Literatura

Muere Josep Vallverdú, tótem de la literatura infantil y juvenil

El prolífico y heterogéneo autor, que también publicó libros de memorias y de poesía y firmó numerosas traducciones, tenía 103 años y el año pasado había publicado su última novela, 'El retorno de Rovelló'

21/07/2026

Barcelona"Procuro escribir cada día, no fallar nunca", decía Josep Vallverdú en 2022, meses antes de cumplir 99 años, cuando presentó una de sus últimas novelas juveniles, El octavo enanito (La Galera), en la que imaginaba una versión alternativa de la popular Blancanieves. Durante más de seis décadas –las que separan El vendedor de peces (Arimany, 1960) y Atresorado silencio (Pagès, 2023)– Vallverdú se dedicó a levantar, con una constancia, exigencia y heterogeneidad admirables, una de las obras más prolíficas –supera los 200 libros– de la literatura catalana contemporánea, que este martes se cierra con su muerte a los 103 años, tal como ha podido confirmar el ARA. La muerte le llega meses después de publicar El regreso de Rovelló (La Galera, 2025), en la que recuperaba uno de los personajes más queridos de su obra, el de un perrito que se perdía en medio del bosque.

Gran renovador de la escritura para niños y jóvenes del país –junto con otros pilares como Joaquim Carbó, Sebastià Sorribas y Emili Teixidor–, cronista de las tierras de Ponent y memorialista destacable, traductor, profesor, poeta tardío y activista cultural, Josep Vallverdú decidió consagrar la vida profesional y artística a las letras tras cursar la carrera de filosofía y letras, en la especialidad de filología clásica, en la Universidad de Barcelona, donde fue compañero y amigo de Joan Triadú, Josep Palau i Fabre, Antoni Badia i Margarit y la pedagoga Isabel Arqué, con quien acabaría casándose.

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Nacido en Lleida el 9 de julio de 1923, los primeros recuerdos de Vallverdú se remontaban al advenimiento de la Segunda República. "Todavía tengo presentes las fotos del rey Alfonso XIII marchándose del país y la proclamación de la Segunda República –explicaba poco antes de su centenario–. Recuerdo la muerte del presidente Macià. Recuerdo la voz del presidente Companys proclamando el Estado Catalán dentro de la República Federal Española el 6 de octubre de 1934. También recuerdo cómo nos aplastó la guerra".

Docente, traductor y escritor

Fue la Guerra Civil la que hizo marchar a los Vallverdú de Lleida hasta Puiggròs, y más tarde a Sant Martí de Maldà. Aunque en 1939 volvieran a vivir brevemente en la capital del Segrià, la familia acabó instalándose en Barcelona. El padre tenía una tienda de ropa; la madre, a pesar de que había estudiado para ser maestra, no llegó a ejercer nunca. "Las privaciones de la guerra y la posguerra le consumieron la salud. Murió con 44 años –lamentaba el autor–. Hay dos voces que recuerdo siempre: la de la madre y la del president Companys".

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Después de licenciarse y de hacer, durante una temporada, de becario del doctor Josep Rubió i Balaguer, Vallverdú e Isabel Arqué se instalaron en Sant Feliu de Guíxols. Fue allí que empezó a dar clases, firmó las primeras traducciones y escribió la primera novela juvenil de aventuras, Las cinco vidas del 'Nereo', ganadora de un certamen convocado por una editorial de Alcoy en 1954. A partir de 1956, instalado en Balaguer con su mujer y Eloi, su único hijo –a quien diagnosticaron una discapacidad mental muy pronto–, Vallverdú empezó a escribir en catalán. "El país comenzaba a despertarse de la letargia impuesta", explicaba el autor recordando su segundo debut, El venedor de peixos, publicado por Arimany en 1960, y que fue seguido por Trampa sota les aigües (Estela, 1965) y Rovelló (La Galera, 1969), una de sus novelas más populares, que ha agotado más de una treintena de ediciones, ha sido traducida a media docena de lenguas y fue adaptada a la televisión por Antoni d'Ocon en 2000. "Escribí Rovelló durante once tardes el verano de 1968 en una cabaña que me hice encima de un tronco de almendro –admitía Vallverdú–. El libro me salió redondo, y ha tenido una repercusión muy grande". El autor renunció a volver al personaje hasta pasados los 100 años, cuando lo recuperó en el emotivo y metaliterario El retorn de Rovelló.

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El rey de la novela de aventuras

En paralelo a la traducción de decenas de novelas y ensayos de autores como Raymond Chandler, Graham Greene, Dashiell Hammett, Jean Piaget, Oscar Wilde y R.L. Stevenson, Josep Vallverdú se fue convirtiendo en uno de los valores más sólidos de la novela de aventuras gracias a títulos como En Roc drapaire (1971), Bernat i els bandolers (1974), Un cavall contra Roma (1975) y Els inventors dels fantasmes (1977), todos ellos publicados en La Galera que Andreu Dòria i Dexeus fundó en 1963. "Joaquim Carbó, Sebastià Sorribas, Emili Teixidor y yo empezamos a publicar en La Galera en los años 60. Se puede decir que, en cierto modo, los cuatro sacrificamos una carrera que en otras circunstancias habría sido diferente para hacer un servicio a la comunidad", admitía Vallverdú en 2013, días antes de su nonagésimo aniversario.

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Y el autor añadía: "Escribir literatura juvenil te rejuvenece. Hay una bonhomía que compartes con el texto y acaba jugando a tu favor". En paralelo a las novelas para jóvenes –y a los numerosos cuentos que publicó en Cavall Fort–, Vallverdú abrió una nueva puerta creativa con Proses de ponent (Destino, 1970). Finalista del premio Josep Pla, el libro –que Fonoll recuperó en 2022– explica, a partir del relato vivido y la crónica social, de qué manera la geografía, la climatología y la historia han configurado el paisaje y el componente humano, el particular ritmo de vida ponentino, donde en los años sesenta del siglo XX convivían formas y costumbres tradicionales, heredados y arraigados a la tierra con elementos de cambio generacional, económico, tecnológico y cultural. El proyecto tuvo continuidad en otro libro poliédrico e inclasificable, Indíbil i la boira (Destino, 1983).

Cronista de "las heridas del tiempo"

A partir de Vagó de tercera (Proa, 1996), Vallverdú empezó a rememorar su vida. Garbinada i ponent (Proa, 1998), Desnudat i a les golfes (Proa, 2000), Però plou poc (Pagès, 2012) y Mosaic de tardor (Proa, 2023) ayudan a dibujar una vida comprometida con la lengua y la literatura catalanas, pero también lo convirtieron, en palabras de Manuel Lladonosa en Serra d'Or, en "el ojo escrutador de la Cataluña de Ponent".

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"Ahora, llegada la edad comprometida –lo es de verdad, el hilo de la Parca puede romperse bruscamente–, experimento por dentro un runrún de alarma al darme cuenta del caudal de acontecimientos sucedidos en estos cincuenta años, de la experiencia adquirida, de las heridas del tiempo, de las ruinas dejadas por los temporales, del vacío abierto por las ausencias, y veo ante mí un amplio horizonte", escribía en el prólogo de Mosaic de tardor. Partiendo de las consideraciones que le merece el expresidente Jordi Pujol a partir de una carta recibida en 2022, Vallverdú rememoraba la llegada del hombre a la Luna en 1969, los ratos al lado de su hijo Eloi, los cambios de domicilio, la muerte de Isabel Arqué en 2012 y el enamoramiento con Antonieta Vilajoliu cuando ya estaba a punto de cumplir 90 años.

Aunque el ritmo de publicación de novelas juveniles se ha mantenido hasta casi el presente –con títulos como El viatge del Dofí Rialler (Cruïlla, 1990), El vent del Far West (La Galera, 1999) y Terra de llops (Pagès, 2012)–, Vallverdú no dejó de experimentar con las posibilidades expresivas del lenguaje, y durante los últimos quince años publicó nueve libros de poemas, aunque su debut en este género fue en 1977, con Poemes del gos. "Llega un punto de la vida en que algunas cosas las tienes que expresar a través de versos, porque es más radical, más profundo y te compromete más", afirmaba poco después de publicar De signe cranc (Pagès, 2009).

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“Si ponemos la vejez delante del espejo / la imagen que vemos es un exilio”, escribía en Elegia, uno de los poemas incluidos en Atresorat silenci, publicado por Pagès Editors meses antes de cumplir 100 años. "Vallverdú es un hombre que canta la vida, en toda su amplitud –escribía Jordi Llavina cuando apareció este libro–. Una voz de celebración, no de lamento, a pesar de que, como es el caso presente, la obra no rehúye la reflexión sobre la muerte". Con la muerte de Josep Vallverdú la literatura catalana pierde una de sus voces más proteicas, dotada de una lengua todavía injertada del Noucentisme y de la plasticidad de algunos de sus referentes más queridos, entre los cuales se encuentran Josep Maria de Sagarra y Agustí Calvet Gaziel.