Puntos de claridad

Caterina, Doris y la valentía

La escritora Caterina Albert.
14/09/2026 - 07:01 h.
Escritora
2 min

BarcelonaEn el año 2007 el premio Nobel de literatura celebró la larga, prestigiosa y comprometida carrera literaria de Doris Lessing, que recibió la noticia con la calma de sus 88 años, justo cuando llegaba a su casa cargada con la compra.

Han pasado casi veinte años desde entonces y hemos recibido con alegría la última traducción de una obra suya al castellano. Se trata de la novela El quinto hijo (1988) y está publicada por Edicions 62, con traducción de Marta Pera Cucurell.

Lessing no me ha decepcionado nunca, y esta vez tampoco. En cada obra reencuentras su calidad como escritora y su firme voluntad de transgredir, de hacernos pensar y debatir, de poner en cuestión aquello que parecía intocable. Ya lo había demostrado muchas veces, por ejemplo con la novela Las abuelas, sobre dos mujeres mayores que, en unas vacaciones, acaban siendo amantes cada una del hijo de la otra.

En El quinto hijo, Lessing (que explicó con mucha claridad las contradicciones que la maternidad le generó personalmente) entra de lleno en una cuestión que era tabú cuando escribió la novela y todavía lo es ahora mismo: hay madres que pueden sentir aversión por sus hijos.

Harriet y David son una pareja enamorada que tienen el deseo común de crear una gran familia. Tienen cuatro hijos y a pesar de los problemas económicos son felices. Pero entonces Harriet se queda embarazada del quinto y la cosa cambia. La mujer sabe desde el primer momento que aquella criatura es diferente. Tras un embarazo terrible nace un niño, Ben, que no es un bebé bonito y tiene un comportamiento desconcertante, y en cuanto crece un poco, con un componente agresivo. La llegada del pequeño Ben destruirá la felicidad familiar y la madre se debate entre el rechazo que siente por esta criatura y el instinto maternal que le empuja a protegerlo.

Lessing siempre intenta ir más allá y pisar líneas disuasorias. La novela fue y es revolucionaria. Y la valentía de la autora me ha hecho pensar en la joven Caterina Albert que, casi cien años antes que Lessing, se presentó a los Juegos Florales de Olot con el monólogo titulado La infanticida, sobre una mujer enviada al psiquiátrico después de haber matado a su bebé. El escándalo que hubo se debió tanto al tema del monólogo como al hecho de que lo hubiera escrito una mujer. Ya sabemos cómo acabó la historia.

Nuestra Víctor no fue premio Nobel de literatura, pero se merece que su obra y su valentía sean recordadas todavía hoy y cada día más. Y, como ya sabemos, si no lo hacemos desde Cataluña, nadie más lo hará.

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