Los 'boomers' sostendremos la socialdemocracia contra el fascismo
Joan Carreras publica una historia sobre la amistad madura y la resiliencia situada en el corazón de Badalona: 'Estaría muy bien'
BarcelonaHan pasado cinco años de la publicación de Torno a casa (Proa) y ha sido un tiempo de grandes cambios y revelaciones para Joan Carreras (Barcelona, 1962), después de una etapa personal caótica y triste, con dos rupturas traumáticas. "Por primera vez en la vida hice algo que no había hecho nunca: pedir ayuda", confiesa. La psicóloga le diagnosticó TDAH con altas capacidades, una afección que había controlado a lo largo de los años pero sufriendo las consecuencias, como comportamientos obsesivos y depresión. "El diagnóstico fue un shock brutal, pero, a medida que iba conociendo la sintomatología, todo iba encajando. Es como si siempre me hubiera estado dando golpes en la cara, en el cuerpo, en la rodilla y, de repente, alguien encendiera la luz de la habitación y yo pudiera ver que es que había un cajón abierto, o la puerta del armario, y por eso me hacía daño. Ojalá me hubieran diagnosticado a los 30, o a los 20 años; no solo por mí, sino por ellas, y por los periodistas con los que me he relacionado y me han encontrado un poco bicho", reflexiona.
Todo esto lo suelta de inmediato, de entrada, y con la honestidad que ha caracterizado a este autor y profesor universitario, que a lo largo de los años ha encajado éxitos —el premio Sant Jordi y el Ciutat de Barcelona, por ejemplo— y también ha hecho públicas algunas decepciones, cuando un libro no ha ido tan bien como esperaba. Y lo explica porque este proceso lo ha cambiado de cabo a rabo: "Me ha explicado los últimos años, pero también la infancia, la juventud, la madurez, y ha hecho que escriba de otra manera". La novela que acaba de publicar, Estaria muy bien (Proa, 2026), no habla de esta condición descubierta, pero sí que está empapada tanto de una "tristeza que se va quedando atrapada en las cosas, como lo hace el polvo", escribe, como también de unas ganas espléndidas de vivir. "Si te enganchas a la tristeza de un duelo, por una pérdida o una separación, se puede convertir en patológico. Yo he sido capaz de tener otra relación sin dejar de estar triste por la separación. Simplemente, es algo que te acompaña, pero no te hace tanto daño. Ahora puedo entender estas cosas mejor", afirma.
Un pequeño mundo en el centro de Badalona
Las protagonistas deEstaría muy bien son cuatro mujeres en la sesentena que han mantenido a lo largo de los años una amistad sólida y fluctuante, con una cotidianidad entrañable y secretos que aún quedan por descubrir. La separación de Mar y el inicio de una nueva relación —justamente con un escritor maduro— funciona como columna vertebral de la historia, donde aparecen exmaridos, hijas, nuevas amistades y viejas tradiciones como ir a las playas nudistas. "Los amigos son los que te han sabido perdonar las caídas. La amistad va más allá de la sintonía y la sincronía. Yo tengo amigos que tienen escaso interés por la lectura, pero somos amigos. Ahora me empieza a pasar que hay amigos con los cuales no quedo porque los temas de conversación son muy desagradables. Si me necesitan les daré una mano, pero no me sentaré a cenar para aguantar el argumentario de la extrema derecha", lamenta Carreras. El libro aborda temas de actualidad, pero no desde el debate ideológico sino desde la cotidianidad de la sobremesa de amigas.
El centro de Badalona funciona como un pequeño mundo donde los vecinos y las rutinas son las de toda la vida. "En la vida de las personas normales y corrientes, en la nuestra, también pasan cosas que pueden convertirse en literatura", asegura. Esto se refleja en una narración pausada y minuciosa, de lectura agradecida y orgánica. Carreras no esconde las ganas que tiene de conectar con el gran público. "Nunca he querido ser un autor minoritario, quiero ser popular. Escribo para conectar con la gente y para que se emocionen con mis libros", asegura. Es consciente de que las protagonistas, por género, edad y estatus, son el público habitual de los clubes de lectura. "No lo he hecho pensando en eso, pero sería la bomba si les gusta", reconoce. Asegura que escribe a ciegas, sin mapa, pero incluso sin brújula. "Me he encontrado muy cómodo, en este mundo femenino que me ha salido. Yo siempre he estado rodeado de mujeres. Yo digo, y alguien me mira raro, pero es una manera de decirlo, que yo me he sentido siempre un auténtico bisexual en todos los sentidos de la vida. Estoy cómodo en los roles diferentes y no me da vergüenza hacer gala de una especial sensibilidad o ternura", defiende.
Carreras dice que siente una efervescencia creativa y vital que la edad no ha matizado y que comparte con las cuatro amigas. En el libro aprovecha para criticar la asociación que a veces se hace entre boomer e idiota, una crítica que suelen lanzar los hijos de forma condescendiente. "Los boomers somos los que defenderemos las pensiones, la educación pública, la sanidad pública. Los boomers sostendremos la socialdemocracia contra el fascismo. Los boomers nos propusimos de muy jóvenes que el mundo sea mejor. Lo llevamos dentro. ¿Por qué no podemos estar orgullosos de nuestras contribuciones a la sociedad? Estamos a favor del estado del bienestar, de la justicia social y creemos que los impuestos son una buena idea para nivelar la desigualdad. Perdona que te suelte un mitin socialdemócrata puro, pero lo que hoy en día es socialdemócrata es como ser comunista hace veinte años", sentencia.