Un humanista en el corazón del huracán del siglo XVI
Marguerite Yourcenar consigue hacer brillar, en 'Obra negra', la Europa de la Reforma y la Contrarreforma, de la curiosidad y la osadía intelectual de los humanistas y del oscurantismo autoritario de los poderes políticos y eclesiásticos
- Marguerite YourcenarEdicions ProaTraducción de Felícia Fuster384 páginas / 21,90 euros
La cascada de acontecimientos transformadores, de progresos técnicos, de sismos ideológicos y religiosos (todo iba junto) y de desarrollos intelectuales y culturales que se dio entre las postrimerías del siglo XV y la primera mitad del XVI, en lo que se suele considerar la florida pletórica del Renacimiento humanista y el nacimiento oficial del mundo moderno, fue inaudita y prodigiosa. La recuperación estética e intelectual del mundo clásico grecorromano puesto al día, la expansión de los conocimientos en medicina y astronomía, la ampliación del campo de actuación en términos geográficos y comerciales (con el descubrimiento europeo del Nuevo Mundo), la invención pictórica crucial de la perspectiva, la quiebra del cristianismo causada por el reformista Martín Lutero: todo esto, si bien en muchos casos no representó un corte con la Edad Media sino más bien una continuación y una culminación de dinámicas, maneras de hacer e ideas medievales, hace de aquella época un momento singularmente radiante en la historia de la humanidad.
No es extraño que la escritora belga Marguerite Yourcenar (1903-1987), que en la excelente Memorias de Adrianoya había novelado un período histórico en transición y ricamente convulso (el del imperio romano a caballo de los siglos I y II dC), se interesara también por aquella época. Obra negra, publicada originariamente en francés en 1968 y reeditada ahora en catalán por Proa en la exuberante traducción de Felícia Fuster, es, efectivamente, sobre todo el fresco de una época y de la gente que la vivió y sufrió. Calificarla de novela histórica sería exacto, si damos por bueno que las mejores novelas históricas no se limitan a ser la recreación en cartón piedra retórico de un tiempo pasado que no tiene nada que ver con nosotros, sino que son una forma de novela total –novela de aventuras y de ideas, de intrigas y de pasiones, de costumbres y de conflictos– ambientada en un tiempo que no es el nuestro pero que, sin embargo, nos interpela y dice cosas sobre el presente y sobre lo que somos.
La estrategia narrativa que se inventa Yourcenar para llevar a cabo su propósito es sencilla y eficiente. Crea un protagonista paradigmático de las ambiciones, las inquietudes, los dilemas y las innovaciones de la época y lo sitúa en el corazón de un argumento itinerante, que lo lleva arriba y abajo del continente, del Languedoc a Suecia, con Brujas como centro vital y dramático. Todo ello permite a la autora hacer que su protagonista, Zénon, sea testigo activo de toda clase de acontecimientos representativos del mundo y del tiempo que le ha tocado vivir, el de la Europa de la Reforma y la Contrarreforma, de la curiosidad y la osadía intelectual de los humanistas y del oscurantismo autoritario de los poderes políticos y eclesiásticos, de las guerras de religión y de los avances (en pensamiento, medicina, ingeniería, ciencia) que hacían temblar o incluso anulaban las verdades establecidas mientras ampliaban y profundizaban la percepción y el conocimiento de la realidad.
Un campeón de la libertad de pensamiento
Tanto el carácter como la peripecia biográfica del protagonista de Yourcenar funcionan como un compendio y un destilado de la tipología clásica de humanista. Médico con conocimientos escolásticos, alquimista racional consciente de hasta qué punto todo es un poco mágico, hombre de ciencia que observa la realidad y la oye, filósofo que duda y procura ser consciente de todo y que no para de examinarse a sí mismo y a todo lo que le rodea, Zénon es un campeón de la libertad de pensamiento, y por eso es perseguido, y se tiene que esconder, y tiene que huir, y por eso al final, igual que tantos brillantes coetáneos suyos, acaba pagando el precio más alto.
Más allá de la sustancia temática y contextual, lo que hace de
Obra negra una novela de primera categoría es el tratamiento literario que Marguerite Yourcenar da a las apasionantes materias primas con las que trabaja. La prosa de Yourcenar, rítmica y sabia, tiene el detallismo rutilante y vistoso de la pintura flamenca, y hace convivir, en cada párrafo, a menudo en cada frase, ideas y sensaciones, informaciones históricas y emociones, acción dramática e introspección. Es una prosa que encapsula y expresa el espíritu, las revueltas y la fatalidad de un siglo magnífico y espantoso.