El placer peligrosamente insuperable de agradar
'Jezabel', de Irène Némirovsky, comienza con el juicio a una mujer mayor, rica y presumida, a la que acusan de haber asesinado a su amante de veinte años
'Jezabel'
- Irène Némirovsky
- Viena
- Traducción de Josep Maria Pinto
- 176 páginas / 19 euros
Jezabel, una novela que Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942) publicó en 1936, comienza con el juicio a una mujer mayor, "extremamente rica" y presumida, Gladys Eysenach, a quien acusan de haber asesinado a su amante de veinte años. Durante todo un primer capítulo que en realidad funciona como un prólogo, asistimos a la reconstrucción de la escena del crimen a través del interrogatorio a la acusada ya toda una nutrida galería de testigos. Escrito casi como un guión de una película de Hollywood –diálogos ágiles y cortantes, secretos que salen a la luz, mundanidad, misterio, drama–, este prólogo despliega ante el lector todos los ingredientes de lo que parece un melodrama pasional. Descubrimos, porque así ella misma lo ha confesado, que la millonaria, elegante y cosmopolita Eysenach efectivamente cometió el crimen. Y creemos, también, saber sus motivaciones: los celos, el despecho, el amor loco. Sin embargo, después del prólogo, la novela hace un flashback y procede a reconstruir la vida de la protagonista desde su más tierna juventud. Lo que acabaremos descubriendo es mucho peor de lo que nos suponíamos.
Si no supiéramos que la autora de la novela es una mujer, hay pasajes que nos podrían hacer pensar que Jezabel es el retrato psicológico de una protagonista femenina elaborado por un escritor macho misógino, que acumula un largo inventario de heridas amorosas y agravios sentimentales. Quiero decir con esto que el personaje de Gladys Eysenach presenta muchas de las características negativas que el miedo, la inseguridad, el desconocimiento y la frustración masculinas han proyectado, a lo largo de los años y al por mayor, sobre las mujeres: es caprichosa, es coqueta de una manera egoísta e inconstante, es vanitosa, es vanitosa, Una escritora de primera categoría
Una mirada contemporánea sobre la novela podría querer pensar que Némirovsky hace que su protagonista sea así por denunciar las deformaciones provocadas en las mujeres por la sociedad patriarcal, pero esto sería un puro anacronismo. Gladys Eysenach es como es porque un día, de jovencita, descubre la "volupdad" insuperable de agradar a los hombres, y desde entonces queda enganchada. Némirovsky, una escritora de primera categoría, insiste muchas veces a lo largo de la novela: "Qué agradable que era, ver a un hombre a sus pies... ¿Había algo mejor en el mundo, aparte del nacimiento de ese poder de mujer...?" O también: "Estaba rodeada de hombres enamorados, y tan acostumbrada a los juramentos, las súplicas, las lágrimas, como un borracho lo está en el vino; no estaba saciada, sino que aquel dulce veneno le era necesario como si fuera el único alimento que podía sustentarla". Podría seguir transcribiendo decenas de frases equivalentes.
En todo caso, sería un error –también anacrónico– tachar Jezabel de misógina. Némirovsky no hace un retrato de la feminidad y de su papel en el mundo. Retrata a una mujer concreta y cuenta su experiencia del mundo. Además, si Jezabel hubiese sido escrita por un macho misógino, la tragedia de la Gladys Eysenach sería provocada por su vanidad, por su obsesión por ser joven y bella, y por su necesidad insaciable de agradar, pero Némirovsky, lúcida, hace que sea provocada por su incapacidad de asumir que el suyo sucede y el tiempo pasa, seductoras merman y un día desaparecerán.