Literatura

La cara más íntima de la enigmática Víctor Català

'Cartas a las amigas' reúne seis décadas de correspondencia de la autora de 'Solitud' con autoras como Mercè Rodoreda, Carme Karr, Maria Teresa Vernet, Clementina Arderiu y Concha Espina

Víctor Català, en el jardín de su casa, en los años 50
09/01/2026
6 min

Barcelona"¡Qué gracia y qué frescura, qué naturalidad, la de sus cuentos!", escribía en 1958, en Mercè Rodoreda, una casi nonagenaria Víctor Catalán, seudónimo con el que firmó todos los libros Caterina Albert (l'Escala, 1869-1966). La autora de Soledad había quedado impresionada por Veintidós cuentos, que Rodoreda había publicado tras un paréntesis editorial de dos décadas. "Demasiado a menudo algunos que dicen escribir en catalán usan un léxico y una construcción tan de fantasía que, cuando me topo con un lenguaje de cayendo tan natural y castizo como el usado por usted, parece que haga fiesta mayor –insiste–. ¡Qué gracia y qué frescura, la de sus cuentos!", decía.

Esta es la única misiva de Català en Rodoreda que encontramos en Cartas a las amigas. 1905-1965 (Pagès, 2025), que reúne seis décadas de correspondencia de una autora "de cuya vida privada sabemos relativamente poco", recuerda la crítica literaria y escritora M. Àngels Cabré, editora del volumen y autora del prólogo que la encabeza. Cabré define a Catalán con estas palabras: "Soltera, propietaria rural, primera mujer que entró en la Academia de las Buenas Letras, autora genial que pasaba por una mujer burguesa dedicada a sus quehaceres, que, de vez en cuando, escribía como quien hace media, sin aspavientos, pero escribía textos geniales".

Desmontar la fama de solitaria de Català

Una de las "falsas imágenes" que Cartas a las amigas contribuye a "desmontar" es "la fama de solitaria" de la escritora: lo permite constatar la relación por carta de Català con las más de cuarenta corresponsales del volumen. El segundo objetivo del libro, continúa Cabré, es el siguiente: "Teniendo en cuenta que se trata de un epistolario exclusivamente femenino, quiere mostrar cómo las mujeres han tenido la capacidad de tejer redes de apoyo, también en el caso de la escritora de L'Escala, la gran dama de las letras catalanas".

Aunque rehuyera "un poco la vida social, no es menos cierto que ni eludía las obligaciones propias de su condición de escritora ni los ratos compartidos con las amistades, de las que gozaba de lo lindo". En la carta que inaugura el volumen –enviada el 29 de agosto de 1905, el mismo año que culminó Soledad, una de las cimas de la novela catalana del siglo XX– a la escritora y periodista Carme Karr (Barcelona, ​​1865-1943), Català admite que está atravesando una temporada en la que le es imposible "coger la pluma" y detalla los motivos: "En verano, la pequeña colonia forastera que se reúne en esta vileta va muy junta y, como se compone en buena parte de amigos, tenemos que cumplir con ellos más; temporada en casa misma ya estos debemos las horas de libertad que los demás nos dejan; y de tal modo y con tanto gusto se las consagramos, que desde que estoy aquí no me ha quedado casi más tiempo para contestar volando una que otra letra".

Nacida en 1869 en una familia acomodada de terratenientes de L'Escala, Caterina Albert empezó a cultivar sus inquietudes artísticas en el desván de la casa solariega, situada en el número 37 de la calle Enric Serra. "Ella misma se consideraba una "mujer casera por habitud y por temperamento", como dijo al comienzo de su discurso Civismo y civilidad, pronunciado con motivo de los Juegos Florales de 1917 que le tocó presidir", explica Cabré. Uno de los hallazgos recientes en relación con los primeros años de vida de la escritora fueron los diecisiete textos que configuran Fósiles, un centenar de páginas que encabezan la nueva edición de Mosaico (Club Editor, 2021), a cargo de Agnès Prats y Blanca Llum Vidal: Català evoca la infancia y algunos recuerdos familiares, a veces nostálgicos e idílicos, en otros casos con un punto trastornador.

"Colar un gol" en la censura

Publicado por primera vez en 1946 por parte de la Librería Dalmau, Mosaico fue "el primer libro aparecido en catalán después del gran corte de la guerra", precisa la editora Maria Bohigas. El volumen "coló un gol a la censura franquista", presentándose como una recopilación de "impresiones literarias sobre temas domésticos". Tras la descripción de los animales que Víctor Català quería, de la casa donde vivía y de algunos familiares hay capítulos como Las pinturas rupestres, donde la autora explica las consecuencias del dibujo que tachó de pequeña en la pared del comedor de casa: el padre, que era "instintivo" y "cuando se desataba no tenía freno" le pega "de verdad", y también reciben a las criadas y la abuela.

Cuando dio a conocer Mosaico, Víctor Català tenía 77 años y aún no había cerrado su obra literaria: quedaban por publicar las recopilaciones de relatos Vida molida (Selecta, 1950) y Jubileo (Selecta, 1951). La difícil reanudación editorial de los 40 queda reflejada en Cartas a las amigas a través de mensajes a amistades íntimas como Roser Matheu, Teresa Bartomeu Tissy y Rosa Guillot, pero también a escritoras como María Luz Morales (A Coruña, 1890 - Barcelona, ​​1980) y Concha Espina (Santander, 1869 - Madrid, 1955) ya actrices como Lola Membrives (Buenos Aires, 1888-1969). Poco antes de publicar Mosaico, Català había debutado en castellano con un libro de relatos, Retablo (Ediciones Mediterráneas, 1944), y Concha Espina dedicó un artículo elogioso, al que la escritora respondió con estas palabras de agradecimiento: "Ha sido usted conmigo de una generosidad sin límites, de modo que, leyendo una y otra vez las magníficas cosas que me dice en público, creo que somos llana, ha creado un bello ente de ficción por el gusto de aplicarle las delicadezas de su pluma mágica".

Carta de Víctor Catalán a Mercè Rodoreda.
Carta de Víctor Catalán a Mercè Rodoreda (2).

Catalán, "pionera revolucionaria"

Entre la Víctor Català que escribe a Carme Karr en 1905 y la que se comunica con Concha Espina en 1945 está contenida gran parte de la trayectoria literaria de la autora ampurdanesa. Lo ha estudiado a fondo, durante las últimas dos décadas, Irene Muñoz Pairet, que ha editado los dos volúmenes delEpistolario, publicados en 2005 y 2009 en una coedición entre el Ayuntamiento de L'Escala y Curbet –donde hay interesantes cartas entre la autora y Lluís Via, director de la revista Juventud, y con el editor y escritor Francesc Matheu– y ha reunido sus escritos dispersos y conferencias en Mirando atrás (Diputación de Girona, 2022).

También Margarida Casacuberta, autora del ensayo Víctor Català, la escritora enmascarada (L'Avenç, 2019), donde la define como una "pionera revolucionaria" de la literatura catalana. "Intentaron cortarla por todos lados, pero continuó escribiendo y se mantuvo fiel a sí misma con esa máscara que no se sacaba", asegura Casacuberta, que en el libro reconstruye, entre otros momentos delicados, el toma y daca entre Català y el poeta Joan Maragall (Barcelona, ​​1860-1911) a lo largo de los años. Todo comienza cuando "Maragall hace una crítica de los Dramas rurales (1902) en Diario de Barcelona y le reprocha que ofrezca una visión tremendista y sesgada de la realidad, porque él parte de la base de que existe una armonía cósmica, pero en realidad se contraponen las dos visiones del poeta: el poeta águila, que ve la totalidad, y el poeta mar, que sacude las almas".

Víctor Català "tenía muy clara su perspectiva estética de querer mostrar la esquina oscura", continúa Casacuberta. Y añade: "Aspira a construir el macrocosmos y mostrar los bichitos del señor situados en medio de una inmensidad que se caracteriza por la violencia. Cartas a las amigas el lector encontrará una voz mucho más amable que la de sus narraciones y novelas. En 1920, elogia la labor de la pedagoga Maria Montessori (Chiaravalle, 1870 - Noordwijk, 1952); siete años más tarde, confiesa su admiración por las "extraordinarias facultades" de una joven Maria Teresa Vernet (Barcelona, ​​1907-1974), que acababa de publicar su segunda novela, Amor silenciosa (1927); también en 1927 alaba Clementina Arderiu (Barcelona, ​​1889-1976), asegurando que, "en nuestro parnaso [...] representa la gracia, ese don alado que totaliza la inspiración y hace doblemente poético el hechizo de los versos".

Una de las cartas más extensas y sorprendentes del volumen es la que envía a la amiga y admiradora Antònia Bartomeu, donde le recomienda leer un autor noruego coetáneo que le ha impresionado, Knut Hamsun (Lom, 1859 - Grimstad, 1952): "Salvant todas las proporciones soy de él: la visión de los hombres y las cosas las canta de modo parecido [...] y siento más concordancias con este hombre de otras latitudes que con todos los franceses habidos y por haber, dentro de sus facecias y remiramentos conceptuosos: uno mira sin preocuparse de que le miren, los demás se preocupan de que los miren.

'Solitud' motiva un ensayo deslumbrante de Elvira Prado-Fabregat

La predilección de Víctor Català por la oscuridad fue el impulso primigenio del proyecto artístico transversal Más lugar para la oscuridad , de Elvira Prado-Fabregat (Barcelona, ​​1978), que ha dado lugar a una propuesta escénica, una exposición, un disco y, finalmente , un ensayo poderoso, singular y cargado de La artista, activista cultural y colaboradora del ARA condensa años de investigación académica para estudiar "la Naturaleza como personaje en Solitud y en Cumbres borrascosas ", escritas por Víctor Català y Emily Brontë, respectivamente.

Este ejercicio de ecocrítica tiene como hilo conductor la montaña que preside la villa de Murons, pero cada parte del ensayo se relaciona "con uno de los dos personajes de Solitud que acompañan a Mila en su viaje iniciático: el pastor y el Alma". El pastor representa "la relación entre la historia natural y la cultural", y sirve a Prado-Fabregat para relacionar la novela con un cuento como La Caperucita Roja y con las perspectivas de JRR Tolkien y Ursula K. Le Guin, "dos fantasistas que, además de disfrutar del reconocimiento de la crítica, forman parte de la cultura pop".

La segunda parte del ensayo se adentra en la figura del Alma, "que simboliza el mal, tanto en relación a la naturaleza no humana como a la humana". La autora recuerda que ha sido durante los años de trabajo en este proyecto que se ha ido consolidando "una nueva rama de la ecocrítica que se ocupa exclusivamente de estudiar la naturaleza oscura ". El enfoque ecogótico, que se explora tanto en el caso de la novela de Víctor Català como en el caso de la de Emily Brontë, coincide "con un momento en que el imaginario colectivo de la naturaleza se ha llenado de ecos apocalípticos", en buena parte debido a la crisis ecológica. "Si la naturaleza es uno de los pilares fundamentales de la primera novela de Català, la imaginación es otra –escribe Prado-Fabregat–. La naturaleza tiene una potencia imaginativa incontestable; explora todos los tipos de senderos posibles. Tiende no sólo a la evolución (a la complejidad ya la adaptabilidad incrementales), sino a la especificidad, sino a la adaptabilidad incrementales, sino. tecnología, a consecuencia de su conducta maquinal, impone dinámicas homogeneizadoras y, paradójicamente, a menudo también introduce distorsión)”.

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