Nostalgia por un futuro en el que mirar atrás sea agradable
'De mayor quiero ser una casa', de Aina Fullana Llull, parte del brote psicótico que tiene la protagonista y de su ingreso en un psiquiátrico
'De mayor quiero ser una casa'
- Aina Fullana Llull
- Bromera
- 168 páginas / 21,95 euros
Aina Fullana Llull (Manacor, 1997) publicó su primera novela, Els dies bons, en 2021. Ya aquel texto era conmovedor y literariamente remarcable. Era una historia familiar. El padre, drogodependiente desde la adolescencia, encuentra un poco de paz en su matrimonio. La madre, menos sociable que el padre, soporta en silencio la perturbación marital hasta que ya no puede más y se divorcia. Será en la hija, finalmente, donde recaerá la misión de reconstruir la memoria familiar. Esta hija primero se refugia en una concepción demasiado idealizada del amor y después en una espiral de autodestrucción promiscua. La paz solo llegará cuando pueda hacer las paces con su padre y descubrir el poder expiatorio y transformador de la literatura. De mayor quiero ser una casa es la continuación lógica, moral y literaria, de aquel mundo familiar trastornado, disonante y puntiagudo del libro anterior, Los días buenos. También aquí encontramos a una protagonista, Emma, con un padre ausente (esta vez sin adicciones) y una madre que no termina de entenderse demasiado bien con su hija. Sobria, precisa y poderosa
Emma tiene un brote psicótico y debe ser internada en un psiquiátrico. Una parte de la novela transcurre allí. Es su mundo el que se despliega a lo largo de las páginas del relato, su afición a la pintura, la dificultad para relacionarse con los demás (y consigo misma), la añoranza del cariño que le regalaban sus abuelos, el gran naufragio del amor (con hombres y con mujeres). Si algo tiene De mayor quiero ser una casa es una lengua literaria poderosa (atenta al latido del mallorquín coloquial) y una manera de narrar con sobriedad y precisión. Un estilo poético que parte de la simplicidad para sugerir profundidades de interés: “En el mar, cuando llueve, solo se oye el agua bautizando el agua. Los truenos se confunden con las olas que golpean las rocas y de lejos no sabes si son olas o truenos. El mundo se vuelve negro de agua. Entonces no hay nada más que el mundo hecho agua; solo llueve. Me gustaría ser el mar, cuando llueve”.Emma, que si hubiera podido elegir habría optado por “no nacer” (como Cioran), siente nostalgia por “un futuro en el que mirar atrás sea agradable”. Y es que su vida es difícil de soportar, pero también el telón de fondo donde se desarrolla –la transformación irreversible de Mallorca en un decorado postizo para turistas– tiene otro punto de angustia y de amargura.Es difícil empatizar con la protagonista de un relato así. Pero no hay ninguna duda de que Emma, como personaje, es vivo y verosímil. La autora puede estar bien satisfecha de su creación.