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Abriendo la vía catalana en Substack, la plataforma para los que les gusta leer

Permite crear artículos largos y boletines para suscriptores, ya arrasa en el mundo anglosajón y suma el catalán como una de las 15 lenguas con traducción automática

21/08/2026 - 07:00 h.

Barcelona"Me he borrado Tinder y Instagram y me he descargado Substack #verano", leo en un post. Substack es una plataforma que, efectivamente, pide tiempo. Los posts que se suben, y que también se envían como un boletín de correo electrónico a los suscriptores, son sábanas llenas de información, referentes y datos, especialmente si son de pago. Y como cada vez contiene una oferta más extensa y diversa, se te multiplican las lecturas enlazadas y los mailsen la bandeja de entrada. "Entro a Substack porque tenía nostalgia de los blogs. Es la red de quien busca un nuevo espacio, más extensión, menos ruido, menos presencia de las compañías turbo fascistas que han ido poseyendo y condicionando nuestra manera de relacionarnos en X, Instagram y Facebook", dice la escritora y humorista Maria Rovira.

Desde que en 2017 se fundó en San Francisco, Substack se ha convertido en la plataforma más popular para crear contenido de largo formato y para acceder a información independiente y especializada sobre actualidad, cultura, tecnología, finanzas y medios. Cientos de profesores y analistas del mundo anglosajón, y grandes figuras de la cultura (de George Saunders a Patti Smith, Pamela Anderson, Ottessa Moshfegh o Miranda July), han encontrado en este canal una manera de dirigirse directamente a su comunidad, a menudo a través de textos que tienen vocación de estilo o, como mínimo, personalidad. Aquí los autores no dependen de la exigencia del clickbait de Google Discover, ni son víctimas del algoritmo salvaje de X, ni de la fragmentación de TikTok. Y sobre todo: los autores pueden rentabilizar su conocimiento y su talento a través de las suscripciones directas de los lectores (que en general son bajas, de 5 a 15 euros al mes). Hay más de 60 autores que facturan más de un millón de euros, según Substack. Grandes firmas de los medios tradicionales se han pasado y también hay ensayistas superventas: una de las últimas incorporaciones es Naomi Klein.

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Para los fans de Substack, aquí está el chismorreo del debate constructivo, la escritura libre de IA, la relación directa autor-suscriptor y la posibilidad de ganar dinero. "Imagino este espacio como una combinación de una gran mesa redonda, la conversación posterior a una charla (que es al menos tan buena como la charla misma) y un seminario con mucha participación", escribe Klein en el post inaugural. Ha empezado a colgar contenido gratuito, pero cobrará 6 euros. Consiguió 60.000 suscriptores en dos semanas. Hagan números.

"El gran atractivo es que nos da el control total a los escritores sobre el contenido –explica el economista, profesor y articulista de Kapital, Joan Tubau, con 22.000 suscriptores—. Con Substack, llego directamente a mi lector. Es un modelo que amenaza a los periódicos. Como lector me encuentro con que la información es una commodity y que quiero pagar por el análisis y la opinión de calidad, y por algunos reportajes de periodistas con ganas de encontrar una buena historia. Substack da la oportunidad de generarse un modelo de negocio a todos estos profesionales fuera de la estructura del periódico. Es un modelo winner-takes-all. Lo que vemos ya son (unos pocos) periodistas millonarios y muchos que serán sustituidos por la IA", pronostica Tubau.

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Una expansión, también lingüística

Las cifras en el ámbito anglófono no paran de subir y validan el modelo de negocio –Substack tiene 5 millones de suscriptores de pago, de quienes la plataforma se queda el 10%–, hasta el punto de que hay quien vaticina el final de los medios tradicionales (que, por cierto, también han entrado en Substack). En Europa, sin embargo, la popularidad de la plataforma ha sido más lenta y desigual, ya sea porque hay más diversidad lingüística, ya sea porque hay menos cultura de la suscripción. Muchos de los autores son aficionados o profesionales que lo usan solo como escaparate gratuito de su trabajo y para mantener contacto con su comunidad. En sectores como el de la tecnología y las finanzas, sin embargo, sí que se ofrecen contenidos exclusivos en castellano a un precio que va de los 300 a los 600 euros al mes.

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Conscientes de que se le puede sacar partido, en febrero de 2026 Substack abrió oficinas en nueve nuevos países europeos. "En Europa se han generado 90 millones de euros solo el primer trimestre en suscripciones directas y en España ya somos más de 150.000 suscriptores de pago", dice a el ARA Marcos García, el primer responsable de la plataforma en el Estado, que está en el top 5 de los países donde más crece la plataforma. Además, desde julio Substack ha incorporado la traducción integrada de quince idiomas, entre los cuales se encuentra el catalán. Es decir, gracias a la traducción con IA, todo el contenido de la plataforma se puede leer en catalán y el contenido original en catalán (y 100 lenguas más) se puede leer en inglés, al estilo de lo que ha pasado en X. La interfaz también está en catalán.

"Sin duda, lo local es la mejor ventana para ofrecer algo único, lo vemos en la música", dice García, seguramente pensando en Bad Bunny. Para él, la clave del éxito en Substack es "lo que tienes por explicar, tu voz, tu mirada única, tu conocimiento sobre una determinada temática o tu opinión original sobre ciertas cuestiones", afirma, y pone de ejemplo los artículos intimistas de Rosalía. Substack permite hacer artículos, pódcast, vídeos, chats en directo y alimentar un muro con notas –uno de los motivos de la guerra abierta con X y de las quejas por el uso de algoritmos blandos–, pero lo importante es lo que se dice, no el diseño. "Es una plataforma para compartir contenido de nicho, pero con unos pocos lectores que están dispuestos a pagar. Los blogs más leídos de Substack son superespecíficos", explica Tubau, que cita la estrategia long tail" (los productos minoritarios pueden sumar más que los superventas si se unen en un gran canal de distribución).

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Vuelve el formato largo

"En los últimos años, hemos convertido nuestra experiencia digital en una carrera infinita marcada por el scroll, el consumo rápido, la necesidad de alimentar un algoritmo que vemos como un mal necesario y una batalla por la mal llamada economía de la atención. Nos han querido convencer de que lo importante es decirlo corto y rápido y generar ruido constante. Y que las vanity metrics (likes, seguidores, número de reproducciones, etc.) son las que valoran nuestra forma de ser en internet. Pero nos hemos olvidado de algo muy sencillo: que la experiencia cualitativa que teníamos en internet nos servía para descubrir, aprender y vincularnos entre nosotros. Hay otra manera de aprender, informarse y disfrutar de forma más tranquila y profunda", asegura el responsable de Substack en España.

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Substack no se concibe propiamente como una red social, sino más bien como la evolución de los blogs de los años 2000. "Para mí es como recuperar el internet de antes, pero con una gestión de suscriptores y de cuotas mucho más sencilla y bien resuelta. Creo que los boletines tienen mucho futuro", explica el tecnólogo del ARA Albert Cuesta que, ahora que puede hacer vida en catalán, se lanzará a explotar las potencialidades de la plataforma, pondrá muro de pago y creará otras comunidades temáticas.

"Substack ahora mismo es mi base de operaciones, cumple muchas funciones y todas van a favor de mi voluntad de ganarme la vida como escritora –dice la cocinera y escritora Maria Nicolau, que tiene 4.700 suscriptores, todo un hito en catalán–. Es el espacio donde tengo interlocución directa con mi audiencia, donde soy dueña y señora de lo que digo, sin intermediarios. Trabajar en un gran medio, como TV3 o El País [donde colabora], te hace tener un gran alcance, pero tu voz está constreñida por un libro de estilo, un algoritmo, una línea editorial o por el marco mental de la persona que sigue aquel medio en concreto. En Substack tú defines tu línea editorial. Puedes permitirte asumir más riesgos, ser menos normativo, rascar los márgenes, cosa que me interesa. Además, tengo esta visión tradicional de pensar que la práctica lleva a la maestría. Cada día escribo y lo publico en crudo", explica Nicolau. Algunos de sus 700 artículos se han acabado convirtiendo en columnas, secciones o capítulos, y es un proceso que también regala a sus suscriptores. Con Substack los tiene al corriente de su agenda y sus reflexiones y puede monetizar el contenido para seguir "siendo una voz libre". "Para que alguien quiera pagar lo que costarían unas patatas y unas olivas en un bar, tienes que ofrecer algo que valga la pena", sentencia Nicolau.

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La galaxia catalana

No hacen falta grandes cifras de suscriptores en Substack para sacar tajada, pero no es nada sencillo llegar a tener suscriptores de pago y mantenerlos. De hecho, hasta ahora en catalán todavía es insólito; en castellano o inglés escriben desde Milena Busquets a Kilian Jornet, de Isabel Coixet a Leticia Sala. "Vas a l'Esclat a comprar, y nadie sabe qué es Substack", admite la cocinera Maria Nicolau. A menudo la comunidad se crea en otros medios y se arrastra hacia Substack, si bien la misma plataforma tiene un sistema de recomendaciones entre seguidores bastante útil. Los usuarios todavía se sienten como al principio de Twitter, en un ambiente cálido y acogedor. "O de Tumblr –corrige Nicolau–. Es un rollo muy íntimo. Aquí la gente se desnuda muy rápido y por ahora parece que no ha llegado el hate. Yo he descubierto muchas voces de otra generación que se me escapaban y es como ver el nacimiento de una nueva galaxia. Es muy estimulante. En otras redes, estas voces quedan disueltas entre el ruido de fondo", dice la escritora y cita Maria Rovira (Oye Sherman), Ofèlia Carbonell, Andrea Gumes."Creo que Substack tendrá el futuro de todas las redes sociales, que van repitiendo el mismo ciclo cada vez de manera más rápida: descubrimiento, creatividad-inocencia-felicidad, popularización, estandarización, entrada de publicidad, grandes corporaciones, extrema derecha y desencanto y abandono general", afirma Maria Rovira. Ahora todavía está en la etapa de idilio con la plataforma: "Me gusta que la gente que lo quiera me pueda recibir en sus bandejas de correo, para mí el plus del formato es este. También me sirve como dietario o libreta de ideas abierta al público", explica. Fue una vía de escape mientras escribía su primer libro, Garlanda, y le demostró que tenía gente interesada en lo que hacía.En el Substack catalán la comunidad literaria tiene predominancia, porque hace años que siguen las cuentas anglosajonas y porque la página en blanco es ideal para quien tiene vocación literaria. Hay escritores y periodistas como Anna Pazos, Mar Vallverdú, Rita Roig, Ada Klein y Maria Climent, y perfiles del sector como La Llama, La Calders, Marta Cava, Saldonar, Les Hores, Indòmita y Raig Verd. También hay políticos y opinadores, como Jordi Graupera o el Tro de Ponent. Profesionales del sector económico, Albert Campi y Teodor de Mas; personalidades del ámbito tecnológico como Genís Roca y Albert Cuesta; y gente de la cultura, desde Joan Pons escribiendo sobre Un disc per cada any de la teva vida al crítico audiovisual Toni de la Torre. También hay cuentas más específicas, como La Guingueta, que recoge oportunidades laborales y becas, o la menorquina Marina Ribas ofreciendo recetas e ideas. Los nuevos rankings que ha creado Substack no permiten discriminar por lengua o región, sino por tema y estado, pero es evidente que la mayoría de las cuentas en catalán todavía tienen muy pocos seguidores para ser rentables. Veremos si los creadores de contenido, con las nuevas potencialidades de la plataforma, encuentran su propia vía para ser influyentes en este mundo sin renunciar al catalán.