El peregrinaje extremo que emprendió Werner Herzog
El director de películas como 'Fitzcarraldo' y 'Aguirre, la cólera de Dios', caminó casi 800 kilómetros en pleno invierno convencido de que si llegaba a París antes de que la crítica e historiadora Lotte Eisner muriese, se salvaría de la enfermedad que sufría
'Del caminar sobre hielo'
- Werner Herzog
- Flâneur
- Traducción de Ramon Farrés. Epílogo de Chantal Poch
- 136 páginas / 20 euros
En noviembre de 1974, el cineasta Werner Herzog (Múnich, 1942) recibió la noticia de que la crítica e historiadora del cine Lotte Eisner estaba muy enferma. Contradiciendo el tópico que dice que los creadores temen y desprecian a los críticos y estudiosos, Herzog reaccionó con una mezcla de desesperación filial y de agradecimiento fervoroso de devoto.Se entiende. Eisner, judía y comunista, había huido de Alemania justo cuando Hitler llegó al poder y, tras muchos periplos exiliada en Francia, se convirtió en la mano derecha de Henri Langlois, fundador y director de la Cinémathèque française. Como conservadora de la cinemateca, Eisner emprendió una operación de salvamento de tantas películas alemanas filmadas antes del nazismo como pudo. Y, en paralelo, escribió libros sobre la corriente artística que había dado resultados más magistrales: el expresionismo. Por si esto fuera poco, mientras recuperaba la tradición de los clásicos fundacionales (Wiene, Murnau, Lang, Pabst, Stroheim, Sternberg), Eisner también avalaba lo que se conoció como Nuevo Cine Alemán, la generación de jóvenes cineastas aparecidos a finales de los 60, entre los cuales había nombres tan poderosos y personales como los de Fassbinder, Wenders, Schlöndorff y el mismo Herzog.Dejarse guiar por una superstición irracional
La reacción a la vez filial y devota de Herzog ante la noticia de la muerte inminente de Lotte Eisner se explica porque la admiraba, porque le estaba agradecido y porque se sentía en deuda con ella. La veía como una especie de diosa sabia, salvadora y proveedora: sin ella y sin su labor, el cine alemán no tendría pasado y no habría podido tener futuro. Si tenemos en cuenta todo esto, no nos parecerá extraña la decisión que entonces tomó Herzog para intentar salvar a Eisner: iniciar un peregrinaje admirativo de Múnich hacia París, en lo más crudo del invierno europeo, casi ochocientos kilómetros hechos a toda marcha. A Herzog no le guiaba una convicción racional y lógica, sino una superstición irracional que adquirió la dimensión de una convicción suprema y trascendental: si él llegaba a pie a tiempo de visitarla, ella no se moriría.Durante la peregrinación de tres semanas, Herzog fue tomando notas, y al poco tiempo publicó un libro, Del caminar sobre hielo, que nos llega ahora en castellano editado por Flâneur en traducción de Ramon Farrés y con un postfacio cuidadoso e informativo de Chantal Poch. Es un libro que tiene el esquematismo vivo y crispado, poco elaborado pero incisivo, de los cuadernos de notas. A veces telegráfico, el libro tiene una sequedad y una abruptez estilísticas globales, con pinceladas de textura onírica y reflexiones relampagueantes de tono alucinatorio.Herzog es un lector de paisajes, un intérprete de ambientes, un termómetro de situaciones hostiles –ha trabajado en selvas, en la Antártida, en desiertos...–, y aquí lo demuestra focalizando el texto en su relación física con el territorio y el clima. Abundan los apuntes sobre el dolor físico, sobre el impacto que el viento, la nieve, el frío, el aguanieve y la niebla húmeda tienen en su cuerpo. Con frases que parecen desconectadas y párrafos hechos como por aluvión, en los cuales se mezclan apuntes descriptivos, esbozos de ideas y relato de acciones concretas –ahora duermo en un pajar, ahora llego a un pueblo, ahora siento una extraña fraternidad con los cuervos que me sobrevuelan–, Herzog narra infatigablemente su caminar extenuante.La pregunta es: ¿si el autor de estas notas no fuera Werner Herzog, el cineasta aventurero que ha filmado Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo y Grizzly Man, entre tantas otras películas, ¿leeríamos el libro con el mismo interés y la misma predisposición? La respuesta es evidente: no. Pero es que el autor de estas notas es Werner Herzog. La aureola autoral está ahí y se nota. Además, no son pocos los temas o elementos del cine de Herzog que también están presentes aquí: la radiografía de un hombre solo, medio megalómano y medio trastornado, que se encuentra en una situación extrema que se ha buscado él mismo; una experiencia física del mundo; una impresión constante de improvisación dirigida con intención; una formalización deliberadamente brusca e imperfecta de una manera de vivir la vida y de ser en el mundo, todo contado con un tono visceral e inteligentísimo...La segunda mejor cosa que se puede decir de Del caminar sobre hielo es que es puro Herzog. La mejor cosa que se puede decir de ello es que Lotte Eisner no murió hasta muchos años después y que, por tanto, Werner Herzog y sus pasos obstinados la salvaron.