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"Si cojo a esta mujer y la mato es un homicidio"

Graziella Moreno, juez y autora de novela negra, conduce un taller sobre cómo es desde dentro un juicio con jurado popular

06/02/2026

BarcelonaEmpieza a anochecer. De la colmena de ventanas de las torres del Vall d'Hebron mana una luz blanca que contrasta con el cielo azul marino y convierte el barrio de Montbau en un escenario prototípico de cartel del festival BCNegra: pasavolantes en momentos de crisis, bares de esquina, colillas de cigarrillos forrando las aceras, callejuelas sombrías. Bajo la mirada vacía de un enfermo que observa el mundo desde su habitación, soy una hormiga camino de la Biblioteca Montbau – Albert Pérez Baró, especializada en novela negra. La juez, divulgadora y autora especializada en el género Graziella Moreno conducirá un taller para reproducir cómo funciona un juicio popular, un método que tiene poca tradición en nuestro país, poco más de una década. Primero, salvo al pie: pregunta al público si quiere que el acto sea en castellano o en catalán –la inercia de la biblioteca lleva al catalán: bala esquivada.

"Las películas han hecho mucho daño, no tienen nada que ver con la realidad, porque se retrata el sistema penal americano, que va al revés de nuestro –avisa Moreno–. Allí pueden detener al presidente de Venezuela y ponerle en prisión y luego mirar si hay un Estado que existe un culpable. Al aquí el sistema prefiere que un culpable. presunción de inocencia, y si eres hispano o negro lo tienes complicado", explica la funcionaria. Aquí sólo hay algunos delitos que pasan por un jurado popular, y el asesinato u homicidio es uno de ellos. "No es lo mismo, aunque los chicos de la prensa no lo distingan bien –eso lo repetirá en tres ocasiones, ehem, y sigue con el ejemplo–. Si cojo a esta señora y la mato sería un homicidio. El asesinato es una muerte con circunstancias, como ensañamiento, alevosía, planificación... ¿Y lleva apenas más graves?. la primera es la que te mata, no".

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El furor por Crímenes y las secciones de sucesos ha convertido a los catalanes en expertos en criminología, condenas, agravantes, atenuantes y autopsias, hasta el punto de que todo el mundo ya conoce el caso que hoy se expone: el asesinato de dos agentes de la Policía Nacional en prácticas en 2008 en Hospitalet. Silencio sepulcral cuando lee todo lo que sabríamos si fuéramos el jurado: los antecedentes del culpable, los hechos, las pruebas –parece un disco de los Surfing Sirles: pelo, huellas, semen, sangre–. Una cámara grabó cómo el hombre se coló en el blog. "Cuando entre en casa, compruebe que se cierre la puerta detrás de usted, no deje que se cierre sola", recomienda la juez.

El público, enganchado al caso, cose Moreno a preguntas. Se indignan porque el acusado no está obligado a decir la verdad, se cabrean porque dieron permiso penitenciario a un psicópata declarado que llevaba veinte años entrando y saliendo de la cárcel: "Si es una pieza, ¿por qué le sueltan?" Éste es uno de los temas de fondo: "Nosotros no tenemos ni pena de muerte, ni cadena perpetua. Las penas van orientadas a la reinserción. Pero hay personas irrecuperables por la sociedad –plantea Moreno–. ¿Qué hacemos con los grandes psicópatas?"

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El jurado puede deliberar durante dos días, aquí en la BCNegra ya llevamos casi dos horas. El veredicto supera los 100 años, pero lo máximo que puede cumplirse son 40 sin permisos: el hombre saldrá a los 75 años. Se respira cierta indignación. "El Código Penal es buenista", apunta una señora. "Discrepo –dicen desde el fondo de la sala–. Hacer más duro el Código Penal no es un freno, porque si tiene que caerte la pena de muerte da igual matar uno como cinco". La jueza está de acuerdo, y lo remata con una frase de aire kintsugi y novelesco: "La justicia intenta arreglar un jarrón roto, pero nunca podrá devolverte el jarrón tal y como era".