Crítica literaria

Isaac Bashevis Singer, tan antiguo y tan moderno

En los ensayos de 'Viejas verdades, nuevos clichés', el autor despliega un abanico de intereses sorprendentemente gimnásticos, y abarcan desde la diáspora judía y el sionismo hasta la posmodernidad artística

Una escuela primaria judía en Lublin, a principios del siglo XX, fotografiada por Alter Kacyzne
04/07/2026
3 min
  • Isaac Bashevis SingerQuaderns Crema / AcantiladoTraducción de Mar Vidal296 páginas / 22 euros

Las inteligencias literarias más ricas (y más entretenidas de observar) suelen ser las más tentaculares, es decir, las que tocan muchos temas, usan una paleta de intereses y de recursos amplia y variada, y se alimentan de influencias bastante diversas. Las inteligencias literarias tentaculares, naturalmente, solo pueden demostrar que lo son si van acompañadas de un talento literario igualmente tentacular. Mejor dicho: versátil. Encontraríamos excepciones, pero diría que en general solo los autores que escriben bien, con expresividad, precisión y profundidad, en todo tipo de géneros y de formatos pueden pensar y explorar bien, con perspicacia, rigor y originalidad, todo tipo de temas. Isaac Bashevis Singer (Radzymin, Polonia, 1904–Surfside, Estados Unidos, 1991), la figura más prestigiosa de la literatura yiddish moderna, premio Nobel de Literatura 1978, autor de novelas, relatos breves, literatura infantil y miles de artículos periodísticos, fue un escritor prolífico y considerablemente ecléctico. Los dieciocho artículos o breves ensayos que conforman el volumen Velles veritats, nous clixés, escritos originariamente en yiddish, traducidos al inglés bajo la escrupulosa supervisión del mismo autor y traducidos ahora por primera vez al catalán por Mar Vidal, confirman con creces este eclecticismo.Entre las influencias que Bashevis Singer reconoce, están “la Torá y los libros sagrados”, la filosofía de Spinoza y de Hume, los textos cabalísticos de rabinos venerables, las obras de los gigantes más colosales de la novelística francesa y rusa del siglo XIX (Balzac, Flaubert y Zola, Dostoievski y Tolstoi), el ocultismo de Conan Doyle y de Flammarion... Sus intereses son igual de sorprendentemente gimnásticos, y abarcan desde la diáspora judía y el sionismo hasta la posmodernidad artística, que él critica y desprecia sin usar el término. También podemos añadir: el totalitarismo soviético; la literatura infantil; la situación pasada, presente y futura de la lengua yiddish; la realidad judía en la vieja Europa Central y la razón de ser de los judíos jasídicos en el barrio neoyorquino de Williamsburg; el fuego de la fe y las posibilidades de la mística; las esperanzas del humanismo y los peligros y limitaciones del racionalismo...Una vida escindida

Todo ello creo que deja entrever el perfil de un intelectual que es muy antiguo y a la vez muy moderno, que además tuvo una vida escindida tanto en el plano íntimo y biográfico como en el plano cultural e intelectual. Hijo de un rabino ortodoxo, Bashevis Singer se salvó de una muerte tarde o temprano segura a manos de los nazis cuando, en 1935, huyó de Polonia para exiliarse a los Estados Unidos, donde durante décadas construyó una obra literaria en la que, sobre todo cuando hacía ficción, recuperaba, preservaba y recreaba la cotidianidad del xtetl. Esta escisión múltiple lo habría podido desubicar y desnaturalizar, como escritor. En vez de eso, le confirió un cosmopolitismo sin ínfulas, casi a contracorriente, el arraigo imaginado y voluntarioso de quien ha sido desarraigado, cosa que lo convirtió en un tradicionalista recluido a la vez abierto y modernísimo.Él lo dice así en uno de los artículos más interesantes del volumen, titulado El yidis, la lengua del exilio: “La gente tiene que ser al mismo tiempo ella misma y parte de un todo, fiel a su casa y a sus orígenes y profundamente respetuosa con el origen de los demás”. Y añade: “Para el artista yidis, el ayer es tan real como el hoy: los que murieron no están muertos, las ciudades destruidas aún bullen de vida”. Es uno de los aspectos más fascinantes de Bashevis Singer, la naturalidad con que interpreta el doble papel que siente que le corresponde interpretar, la gracia y la destreza con que lleva a cabo la doble misión que él mismo se ha encomendado: ser el depositario de un legado secular y tradicionalista sin diluirlo ni relativizarlo y al mismo tiempo hacerlo vivo en la sociedad moderna, el mundo de la energía atómica, de los avances tecnológicos, de la moral disoluta, del arte y la cultura entendidos como un revoltijo caótico y enfermizo en el que todo parece que vale y todo parece posible.A veces pomposo e ingenuo, a veces malicioso de una manera afiladísima –“en ninguna otra época, la falta de talento ha operado con tantas teorías como en la nuestra”–, a menudo de una sabiduría altiva pero también generosa y magnánima, Isaac Bashevis Singer es un escritor singular y trágicamente irrepetible.

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