Literatura

La manera sabia y elegante de decir adiós de Julian Barnes

'Despedidas', el último libro del escritor inglés, llega a librerías coincidiendo con su octavo aniversario

El escritor británico Julian Barnes en el CCCB, en una imagen de archivo de 2020
14/02/2026
3 min
  • Julian Barnes
  • Ángulo / Anagrama
  • Traducción de Alexandre Gombau
  • 210 páginas / 19,90 euros

Con Despedidas, Julian Barnes (Leicester, 1946) no se despide de la literatura, porque se supone que seguirá leyendo hasta su muerte o hasta que los ojos y el cerebro se lo permitan, pero sí de la escritura de libros y de sus lectores. Cuando digo que se despide es literal, y él asimismo lo explicita en los párrafos finales interpelando directamente a quienes lo están leyendo: "espero que haya disfrutado de nuestra relación a lo largo de los años. Yo, sin duda, sí. Su presencia me ha complacido (bien mirado, yo no sería nada sin vosotros)".

Esta despedida literaria es sólo una de las diversas despedidas a las que Barnes hace referencia a lo largo del libro. No estoy seguro, aun así, de que "despedida" sea la traducción más pertinente de la palabra que usa Barnes en la versión original. El título en inglés es Departure(s), es decir, "partencias", en el sentido de irse de un sitio y dejar atrás toda una serie de cosas. Creo que "partencias" es más adecuada que "despedidas" (aunque también menos evocador y menos contundente, y más equívoco) para describir la operación literaria de Barnes. Es una operación que consiste en explicar cómo deja atrás amigos y conocidos que mueren, y cómo deja atrás también la memoria, la plenitud intelectual, la salud, las perspectivas de futuro... La vida, en definitiva.

Presentado así, puede parecer que el último libro de Barnes es una avalancha de melancolía preluctuosa, y que leerlo se parece a caer a cámara lenta por un precipicio entre deprimento y escabroso. No es un ápice así, sin embargo, entre otras cosas porque la forma literaria que el autor deEl loro de Flaubert da a los materiales con los que trabaja confiere ligereza al texto sin quitarle seriedad, envergadura o gravedad. Barnes construye el libro a partir de una mezcla fluida de géneros –autobiografía, ficción, ensayo–, una mezcla que a su vez le permite abordar, simultáneamente, todo tipo de temas, desde la muerte de su esposa hace cerca de veinte años hasta el tratamiento al que se somete para controlar la leucemia que le han diagnosticado, pasando por la literatura de Proust, por la imprevisibilidad de la existencia, por la relación que tenemos con nuestros recuerdos y por la complicada historia sentimental entre dos amigos de juventud. Gracias a una elaborada pero natural prosa, Barnes da a todo ello un tono y un ritmo de divagación cálida y conversacional, con un toque de humor negro civilizado típicamente británico, que hace de muy buen leer.

Una gratitud sincera por la vida

Los libros que presentan esta naturaleza híbrida y mutante parecen fáciles de hacer, porque parece que lo permiten aunque todo lo hacen plausible, pero en la práctica requieren mucha habilidad compositiva y mucha gracia narrativa para argamasar tanta heterogeneidad, para que no quede disgregado, errático y gratuito. Barnes, tal y como ha demostrado sobradamente a lo largo de cerca de medio siglo de producción literaria, tiene esta habilidad y esta gracia, y por eso es capaz de hacer encajar de forma orgánica y persuasiva materiales tan dispares. Todo es donde debe estar, en el libro. Quiero decir que todo ocupa un espacio significativo, desde las crudas descripciones clínicas de su tratamiento médico hasta el asombroso vodevil amoroso de un hombre y una mujer a la que Barnes presentó cuando eran jóvenes y que ahora de viejo contribuye a que se reencuentren, pasando por los comentarios sobre los grandes poetas franceses del irse fuera (Baudel, Mauin, dolencias y decrepitudes que nos notifica y, sobre todo, por las reflexiones medio existenciales y medio sapienciales que aquí y allá dan temperatura emotiva al conjunto.

Es quizás lo que más me ha gustado de Despedidas: la gratitud, sincera pero sin aspavientos, que Barnes siente por la vida tal y como es, más allá de las injusticias, los contratiempos, las penas y los dolores. Escribe: "Me parece que siempre he procurado estar contento con lo que tengo (desde un punto de vista no teológico), y no en un sentido de opereta cómica, sino en serio, mirándomelo en un contexto de finitud de la vida". Es una manera elegante y sabia de decir adiós.

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