Literatura

Hoy se acaba el mundo y me estoy comiendo unas aceitunas

Etgar Keret se mueve cómodamente entre géneros y entre mundos en su nuevo libro de relatos, como si hubiera tenido la oportunidad de viajar por el multiverso y regresara con un zurrón lleno de historias de humor negro

Etgar Keret
08/06/2026
3 min
  • Etgar KeretLa Segunda Periferia / SiruelaTraducción de Paul Sánchez Keighley192 páginas / 18,95 euros

Ninguno de los más de treinta cuentos reunidos en este volumen supera las cinco páginas y algunos solo tienen una y media. Porque Etgar Keret, uno de los grandes autores israelíes, multicitado y publicado en cabeceras como el New Yorker o Le Monde, le basta la distancia cortísima para dejarnos riendo en la oscuridad más absoluta. A fuerza de dibujar, con pocos trazos, un mundo alternativo, una simulación de marido hecha con IA, unos robots desobedientes o un par de jóvenes haciendo buenas obras en plena subida de MDMA, toca temas serios o directamente metafísicos con la aparente ligereza de un koan, colocándole una semilla que contiene la potencia de un relato ejemplar. La rapidez con la que resuelve situaciones límite con las herramientas de la comedia y la ficción realista, combinadas con cierta anticipación futurista convierten estos cuentos en algo que se parece a la ciencia ficción, pero que tampoco lo acaba de ser, porque el futuro que describe está demasiado cerca de nosotros. Keret se mueve cómodamente entre géneros y entre mundos, como si hubiera tenido la oportunidad de viajar por el multiverso y volviera con un zurrón lleno de historias de humor negro, el arma de los pesimistas inteligentes.

Uno de los temas que atraviesan los cuentos es cómo la tecnología afecta a las relaciones humanas: ¿cómo le diremos al robot que nos ayudará en la cocina que hoy hemos tenido un mal día y que necesitamos ver una serie de mierda? ¿Cómo seguirán engañándose las parejas cuando solo sean hologramas? La manera típicamente keretiana de responder estas preguntas es hacer que los personajes actúen de forma terrenal, casi carnal: la comida y el sexo (a veces el amor) suelen ser las soluciones para casi todo: “Hoy se acaba el mundo y me estoy comiendo unas aceitunas”.

Además de cuentos que funcionan con palos de selfie, citas en Tinder o reuniones por Teams y que protagonizan parejas en diferentes fases de crisis, familias o solitarios que hacen cola para entrar al Otro Mundo, hay algunos que tocan más de cerca el conflicto que se vive en Israel, que Keret ni nadie puede olvidar: Ojo por ojo es un cuento sobrevolado por el “ojo por ojo” bíblico donde asistimos a la excursión de unos chicos israelíes por un barrio árabe con la intención de matar un perro por venganza que solo un maestro del cuento breve puede resolver como lo hace él: sin recursos fáciles, sin lecciones morales y con todas las posibilidades siempre a punto de aflorar de un bote de gasolina.

El título original de la antología es el equivalente de Corrección automática, que es el cuento que más me ha gustado, porque juega con las diversas posibilidades del destino y con los pequeños malentendidos familiares que se convierten en rocas pesadísimas de cargar, pero lo disfraza todo de error informático. Como si un programador, por culpa de mirarse un culo en una pantalla de móvil, se equivocase introduciendo una línea de código y enviase así una vida a tomar por saco. Es en esta oscilación entre lo más vulgar y lo más profundo por donde Keret transita con la comodidad de quien conoce a fondo el alma humana y sabe que cualquier miligramo de romanticismo, de carnalidad o de sentimiento religioso será material de desecho para la futura inteligencia, o como se diga, que dominará el mundo.

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