán?

Al principio de El Quijote, uno de los libros que se salvan de la censura que hacen el cura y el barbero es El Tirant lo Blanc, que recibe grandes elogios. Es natural que un escritor se interese por las obras escritas en otra lengua. No he entendido nunca cómo es que tantos autores castellanos desprecian las obras escritas en catalán, una lengua que ha tenido muchas menos oportunidades que la suya. No me cabe en la cabeza que estos escritores ataquen el catalán con falacias que harían sonrojar a un niño. Por ejemplo, la falacia de la cantidad, según la cual las obras tienen más calidad si la lengua tiene más hablantes. Por ejemplo, la falacia de la igualdad, según la cual todas las lenguas tienen los mismos derechos, independientemente de si han sido prohibidas o impulsadas por uno o más estados a lo largo de los siglos. Cuando estos escritores se sirven de estas falacias, utilizan las letras a guisa de armas, solo que con un patriotismo chapucero. No me refiero a escritores de tercera fila. Entre los autores más conocidos en castellano no son extrañas las sandeces sobre el catalán. Veamos unas cuantas:

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1. “Es tontísimo que V. escriba en catalán”, carta de Benito Pérez Galdós a Narciso Oller (1884).

2. “Cuando llegue, si se que llega, la democracia, querrán que toda la enseñanza en Cataluña se dé en catalán [...] A esa desmembración lingüística me opondré siempre”, conversación de Vicente Aleixandre (1952).

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3. “En Barcelona entienden mejor lo teatro polaco en polaco que el teatro castellano en castellano”, declaraciones de Antonio Gala (1994).

4. “Los fascismos tienen algo en común: siempre son excluyentes”, lamentación escrita por Cristina Peri Rossi cuando fue despedida de la tertulia de Catalunya Ràdio por no hablar catalán (2007).

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5. “La educación en Cataluña está en manos de talibanes”, entrevista a Félix de Azúa (2016).

Uno de los escritores que ha regalado más declaraciones contra el catalán ha sido Mario Vargas Llosa. No sería justo atribuir esta posición a la vejez, puesto que la cosa viene de lejos. Lo recuerdo en un vídeo, precisamente sobre Tirant lo Blanc, que a finales de siglo pasado se proyectaba en los institutos catalanes. Después de alabar la novela, Vargas Llosa añadía una apostilla siniestra sobre el autor: “Lástima que escribiera en catalán”. No parece una frase agresiva, pero implica la determinación de poner fin a lo que considera una anormalidad. Porque se trata de esto, finalmente. Escribir en castellano es normal, mientras que escribir en catalán es capricho, tontería, ganas de molestar y nacionalismo de alpargata. El castellano, que tiene de todo, todavía quiere más; el catalán, que ha perdido tanto, siempre sobra. Ellos disponen de centenares de millones de hablantes, de ejércitos enteros, de tribunales de última instancia, de premios Nobel, de manuales de instrucciones de lavadoras, y todavía se quejan. Se rasgan las vestiduras porque no hablemos bien su lengua, pero no parecen muy apenados porque la suya silencie la nuestra.

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A finales de los años 80 conocí oficiales del ejército español más tolerantes con el catalán que los escritores que he citado. Todavía no he conseguido entender este odio, estos insultos, estas descalificaciones hechas desde el desprecio y la prepotencia. Dejad de llorar, que tenéis de todo, mientras que nosotros somos poquitos, bilingües y sospechosos. Si nos dejáis en paz, quizás todavía saldremos adelante.