Novedad editorial

Laura Gost: “Cuando se pone precio a la vida y a la muerte, la moral cambia”

Escritora. Publica la novela 'El precio de nacer'

09/09/2026 - 07:02 h.

BarcelonaLo que ha pasado con El precio de nacer (Proa/Temas de Hoy), la cuarta novela de Laura Gost (Sa Pobla, 1993), es bastante insólito. Antes de publicarla –llega este miércoles a las librerías–, ya tiene cerradas siete traducciones y una producción audiovisual en marcha de la mano de una empresa estadounidense. Desde las primeras páginas del libro ya queda muy claro que estamos ante un thriller redondo, lleno de giros, con una historia voraz que transcurre en un futuro distópico y que mantiene la tensión narrativa gracias a un pulso y a una precisión quirúrgicos. El libro parte del deseo de Rai y Liza de ser padres. La pareja vive en un mundo superpoblado en el que, para llevar adelante un embarazo, hay que conseguir antes un "relevo": alguien que ceda su propia vida por la criatura.

Has escrito un libro sobre tener o no tener hijos justo después de ser madre. ¿Cómo se ha vinculado esta experiencia con la novela?

— Coincidió que comencé a escribir esta novela cuando estaba embarazada y la terminé cuando mi hijo ya había nacido. Aunque seguramente hay alguna relación inconsciente, son hechos independientes. La novela no se puede entender sin problemáticas muy actuales, que forman parte de la conversación cotidiana y ocupan titulares: el cambio climático, el envejecimiento de la población, la superpoblación, la sostenibilidad. De aquí nace la premisa: ¿qué pasaría si, para regular institucionalmente a las personas que pueden vivir en el mundo, tener o no tener hijos deja de ser una decisión individual o de pareja y pasa a ser colectiva?

¿Qué te lleva a construir la historia en un escenario distópico?

— El formato era importante porque buscaba un presente que no fuera el de ahora, pero que fuera lo suficientemente verosímil para poder imaginar un futuro próximo. Puse un espejo hiperbólico para llevar todos estos temas al extremo y, a la vez, crear una situación en la que el lector pudiera empatizar. Tengas o no tengas hijos, quieras o no ser padre, este escenario donde se mercantiliza la vida y la muerte plantea un dilema moral que no puedes esquivar.

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La historia sitúa precisamente el hecho de tener o no tener hijos como un deseo, no como un derecho.

— Esta pugna entre el egoísmo individual y la responsabilidad social y colectiva crea la gran dicotomía. ¿Qué concesiones estás dispuesto a hacer para conseguir una familia? Quería explorar qué hacen los personajes en este escenario y, sobre todo, qué llegan a pensar. Es un mundo en el que, cuando presencian un accidente, en lugar de desear que no sea nada piensan: “Ojalá se muera, porque eso implicará subir una posición en las listas de espera para poder tener un hijo”.

¿Dirías que, como sociedad, estamos más bien cerca o más bien lejos de esta pérdida de valor de la vida?

— La pregunta que me ha acompañado a lo largo de toda la escritura es: ¿qué haría yo si esto fuera real? La verdad es que no lo sé. ¿De qué manera nos adaptaríamos las personas a ello? Habría una voluntad de rebelarse, habría escepticismo, habría una coartada moral y la defensa de que el deseo es legítimo, habría renuncias a esta expectativa vital para no tener que cumplir unas normas perversas y macabras. He escrito sin hacer juicios morales. Los personajes se mueven en la ambigüedad.

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Rai tiene gran parte del protagonismo. ¿Por qué vehiculizas el deseo de paternidad a través de un hombre?

— Porque, en este caso, el deseo de tener un hijo no está tan vinculado al género. Inconscientemente, quería desmarcarme del paralelismo del hecho de que yo sea mujer y madre y hable precisamente de esto. Rai y Liza quieren formar una familia, y cada uno vive el dilema a su manera, porque es extrapolable a todos. Al final, la novela habla de qué hacemos cuando el deseo de tener un hijo deja de ser una decisión libre para convertirse en una cuestión burocrática, política y con consecuencias macabras.

Una de las consecuencias más macabras son los abortos reglamentarios. Si no se ha encontrado un relevo en la semana 14 de gestación, el Estado obliga a la mujer a abortar.

— Es un mundo en el que incluso una persona que tiene intención de suicidarse pasa a ser un activo. La gente considera que en un momento dado tiene derecho a pedir a los padres que se mueran para que ellos puedan formar una familia. Todo ello tiene un impacto, cambia los códigos. Si no has conseguido un relevo, esto implica abortar. Tener un hijo ya no puede ser un arrebato espontáneo. Debes estar muy convencido, tiene que nacer de una convicción profunda.

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¿Están los personajes más deshumanizados por esta situación?

— Cuando se pone precio a la vida y a la muerte, la moral cambia. Algunos personajes conocieron la etapa previa y no sufrieron el trámite a la hora de tener hijos. Tienen la nostalgia de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero con los personajes a los que les ha tocado jugar en este escenario, clarísimamente la empatía se ve dañada. Cuando consideras que está justificado que una persona muera por ti, esto inevitablemente deshumaniza.

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Si no se encuentra un relevo, uno de los dos progenitores puede decidir morir a cambio de que el hijo viva. Esto es un elemento determinante porque impacta directamente en la pareja protagonista y la empieza a derrumbar. ¿Cómo has trabajado la intimidad de estos personajes?

— Era importante entrar en todo aquello que imaginan, en las hipótesis que llegan a plantearse, en aquello que desean y piensan. El vínculo se erosiona no solo por cómo actúan ante esta situación, sino también porque hay momentos de pensamientos muy oscuros de supervivencia, que estremecen.

A pesar de la dureza de las situaciones que planteas, el libro toma aire con personajes como Teo, un amigo de la familia de Rai que mira la vida desde la ligereza. ¿Por qué decidiste incorporarlo?

— Creándolo me lo imaginaba como un bon vivant con ese punto sarcástico y escéptico ante la vida. Es un contrapunto interesante para aligerar la tensión del libro. En el momento en que la trama remarca decisiones muy trascendentales, que marcan un antes y un después en la vida de los protagonistas, el personaje de Teo lo relativiza todo. Es alguien descarado y relativista, con un punto de humor, que utiliza el cinismo para esquivar situaciones dolorosas. Es un escapista.

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¿Por qué vehiculaste esta historia distópica a través del thriller?

— En cada novela he intentado demostrar que dominaba un registro diferente. Como lectora me gusta mucho el thriller y tenía ganas de crear situaciones dramáticas que me permitieran jugar con esta tensión narrativa y psicológica. Una autora que me encanta y que hace unas autopsias mordaces, afiladas y punzantes es Gillian Flynn. No cae en estereotipos y cuesta no conectar con aquello que te presenta, incluso aunque puedas considerarlo un pensamiento monstruoso.

Justo antes de publicarse, el libro ya tiene siete traducciones y una película en marcha. ¿Cómo lo vives?

— Me siento muy afortunada, todo lo que venga lo recibiré con mucha alegría, pero también soy prudente. Estoy en un momento de la vida en el que muchas prioridades se han recolocado. Mi hijo es la primera, y el resto intento encajarlo, pero lo vivo con paz. Ser madre me ha llevado a relativizar muchas cosas, a vivirlas de forma más relajada, y eso es importante. Cuando escribí la novela no quería demostrar nada, simplemente disfrutar.

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Tres capítulos y una intuición: cómo se ha gestado el fenómeno

Desde el primer momento, Anna Soler-Pont y Clara Rosell, de la agencia Pontas, lo tuvieron clarísimo: El preu de néixer estaba predestinado a dar el salto internacional. "El manuscrito nos entusiasmó y trabajamos en él rápidamente para que fuera presentable en la Feria de Londres", explica Soler-Pont. Las agentes contactaron con Mara Faye, que tradujo los tres primeros capítulos al inglés, y prepararon un texto para explicar el punto de partida de la novela y su planteamiento. Cuando lo llevaron en marzo a la capital británica, su intuición se confirmó. "Enseguida cerramos la traducción francesa y poco después llegó la inglesa. Después han seguido el neerlandés, el italiano, el griego y el turco. De las grandes lenguas europeas, solo nos falta el alemán", dice Soler-Pont. En paralelo, las agentes sondearon diversas productoras y una de ellas, estadounidense, se volcó en convertir la novela en una película. "Están buscando una directora, quieren hacerla rápido", subraya la agente.

"Pasa muy pocas veces que una escritora desconocida internacionalmente, que escribe en catalán y que todavía no ha publicado el manuscrito, consiga un interés editorial de estas dimensiones", subraya Rosell. La agencia recuerda casos anteriores como Milena Busquets, pero su novela era en castellano, y Jonas Jonasson, que publicó originariamente en sueco. "Laura ha hecho una pirueta. Aunque no es una escritora novel, porque tiene cuatro novelas, es alguien joven y un diamante en bruto, porque nosotros la conocemos pero de puertas afuera todavía es desconocida", destaca Soler-Pont. Su pronóstico con este libro no puede ser más prometedor: "El gran salto de Laura Gost empieza ahora. Le espera una carrera larguísima por delante".