Pep Brocal: "Todavía queda mucho por escribir sobre Caridad del Río"
Dibujante. Publica 'Caridad del Río' y 'Anatomía de un esqueleto'
BarcelonaEn 2020 una biografía en cómic de 14 páginas sobre Caritat del Río convirtió a Pep Brocal (Tarrasa, 1967) en el primer ganador del Premi ARA de Còmic. Unos años después, el dibujante retoma y expande aquel proyecto en forma de novela gráfica –publicada por Garbuix en catalán y castellano– para seguir indagando en los claroscuros de uno de los personajes más misteriosos del siglo XX, una espía al servicio del comunismo que manejó los hilos de la historia.
¿Qué te impulsa a convertir las 14 páginas de Caritat del Río en 144?
— El hecho mismo de que en 14 páginas tuve que comprimir mucho la historia de Caridad del Río. Las condiciones del premio me obligaron a hacer un ejercicio de síntesis interesantísimo que fue un gran reto. Y cuando vino la editora Montserrat Terrones con la propuesta de convertirlo en un libro largo, pensé que aquello me permitiría desarrollarla. Ahora bien, podrían haber sido 400 páginas, porque la época da para mucho: una guerra civil, una guerra mundial, la Guerra Fría, el espionaje soviético, el comunismo, Barcelona, Moscú, México, París... Pero, al fin y al cabo, es la historia de una mujer.
¿Y qué te atrae tanto de esta mujer para haberle dedicado ya dos obras?
— Que es poliédrica y evoluciona a lo largo del tiempo. De niña, cuando entró en las carmelitas, tenía arrebatos místicos y quería dedicar la vida a Jesús, pero eso le dura poco. Cuando se casa con Pau Mercader, hijo de la burguesía industrial, lo que se espera de ella es que sea una señora de Sant Gervasi, una burguesa. Pero es una mujer rebelde y el matrimonio no la hace feliz, sobre todo cuando el marido la ingresa en un psiquiátrico. Esto será la ruptura definitiva. Pero tuvo más amores, y con uno conoció de cerca el comunismo. Y cuando este hombre tiene un accidente y desaparece, la Caritat entra en una deriva autodestructiva y solo el comunismo la rescata. Ella se aferrará a él como a un hierro candente. Su fe, que antes era por Jesús, la depositó en Stalin. Y por Stalin marcha al frente de la Guerra Civil, pero se da cuenta de que es muy peligroso y que hay otra manera de luchar por el comunismo: detrás de las cortinas.
En el cómic citas una frase de Dolores Ibárruri, laPasionaria, que decía que ella y la Caridad eran iguales, pero que ella trabajaba a plena luz del día y la Caridad se movía entre bastidores. Las dos habían perdido un hijo luchando por el comunismo.
— Sí, es cierto. La Caridad encuentra su manera de luchar e intenta inculcársela a su hijo, el Ramón, que está combatiendo en el frente de Madrid. Va a buscarlo expresamente y le dice que no exponga su vida, que hay otras maneras de luchar por su vida.
Pero acaba envolviéndolo en una confabulación para matar a Trotski con un piolet, que no parece la manera más segura de luchar por el comunismo.
— Son la gente del POUM los que la sitúan detrás de la operación, como alma a la sombra de la conjura. Pero con el tiempo todo eso se ha acabado explicando de otras maneras, y la implicación directa de la Caridad en el asesinato no está tan clara. Todavía queda mucho por escribir sobre esta mujer, tendrá más recorrido en forma de novela, cómic... o en el mundo audiovisual: se harán películas, de Caridad del Río, porque da mucho juego.
La historieta del Premio ARA la hiciste durante el confinamiento con la información que tenías por casa. ¿Qué has descubierto de Caridad del Río ahora que la has investigado mejor?
— Que explicaba de sí misma infinidad de exageraciones para hacer más grande su leyenda y que, al mismo tiempo, le permitían hacer su trabajo más tranquila. Se había creado un personaje y mentía incluso a los soviéticos en unas cosas que decías: "Y ahora, ¿por qué les está mintiendo?" De aquí viene el subtítulo del cómic: Verdades, medias verdades y mentiras, porque muchas cosas que se dan por sabidas son mentiras, y son todas cosas que dependen de un único testigo, que es ella misma.
Es un reto hacer una biografía de un personaje así.
— Sí, por eso el subterfugio de las medias verdades del subtítulo, que es una especie de posición a partir de la cual puedo trabajar. Un ensayo sobre Caridad del Río como el de Gregorio Luri ha de ser medido, realista, pero el cómic o la novela están en el terreno dramático y me he de tomar licencias para que también funcione como narración.
La muerte de Trotsky en la historieta del premio era mucho más brutal que en la novela gráfica. ¿Por qué?
— Porque ya la había hecho antes y para diferenciar los dos proyectos. Además, resulta fácil que el personaje de Ramon Mercader acabe robando muchas páginas a su madre, y yo quiero explicar la historia de Caritat del Río. Es inevitable abordar los hechos del asesinato, pero miré de redirigir la mirada para que no fuera tan presente, y también para que, a veces, funcione mejor si nos lo hemos de imaginar.
Es curioso que a través de Caridad del Río se puedan seguir los grandes acontecimientos históricos del siglo XX.
— Es que Caridad del Río protagoniza la historia del siglo XX. Está en primera línea de la vanguardia comunista y trabaja para Stalin, pero también es una de las fundadoras del PSUC y, cuando estalla la Guerra Civil, la ven con un rifle por la Rambla, estuvo directamente implicada. También tiene protagonismo en la detención del general Godet y en la organización de las columnas que van al frente de Aragón. Hay una que se llamó columna Caridad Mercader, donde le caen dos bombas cerca y sale viva de milagro. Además, es la primera mujer extranjera que recibe la orden de Lenin, de mucho prestigio para los soviéticos. Más allá del asunto Trotski, protagonizó muchas otras misiones: en Turquía, en los países escandinavos, Bélgica, Hungría... Incluso en la España de Franco.
¿Volvió después de la guerra?
— Primero lo intentó en los años 50, y le denegaron el permiso. Pero en 1971 parece que pide entrar y Arias Navarro le concede el permiso. Todo esto son informaciones que se han de investigar más y verificar. Quizás nunca se sabrá del todo, pero está claro que participa en la Guerra Fría. De la misma manera que, hacia el final de la vida, empieza a estar decepcionada con el comunismo.
Pero su desencanto tiene más que ver con cuestiones personales que con las purgas y los exterminios en masa de Stalin.
— Sí, es un desencanto interesado: está decepcionada básicamente con el trato que reciben ella y su hijo. Ella es, al fin y al cabo, una revolucionaria de salón, y cree que su tarea es importantísima y que merece un trato a la altura. Y por eso le dan caviar, un piso maravilloso en Moscú y, finalmente, una jubilación de lujo con una paga vitalicia en París, porque en Moscú hace tanto frío que no puede vivir. Aun así, ella está convencida de que merece aún más.
En el fondo no dejó de ser nunca una señora de Sant Gervasi.
— Seguramente. Lo que pasa es que también tiene el componente anarquista que le inoculan de joven. Es un personaje que arriesga mucho, se pone en cuerpo y alma. En París ya vive una época de declive y se encierra en el círculo de amigos íntimos. Se dedica a fumar, leer novelas policíacas y a tejer y hacer punto. Deja de protagonizar la historia y se pregunta hasta qué punto ha servido de algo todo ello. Por qué no dedicó la vida a los caballos, que la hacían tan feliz. De un personaje de ficción siempre esperas que sea dinámico y evolucione, y ella lo fue.
Hablando de evolución, ¿cómo ves la del catalán en el cómic? Cuando ganaste el Premi ARA no habías podido publicar nunca en catalán. Desde entonces has publicado dos obras en catalán, El llibre de les bèsties y ahora Caritat del Río.
— Las dificultades todavía están ahí. Y para los editores sigue siendo un riesgo publicar cómic en catalán. Pero creo que lo tenemos que hacer. Editores y autores tenemos que apostar por ello. Y también los lectores. Hay un trabajo que hacer de convicción y de entender que, si no es por nosotros, esto no irá a más. Editores, autores y lectores formamos un círculo, una cadena virtuosa que tenemos que ir alimentando. ¿Lo hacemos por militancia? Sí. Ahora, ¿cuál es la alternativa? Renunciar. Y esta no es la solución de nada. Nos toca a todos, en la medida de lo posible, seguir insistiendo. Es el único camino para provocar cambios.
Detrás del entusiasmo por las buenas noticias que ha dejado el cómic en catalán en los últimos años, ¿puede haber también un exceso de complacencia?
— Quizás sí. A los catalanes siempre nos ha perdido tanto el triunfalismo como el derrotismo. Ni el uno ni el otro son la solución de nada. Y no hay razones para sentirse triunfalista.
Por cierto, después de Caridad del Río has publicado con Astiberri otro cómic, Anatomía de un esqueleto, tu regreso a la ficción.
— Es la historia de un dibujante de cómic que vuelve del amor para recuperar su obra, con mucha carga vivida pero también con mucha fantasía.
Y continúa la línea trascendental deInframundo o Alter y Walter o la verdad invisible…?
— Tiene cosas de estas obras, porque también es un viaje a la otra orilla y, de alguna manera, a la búsqueda de uno mismo. Tiene un componente existencialista detrás. Es difícil desprenderse de algunos discursos e ideas.
- 'Vinyetari 6' El 3 de junio llega a las librerías el volumen que recoge las mejores historietas de la 6ª edición del Premi ARA de Còmic, empezando por la obra ganadora del debutante J. Lobo Hispano-López. También incluye, entre otras, historietas de Miguel Pang, Danide y Marcos Prior, Marlene Krause y Ferran Vidal.
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