Isabel Olesti novela el deseo y el miedo en plena guerra
'Las mujeres y las sombras' relata la convivencia y la cotidianidad de dos familias refugiadas en una masía del Baix Camp
BarcelonaEl último libro de Isabel Olesti (Reus, 1957), Les dones i les ombres (Proa), no es una novela histórica, ni unas memorias, ni una novela de guerra. Y, a pesar de ello, el relato transcurre entre los años 30 y 40 del siglo pasado en Cataluña, parte de los recuerdos familiares y está profundamente marcado por la Guerra Civil. La madre de Olesti vivió el conflicto refugiada en una masía del Baix Camp, junto con sus padres y sus hermanas y rodeada de una serie de personas que, al principio, no se conocían de nada. Muchos años después de aquellas vivencias, la escritora –autora de libros como El marit invisible (Columna, 1999) y La pell de l'aigua (Proa, 2012)– las ha transformado en una historia de ficción protagonizada por dos familias que conviven en una cotidianidad forzada, entre la incertidumbre, el miedo y el deseo.
"La guerra es la excusa para que estas personas estén encerradas en una masía y tengan que relacionarse entre ellas. De toda esta gente, los hombres se escondían o bien porque tenían que ir al frente o bien porque eran curas y tenían miedo de que los mataran, mientras que las mujeres eran las que sacaban las castañas del fuego", explica Olesti. Parte de la semilla de la historia proviene de uno de sus libros anteriores, Nou dones i una guerra: les dones del 36 (Edicions 62, 2005). "Aquello era un libro de historia sobre mujeres que participaron activamente en la Guerra Civil. Ahora he hecho al revés: he novelado una historia basándome en aquel contexto, convirtiendo en literatura una masía donde vivió parte de mi familia", añade la escritora, que con el título de la novela hace un guiño al poemario Les dones i els dies de Gabriel Ferrater.
El microcosmos de la historia está formado, por un lado, por el abuelo, la abuela y las hijas (una de las cuales es la madre de Olesti) y, por otro, por la señora Balbina, su hija Cecilia y la abuela viejecita. La señora Balbina es una viuda rica, la propietaria de la masía y quien invita a la abuela a refugiarse allí un día que coinciden en la cola para comprar pan. Aquella casualidad es el inicio de un relato alejado del frente, pero con las bombas y los soldados muy presentes. Olesti contrapone las vivencias de los adultos, a menudo preocupados por el futuro y anhelando que pase la guerra, con la mirada inocente y juguetona de las niñas, que viven la infancia entre los campos, la balsa, los animales, las leyendas y la curiosidad hacia los masoveros y los vecinos.
La represión y la sensualidad
"¿Qué les pasa a esta gente, tan católica y acostumbrada a una vida confortable, cuando estalla la guerra? Todo se desmorona para ellos. Tienen que dormir como pueden, hacer cola para el baño y comer las hierbas que recogen de las cunetas", subraya Olesti. El contraste se percibe en el libro con personajes como la señora Balbina o un cura que acogen a gente, y que, cada vez que llega alguien, se refugia rápidamente dentro de una barrica de vino. A pesar de haber crecido bajo el peso de la represión católica, el deseo y la sensualidad emergen entre las paredes de la masía, y cada persona intenta gestionarlo como mejor puede. "Para esta gente, el sexo era tabú y solo servía para la procreación, pero todo el mundo tiene deseos, y yo lo explico a través de la vida cotidiana, que es tan importante como la guerra", señala la escritora, quien cita a Natalia Ginzburg y Mercè Rodoreda como dos de sus grandes influencias.
Aunque el libro se inscribe dentro del realismo literario, Olesti nutre la historia de supersticiones y leyendas que fascinan a los jóvenes y mantienen a los adultos medio asustados. "Creen que hay una mujer enterrada bajo el pino invertido, que una muchacha se ahogó en el estanque... Todo este espacio imaginario rompe con la guerra y es importante, porque condiciona a los personajes. Las sombras del título hacen referencia a la gente que ya no está, pero también a las manchas de la pared y a la sombra que una noche ve la madre cuando huye", dice Olesti. Al articular todo este universo, la escritora ha optado por construir capítulos cortos y autoconclusivos, que funcionan como pequeños relatos. "Lo vi claro cuando tuve los personajes, el lugar y la historia. Lo escribí mientras también trabajaba en un libro de cuentos, pero le dediqué años –explica Olesti. Lo trabajé, lo dejé descansar y lo retomé. No quise publicarlo hasta que no me sintiera satisfecha."