Literatura

El nuevo monumento literario que ya se puede leer en catalán

Proa publica 'Las vidas' de Giorgio Vasari, más de 3.000 páginas repartidas en tres volúmenes con las que el autor italiano cambió la manera de escribir sobre arte a mediados del siglo XVI

Vista de la Capilla Sixtina del Vaticano
16/06/2026
4 min

BarcelonaCon frecuencia, son pequeños accidentes y casualidades los que acaban dando frutos literarios excepcionales. Así comienza la historia que ha desembocado en la primera traducción castellana de Las vidas de Giorgio Vasari (Arezzo, 1511 - Florencia, 1574): cada verano, el abogado valenciano Martí Domínguez Pérez se llevaba a la familia a Italia, donde combinaban el ocio con la visita de museos e iglesias. "Fue en 1979, mientras estábamos en Arezzo, que mi padre, gran amante de la cultura italiana, se quedó parado en el escaparate de una pequeña librería donde tenían los nueve volúmenes de la edición Sansoni de Las vidas, donde ponía escrito Vasari en letras enormes, como si fuera una estrella del rock. Mi padre dudó entre comprarse o no aquella edición, que valía 20.000 pesetas. Era una cantidad de dinero importante, en la época", recuerda su hijo, el escritor y biólogo Martí Domínguez i Romero, autor de novelas como Mater (Proa, 2022) y de ensayos como El somni de Lucreci (Pòrtic, 2013).

Domínguez padre no solo desembolsó el dinero sino que también leyó con fruición los miles de páginas de Las vidas de Vasari y, no mucho después, se atrevió a traducirle algunas de las casi 200 biografías de artistas que la integran, como las de Sandro Botticelli y Miguel Ángel. La experiencia le satisfizo tanto que, una vez se hubo jubilado, tomó una decisión arriesgada y honorable: versionar aquella obra tan ambiciosa toda entera en castellano y acompañarla de un extenso y deslumbrador aparato de notas. "Se pasó una veintena de años –continúa su hijo–. Casi hacia el final, en casa notábamos que perdía fuerzas. Era un trabajo complicado y él se iba haciendo mayor". Un ictus acabó abruptamente con la vida de Domínguez, que, aun así, había tenido tiempo de completar las más de 3.000 páginas del proyecto. Solo quedaba pendiente la redacción de unos cuantos centenares de notas, labor que asumió el hijo. "Tuve que abandonar alguna idea literaria que tenía entre manos para terminar "Las vidas", afirma Martí Domínguez, con los tres volúmenes de la edición de Proa bien cerca. Llegan a las librerías este miércoles.

Una obra fundamental

En la presentación del libro, que ha tenido lugar en el Museo Frederic Marès de Barcelona, Domínguez está acompañado por un trío de voces expertas tanto en la figura como en la obra de Vasari. "Las vidas de Vasari es una obra fundamental de la cultura europea –defiende Emili Rosales, director general de Grup 62, al que pertenece Proa–. Es la primera historia y crónica del arte italiano entre los siglos XIII y XVI. Cuando te sumerges en ella y no te preocupas demasiado por el saber que contiene el libro, te encuentras con una serie de vidas de artistas noveladas, donde abundan las pasiones humanas, es decir, los miedos, los anhelos y los fracasos de cada uno de ellos". El galerista Artur Ramon también tiene palabras de elogio para Vasari: "Apareció en un momento en que el Renacimiento se estaba extinguiendo, y el manierismo posterior acabaría dando lugar al Barroco. Vasari, que también era arquitecto y pintor, escribió Las vidas pocos años después de la muerte de Rafael y Leonardo y mientras Miguel Ángel aún vivía. Aun así, su aportación, que es la de un enciclopedista avant la lettre, permite crear un canon del arte dividido en tres partes: la primera, que arranca con Cimabue, llega hasta las postrimerías del Trecento; la segunda recorre todo el Quattrocento e incluye a Donatello, Piero della Francesca y Sandro Botticelli; la tercera, que es la más importante, comienza con Leonardo y va avanzando hasta llegar a su artista preferido, Miguel Ángel, a quien dedica más páginas que a ningún otro".

La periodista cultural Sílvia Colomé remarca "el gran valor" de un libro como Las vidas, que Vasari publicó por primera vez en 1550 y amplió en 1567: fue esta segunda edición la que utilizó Martí Domínguez Pérez para la traducción catalana de un libro "vigente e imprescindible" escrito con la voluntad "de que los artistas que le precedieron no cayeran en el olvido" y, al mismo tiempo, para "reivindicar el nombre de los artistas en un momento de la historia en que los creadores dejaron de ser anónimos". Colomé elogia el trabajo de Grup 62 y Proa por haber puesto en circulación un triple volumen como este y se pregunta cómo es que ha habido que "esperar casi cinco siglos" para leerlo en catalán.

"Desde hace unas cuantas décadas hemos ido traduciendo los grandes monumentos de la literatura universal, y ahora mismo son pocas las obras de la dimensión de Las vidas que faltan", comenta Rosales, antes de citar algunos de los proyectos más ambiciosos que ha publicado Proa durante los últimos años, entre los cuales están los tres volúmenes de los Ensayos de Montaigne, traducidos por Vicent Alonso y aparecidos entre 2006 y 2008, y la Divina Comedia de Dante Alighieri, versionada por Joan F. Mira en 2001. En la última década han llegado también la primera traducción catalana hecha directamente del ruso de Guerra y paz, de Lev Tolstói, a cargo de Judit Díaz Barneda (Edicions de 1984, 2023); las nuevas versiones de la Ilíada y la Odisea, hechas por Pau Sabaté, para la Bernat Metge Universal (2019 y 2026); el Nicholas Nickleby de Charles Dickens para Adesiara firmado por Carles Llorach-Freixes (2025), y las más de 2.000 páginas, repartidas en cuatro volúmenes, de José y sus hermanos, de Thomas Mann, que Ramon Monton ha traducido para Comanegra (2025-2026). En paralelo, Josep M. Pinto ha terminado los siete volúmenes de A la búsqueda del tiempo perdido, de Marcel Proust, que Viena ha publicado entre 2009 y 2022.

"Leyendo la versión de Las vidas que hizo mi padre encontraréis la armonía y el lirismo de Vasari –asegura Martí Domínguez–. A diferencia de lo que hizo André Chastel en la traducción francesa, que modernizó el lenguaje e incluso cambió la puntuación, el padre quiso mantener la prosodia y también la musicalidad del autor". También procuró ser más fiel que las traducciones castellanas que consultó. "En una de ellas, en vez de referirse a redes para capturar pájaros se leía jaulas de pájaros –recuerda–. Y en otra, en vez de fer la figa [expresión valenciana que significa fer botifarra] se optó por poner hacer un mohín".

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