Aciertos y debilidades de la última voz que ha sacudido el panorama literario alemán
En 'Lázár', de Nelio Biedermann, la historia entra en casa de los personajes, condiciona sus relaciones y decide qué pueden ser y qué no
'Lázár'
- Nelio Biedermann
- Edicions 62 / Salamandra
- Traducción de Ignasi Pàmies
- 340 páginas / 22 euros
Nelio Biedermann (Zúrich, 2003) tenía veintiún años cuando terminó Lázár, una novela que retrata la caída de una familia aristocrática húngara mientras el siglo XX se transforma hasta hacer desaparecer las certezas del mundo que conoce. Todo comienza con Lajos von Lázár, un niño nacido en un castillo, con una piel transparente que deja entrever el interior del cuerpo. La imagen anuncia que, en esta familia, nada quedará mucho tiempo oculto. Paternidad, sexualidad, violencia y culpa circulan por las generaciones como una herencia no deseada. Biedermann construye una estirpe sometida a una doble erosión: la íntima, hecha de secretos y humillaciones, y la histórica, provocada por el derrumbe del Imperio, el nazismo, la guerra y el comunismo. Los cuerpos deformados o heridos se acaban convirtiendo en el territorio donde la historia deja marcas. Pero Lázár no es exactamente una novela histórica. Biedermann se interesa más por qué hace una época con los caracteres que por reconstruirla a nivel documental. El castillo, el bosque, los fantasmas y las deformidades tienen mucho peso: el pasado todavía ocupa las habitaciones. La historia entra en casa de los personajes, condiciona sus relaciones y decide qué pueden ser y qué no. El libro mezcla registros con una libertad poco habitual. El naturalismo familiar convive con lo grotesco, el melodrama con la ironía, la sexualidad explícita con el romanticismo decadente. Vuelve a la tradición europea de grandes sagas, familias en descomposición y pasiones. En él resuenan Thomas Mann y Joseph Roth, y el juego con los tópicos literarios. Muchos personajes son lectores: la literatura actúa como un guion sentimental, y los Lázár a menudo viven según las ideas que han aprendido de los libros.Cuestionar la aristocracia
Esta es la clave de algunos pasajes excesivos. Sexo, violencia y desgracias forman parte de una estética de la desmesura. Pero Biedermann no siempre gobierna la exuberancia. Hay saltos temporales bruscos, personajes que aparecen y desaparecen y una acumulación de desdichas que pesa más que conmueve. Tiene instantes de gran potencia, pero también tramos en los que la voluntad de hacer gran literatura se nota demasiado. Lo más estimulante de Lázár es su falta de miedo. Se atreve con una novela de familia, clase, decadencia y memoria cuando la narrativa contemporánea tiende a la fragmentación y a la experiencia individual. Su apuesta es hacer respirar una forma literaria antigua.Y esta forma le permite poner en cuestión una aristocracia que no cae solo porque la historia la derrota, sino porque ya arrastra sus propias grietas. Los Lázár viven rodeados de privilegios, pero también encarcelados dentro de un mundo que se deshace. La decadencia es también una manera de mirar, de amar y de relacionarse cuando los viejos códigos han dejado de servir.La culpa tiene un papel central. Los Lázár no solo son víctimas de un siglo brutal. Son herederos de un sistema social que los ha protegido y, a la vez, los ha incapacitado para entender el mundo que se derrumba. Con los totalitarismos, la cobardía, el silencio o la incapacidad de actuar adquieren un peso devastador. La traducción de Ignasi Pàmies permite descubrir en castellano una voz que ha sacudido el panorama literario alemán. Más allá de la edad del autor, Lázár muestra a un escritor que todavía aprende a dominar su ambición. No es una obra perfecta: tiene grietas y momentos de desconcierto. Pero hay una luz más valiosa: una imaginación capaz de convertir una saga familiar en un organismo extraño y herido. Nelio Biedermann todavía no sabe contenerse, y eso es, al mismo tiempo, su debilidad y su fuerza más salvaje.