Literatura

Sandra Bruna: "Hay una diferencia de grado entre ser autor y escritor"

Agente literaria

Sandra Bruna celebra el 25 aniversario de su agencia literaria
13/09/2026 - 19:01 h.
6 min

BarcelonaSandra Bruna (Barcelona, 1973) tomó la decisión de sacar adelante su propia agencia literaria cuando solo tenía 28 años, aunque ya acumulaba una década de experiencia en el sector. Un cuarto de siglo después, la agencia representa a un centenar de autores –entre los cuales están Maria Barbal, Francesc Miralles, Alejandro Palomas y Care Santos– y cuenta con una decena de trabajadores. Lo primero que se ve cuando se accede a la oficina situada en la calle Córcega del Ensanche barcelonés es una gran ventana desde la cual despuntan las torres, ya en una fase avanzada de construcción, de la Sagrada Familia. La imagen es una buena metáfora de la propia agencia catalana, que a pesar de ser una de las más importantes todavía tiene la ambición de desplegarse un poco más.

Cuando, en 2001, abriste tu propia agencia literaria ya conocías muy bien el oficio. Si no lo he entendido mal, tus primeros pasos fueron con Mercedes Casanovas.

— Mi madre trabajaba de contable en la agencia de Mercedes y le comentó que yo estaba a punto de empezar a estudiar filología. El verano antes de empezar la carrera lo pasé en la agencia, haciendo paquetes. Desde aquella posición inicial fui descubriendo el oficio y el sector. Es muy importante haber podido conocer todos los trabajos de una empresa, si algún día quieres llegar a dirigir una, como acabó siendo mi caso.

¿Cómo es que estudiaste filología?

— Comencé con filología catalana, pero después pasé a hispánica. Desde pequeña me había gustado mucho leer y escribir. Recuerdo las novelas deEnid Blyton, la saga de Puck... y más adelante, Aloma, de Rodoreda, y Luces de bohemia, de Valle Inclán. Mi padre, que era comercial, era un gran lector y nos recomendaba que leyéramos. Tanto a mi hermana Berta como a mí nos encantaba. Toda la familia hemos acabado vinculados a la agencia: mi madre nos ayudó en temas de contabilidad, que ahora lleva mi hermano; mi padre fue durante una temporada el encargado de hacer la selección de manuscritos, y Berta, después de haber trabajado en Random House, Mondadori, Planeta y Grup 62 –donde acabó dirigiendo Columna–, también vino a la agencia.

¿Recuerdas tu primer viaje a la Feria de Frankfurt?

— Sí. Fui muy pronto, en 1993. No lo olvidaré nunca. Pasó algo terrible, mientras volaba hacia mi primera Feria de Fráncfort.

¿Cuál?

— Mi abuelo murió. Aunque mi madre habría preferido que no lo supiera hasta que volviera a Barcelona, a Mercedes se le escapó mientras estábamos allí. Recuerdo que estaba alojada en una casa privada y que cuando los propietarios me veían llorar me decían que llamara a la familia.

Debía ser un momento difícil.

— Fue un momento difícil y de muchos nervios, pero también era consciente de que tenía que hacer mi trabajo. Más adelante, cuando ya tenía mi propia agencia, fui madre, y ir a la feria también se complicó. Mi hijo se me ponía a 39 °C de fiebre cada vez que tenía que ir. Era horrible. Yo dudaba entre irme o no, y mi marido me decía que no me quedara aquí, que el niño estaría bien enseguida.

Ahora el hijo ya debe ser mayor y debes poder marcharte tranquila.

— Ahora es diferente, sí. A veces, cuando mi hijo me preguntaba por qué no tenía un hermano yo le decía que sí que tenía uno: la agencia.

¿Tan fuerte es el vínculo con la agencia?

— Requiere una gran dedicación. Si no te apasiona este trabajo más vale que no te pongas, porque tarde o temprano lo acabarás dejando.

¿Cómo es que decidiste dar el paso de dejar la agencia de Mercedes Casanovas con solo 28 años?

— No sé si en el mundo de ahora me habría atrevido, pero en aquellos momentos había recibido muchas ofertas para hacer de editora, tanto en Planeta como en editoriales más pequeñas, y Mercedes me había ido dando cada vez más libertad dentro de la agencia. Cuando me fui, llevaba autores como Eduard Estivill, Care Santos e Robert Saladrigas y también me ocupaba de la parte de catálogos extranjeros.

¿Los inicios fueron difíciles?

— Fue más fácil de lo que me imaginaba, porque muchos de los autores que llevaba en la agencia de Mercedes vinieron conmigo. Y no tardaron en llegar Coia Valls, Héctor García y Sònia Fernández-Vidal.

¿Cómo te distinguiste de lo que hacían otras agencias en aquellos momentos?

— Como muchos autores catalanes entonces no tenían agente, aposté por ello. También me pareció que la literatura infantil y juvenil tenía recorrido. De inmediato me interesó la no ficción, que en aquellos momentos se consideraba de segunda fila. En 2002 ya teníamos un autor muy importante para nosotros: Francesc Miralles. La novela Amor en minúscula [Ediciones B, 2006] se tradujo a casi treinta lenguas. Más adelante, del libro de no ficción Ikigai [Urano, 2016] ha vendido más de cinco millones de ejemplares y se ha traducido a más de setenta lenguas.

Uno de los autores que te ayudó a crecer fue Ildefonso Falcones. Desde la agencia conseguisteis que La catedral del mar –traducida más adelante al catalán como L'església del mar– se publicara en Grijalbo, y se convirtió enseguida en un fenómeno de ventas.

— Se lo dimos a leer a Francesc [Miralles] y dijo que era la versión catalana de 'Los pilares de la tierra, de Ken Follett. Fue así como la vendimos a la editorial. Se convirtió en un éxito tan bestia que no podíamos preverlo. La catedral del mar también nos dio una gran visibilidad internacional. Falcones era una voz nueva. Si no se quedó más tiempo con nosotros fue porque es un autor con mucho carácter.

Desde tu agencia representas actualmente a 170 autores. ¿En estos 25 años habéis pasado por algún momento difícil?

— El año de la pandemia, la agencia se tuvo que hacer pequeña. Hacía un par o tres de años que no teníamos muchas cosas que brillaran y el confinamiento lo acabó de hacer todo un poco más difícil. Nos quedamos en cinco personas. Desde entonces hemos podido ir creciendo y ahora somos diez, además del equipo que lleva Bruna Talent, que ofrece servicios a aquellos autores que nos envían los manuscritos y necesitan un coach editorial para que su libro llegue a tener la forma óptima. Una autora que representamos, M.J. Bausá, coordina un equipo de 35 técnicos autónomos.

La sensación es que cada vez más gente escribe y quiere publicar libros.

— Hay muchos autores, eso es verdad, pero hay una diferencia de grado entre ser autor y escritor. En el mercado hay un gran nivel de exigencia y al mismo tiempo tenemos la sensación de que se publica todo. Ahora veo que hay pocas editoriales que apuesten por libros muy bien escritos pero que no se puedan etiquetar fácilmente.

Una de las etiquetas que ha vendido más últimamente es el romantasy, ¿verdad?

— Ahora vemos que empieza a desgastarse un poco, pero sigue siendo un fenómeno. En la agencia llevamos el catálogo extranjero de Rebecca Yarros, autora de la saga Empíreo, y el volumen de traducciones y de derechos de autor anual es muy grande. Es una suerte tenerla, pero también es un trabajo exigente.

Dime algún otro superventas extranjero que representéis.

— Taylor Jenkins Reid, autora de Los siete maridos de Evelyn Hugo, y Rick Riordan, que escribe fantasía para jóvenes, con series como Percy Jackson y los dioses del Olimpo.

Después de 35 años dedicándote al oficio de agente, 25 de los cuales desde tu propia empresa, ¿qué te sigue sorprendiendo?

— Es un oficio en el que cada día te encuentras con retos diferentes. Si lo quieres hacer bien, debes haber leído mucho, debes saber poner sobre la mesa estrategias de negociación, saber idiomas, estar siempre preparada para viajar y para hacer networking. Uno de los aspectos más importantes es aprender a tener mucha psicología para poner límites y barreras. Los autores no son amigos, porque son tus clientes, pero a veces se hace muy difícil no romper esta ley.

¿El trato con los editores requiere también habilidades psicológicas?

— Sí, claro. Siempre se comenta que para tratar con los autores hace falta mucho tacto, pero con los editores, también. Hay momentos muy delicados, como cuando tienes que decir que no a un editor que quería mucho un libro. Has de saber elegir la manera de hacerlo y también la ocasión más adecuada.

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