La escritora revelación que ha transformado la ausencia del marido en una vocación
Laura Autonell se ha colocado durante semanas entre los más vendidos con 'La librería de las horas muertas'
BarcelonaPoco se imaginaba Laura Autonell (Taradell, 1963) cuando empezó a escribir, convencida de que aquella vocación no saldría de su entorno más cercano, que se tendría que comer sus palabras. "Entonces pensaba: «¿Qué editorial me querrá, si no tengo carrera literaria y tengo la edad que tengo, 62 años?»", explica la escritora. El camino que ha seguido su segunda novela, La librería de las horas muertas (Columna), le ha roto todos los esquemas. El libro se publicó en mayo y rápidamente se colocó entre los 10 títulos de ficción más vendidos en Cataluña. Desde entonces, no ha salido. Columna la ha reeditado y ha puesto en circulación más de 5.000 ejemplares que se han movido en el mercado editorial, sobre todo, gracias al boca a boca.
"Con este libro nos ha pasado lo que todo editor sueña que le pase. Sin una campaña de promoción detrás, la novela ha tenido una buenísima acogida", explica la editora de Columna, Glòria Gasch. Ella recibió el manuscrito a través de la agencia literaria Pontas y le vio potencial. "Decidimos publicarla en mayo para que no quedara enterrada por la avalancha de novedades de Sant Jordi. Es una auténtica maravilla ver cómo Laura ha entrado por la puerta grande en la literatura catalana. Ella escribe por vocación, no viene del mundo editorial y no tiene trayectoria. Todo ello confirma la aparición de una nueva voz dentro de la narrativa catalana, de una autora revelación", subraya Gasch.
La librería de las horas muertas se inscribe dentro del realismo y es una historia de reconstrucción personal después de una tragedia. La protagonista, Etna, ve cómo los privilegios y el lujo que la han acompañado toda la vida desaparecen de un día para otro, cuando el padre muere y, al abrir el testamento, se da cuenta de que la ha desheredado. Lo que arranca como un episodio dramático se transforma en una búsqueda de sus orígenes y en un cambio de vida radical: Etna se trasladará al Raval y allí abrirá una librería, siguiendo la estela del sueño de su madre. "Mi protagonista tenía que caer desde muy arriba hasta muy abajo. En Barcelona, el contraste entre la parte alta, acomodada, y el Raval puede ser monumental. Por eso decidí situar la historia justamente aquí, en la calle de Elisabets", explica Autonell desde la librería La Central del Raval, que le sirvió de inspiración.
El secreto de por qué el libro funciona como lo está haciendo responde a un cúmulo de factores. Precisamente, el hecho de situar la historia en una librería es uno de ellos. "Se ha publicado en un momento idóneo, coincidiendo con la campaña de las librerías para reivindicarse como espacio cultural —destaca Gasch—. La novela no deja de ser un grandísimo homenaje a las librerías. Entronca con la idea de valorar el libro como objeto y con el poder transformador de la lectura, que aparece como una manera de comprender el pasado, de reconstruir la identidad y de abrirse a las nuevas oportunidades". La editora también señala que las novelas con una librería en la cubierta acostumbran a llamar la atención. "Si haces que, además, la historia sea de casa, todo encaja", dice Gasch.
El contacto con la escritura
Durante 46 años, la trayectoria profesional de Laura Autonell no ha tenido nada que ver con la literatura. La escritora regenta desde hace décadas una tienda de artículos de deporte en Taradell —que dejará los próximos meses, porque tiene previsto prejubilarse—. Hace seis años, sin embargo, sufrió una ausencia inesperada que la volcó a escribir: su marido murió de cáncer en plena pandemia. Poco después Autonell autopublicó su primera novela, Un pellizco de sal (2021), y empezó a trabajar en La librería de las horas muertas. "Si él estuviera vivo, quizás no escribiría, pero la vida me ha llevado hacia aquí. Siento que las horas que estaría con él, ahora estoy con la escritura", señala la autora.
Después de aquella primera novela, Autonell sentía que "necesitaba formación", así que se apuntó a la Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès, donde tuvo como profesores a los escritores Albert Jubany y Melcior Comes. Las clases también la acercaron al Raval, un barrio "malauradament degradat, pero amb gent bona que vol tirar-lo endavant", dice la escritora. Uno de los personajes de la novela, un indigente llamado Santiago, lo descubrió a través de Google Street View: "Me puse en la calle Elisabets, delante de La Central, y vi que había retratado un hombre muy similar a mi personaje. Verlo fue un shock, una señal de que debía ser importante en la novela", explica Autonell.
Con autores de cabecera como Maggie O'Farrell, Jaume Cabré y Nora Ephron, la escritora seguirá haciendo crecer su camino literario con diversos proyectos que ya tiene entre manos: quiere reescribir Un pellizco de sal, ha terminado una novela negra ambientada en un molino harinero de Taradell y también trabaja en otra historia. Todo ello, alimentado por la acogida de los lectores de La librería de las horas muertas. "La gente me escribe y me dice que no ha podido parar de leerla. Eso me llena muchísimo —afirma la escritora—. Vivirlo es fabuloso, un sueño".