Franco, el mediocre (según Josep Fontana)

Ahora que con Vox el alma franquista española ha reavivado y se ha descarado, vale la pena explicar exactamente qué fue la dictadura. Digámoslo sin tapujos: fue una salvajada y un puto desastre. La mediocridad en el poder durante cuarenta años. Qué mejor que una voz de autoridad como la del historiador Josep Fontana (1931-2018) para hacer un repaso sumario. Su mirada es tan informada como implacable. En El franquismo, Joaquim Albareda y Jaume Claret han reunido para la editorial Eumo una elección demoledora de los textos de Fontana sobre el período. No fue su principal tema de estudio, pero sí una obsesión, un autoimpuesto deber profesional, de memoria y cívico-político.

De entrada, unos apuntes biográficos. Empezando por una familia en la que "todos los hermanos compartían el odio hacia el padre", que abandonó mujer e hijos para instalarse en Madrid con otra. De mayor, "manifestó a menudo el desprecio por su hijo todopoderoso". Cuando en 1942 cayó gravemente enfermo, Franco ni fue a verle. Y qué decir del matrimonio con Carmen Polo, la Collares? Fontana repasa las dudas razonables del embarazo. Nadie la vio jamás preñada. Y las fechas no cuadran. "Estas dudas ligan con la carencia total de referencias sexuales" en los escritos de Franco. Dejémoslo aquí. Miseries ocultas. Vamos a la miserable cosa militar y política.

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¿Cómo progresó aquel oficial oscuro al que los compañeros de academia llamaban Francisquito –hacía 1,64 de estatura–? Pues con la legión en Marruecos, donde la norma era la brutalidad y crueldad. El general Batet, en su informe confidencial sobre el desastre de Annual de 1921, hablaba de una tropa que tiraba "a base de morfina, cocaína o alcohol", y se explayaba con Franco: "El comandante Franco del Tercio, tan traicionado y quitado por su valor, tiene poco de militar, no siente satisfacción de estar con sus soldados, pues se pasó cuatro meses en la plaza para curarse enfermedad voluntaria, que muy bien pudiera haberlo hecho en el campo, explotando vergonzosa y descaradamente una enfermedad que no le impedía estar todo el día en baras y círculo. Con el golpe de estado de 1936, Batet, leal a la República, fue capturado en Burgos y condenado a muerte. Franco se negó a indultarle.

El Caudillo, ¿qué ideología tenía? "No hay nada de fascismo en él. No se sabe que nunca haya leído Mussolini ni Hitler, ni nunca incluyó nada similar en referencias doctrinales. Detrás de su visión de la historia de España están las mismas ideas comunes al integrismo españolista, a raíz de la pérdida de las colonias de 1898. y una expansión imperial con tres puntos: recuperación de Gibraltar, anexión de Portugal y, sobre todo, compensación del imperio perdido en América con un nuevo imperio africano que debe abrazar Marruecos y Oranesato”.

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El auténtico programa político franquista era deshacer "el reformismo republicano" democrático, que estaba lejos de las veleidades revolucionarias que se le atribuían. ¿El método? La violencia –en eso sí imita a la modernidad fascista–, que, según Fontana, no fue "un accidente de la toma de poder, sino una medida política estable". Y el apoyo de una Iglesia ultra que controlaba la educación y la moralidad, bastión de un régimen nacionalcatólico. El Congreso Eucarístico de 1952 en Barcelona, ​​conocido como la Olimpiada de la Hostia, dio legitimidad internacional al franquismo.

Fontana también desmonta el mito de la supuestamente hábil relación con Hitler. "Franco no fue neutral" durante la Segunda Guerra Mundial y no fue "ni astuto ni prudente". "Era lo suficientemente estúpido para estar ciegamente convencido de que los alemanes debían ganar la guerra". El Generalísimo sí quería entrar en combate con los nazis, y si, más allá de la testimonial Legión Cóndor, no lo hizo, "fue porque Hitler no consideró que valiera la pena". Sobrevivió a la derrota nazi "a cambio de condenar al país al aislamiento y dejarlo al margen de las ayudas dadas a los países de Europa occidental" (plan Marshall). Es decir, mantenerse en el poder a expensas de la miseria general de los españoles.

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Y a base de represión y revancha: Fontana cifra los ejecutados por el franquismo entre 1936 y 1944 en un tenedor que va de 150.000 a 300.000 personas. Una barbaridad. Pinochet y Videla en Chile y Argentina se quedan muy cortos. Claro, Queipo de Llano había propuesto hacer desaparecer del diccionario las palabras "perdón" y "amnistía". Una tétrica sombra que todavía resuena en la actualidad, ¿verdad? Y después, las cárceles inhumanas y los trabajos forzados, no sólo para construir el Valle de las Caídos: "En las cárceles se fabricaban maletas, muebles, juguetes, aparatos de radio, etc. Hasta fechas muy avanzadas, El Corte Inglés vendía confecciones hechas en las cárceles de mujeres, dirigidas y administradas por monjas cruzadas".

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¿Quién más se enriqueció? Cataluña, Barcelona. Sobre el alcalde Porcioles, quien el maragallismo quiso rehabilitar, Fontana apunta que su notaría concentró los negocios inmobiliarios de la capital, "a los que sumaría su participación como miembro de los consejos de administración del Banco Condal, Fiicao más, la papelera Inpcasa de Balaguer (posible responsable de los incendios de los bosques de Lleida)". "Cuando se tuvo que retirar de la política municipal, el exalcalde era uno de los diez hombres más ricos de España". Ni su figura ni su programa de las tres C (Carta municipal, Castillo de Montjuïc y Compilación del derecho catalán: habría que añadir- de Madrid como un problema, "el problema catalán". Tampoco en eso ha variado mucho la perspectiva.

Otro que se hizo de oro fue el aragonés emigrado a Terrassa Demetrio Carceller, pionero e iniciador de la corrupción a gran escala como ministro de Comercio e Industria (1940-45). el aislamiento del régimen, sino una actuación deliberada y profundamente equivocada". De 1940 a 1951, la inflación creció a un ritmo del 14% anual. Mandaba la economía negra (el estraperlo). Solo se exportaban naranjas y el INI cultivó desastre tras equipar a El 3 de 1950. o Finlandia. Hasta 1959, con los tecnócratas del Opus, no se empezó a remontar con el turismo, las divisas de los inmigrantes y la entrada de capital extranjero.

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Todo esto fue el franquismo, según Fontana. Todo esto es lo que blanquea Vox.