Literatura

"San Jorge era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer"

Eduardo Mendoza publica 'La intriga del funeral inconveniente', una nueva peripecia del detective sin nombre ambientada en la Barcelona turística y gentrificada del presente

13/04/2026

BarcelonaCuando terminó Transbordo en Moscú, último volumen de Las tres leyes del movimiento, Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) creía que había llegado el momento de retirarse. “Lo mejor que podía hacer era dejarlo, porque ya había escrito todo lo que quería –recuerda en la Casa del Libro de Barcelona–. Entonces empecé a aburrirme y pensé que haría algo más sin dejar de olvidar que estaba en tiempo de descuento”. De eso hace cinco años y, desde entonces, Mendoza ha publicado Tres enigmas para la Organización (2024) y, esta misma semana, La intriga del funeral inconveniente, ambas en Seix Barral, como el resto de su obra. “Eduardo se ha planteado muchas veces dejar de escribir y lo ha llegado a anunciar, pero tenemos la suerte de que después ha hecho lo contrario –admite Elena Ramírez, su editora–. El año pasado fue muy agitado, para él, con todo lo que comportó la concesión del premio Princesa de Asturias y varios viajes, entre los que estuvo el de la Feria del Libro de Guadalajara. Nada podía hacer pensar que estuviera trabajando en una nueva novela”.

Aunque haya ganado premios como el Planeta (2010) y el Cervantes (2016) y que esté traducido a más de 25 lenguas, Eduardo Mendoza sigue escribiendo los libros en secreto, sin comentarlo a nadie hasta que tiene uno acabado. “Trabajo cada día, pero de cada diez ideas que empiezo solo una acaba prosperando –afirma–. Hacerse mayor tiene alguna pequeña ventaja. Si las cosas no te funcionan, por ejemplo, da igual, porque puedes pasar a la siguiente. La edad también me ha mejorado el estado de ánimo: mucha gente se vuelve gruñona cuando se hace mayor, pero yo cada vez estoy más contento”.

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Barcelona, la mezcla perfecta

A La intriga del funeral inconveniente rescata uno de sus personajes más emblemáticos y alocados, el del detective sin nombre. Le acompaña desde hace casi cinco décadas, cuando dio a conocer su primer caso, El misterio de la cripta embrujada (1978). "Desde entonces no tengo la sensación de haberle abandonado nunca, aunque ahora haga tiempo del libro anterior, El secreto de la modelo extraviada [2015]: no era consciente de que ya había pasado más de una década entre uno y otro", reconoce el autor. Si el marco de aquella novela era la comparación de la Barcelona preolímpica con la del boom turístico, en este caso en la capital catalana abundan la gentrificación y los expats que practican aquella comida tan poco barcelonesa del brunch. "Como he vivido muchos años fuera, tengo una visión diferente de la de los terrícolas que viven aquí –dice–. Si tenéis la tentación de creer que las cosas van mal, comparad lo que pasa en Barcelona con otras ciudades, y veréis que no es tan terrible. Barcelona es la mezcla perfecta entre civilización y canallismo. Aunque haya problemas, tiene un buen clima, los precios son relativamente razonables, se come bien, la gente es amable y los servicios funcionan bastante bien".

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La intriga del funeral inconveniente arranca con una crónica desafortunada por parte de un periodista recién llegado a la profesión que desencadena la investigación de una trama financiera de alto nivel. "Aunque para Barcelona las cosas sean mejores que cuando empecé a escribir, globalmente nos encontramos en un momento muy malo –reconoce–. Hay toda una serie de gente en el poder que no inspira mucha confianza. Cuando determinado presidente puede llegar a decir «destruiré una civilización» me quedo muy parado".

El único momento en que Mendoza parece perder el sentido del humor en la presentación en sociedad de su última novela es cuando se refiere a la proximidad del día 23 de abril: "Estoy haciendo una campaña para que se deje de relacionar con san Jorge –asegura–. Para mí el 23 de abril es el día del libro y punto. San Jorge era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer. No es el patrón de los escritores ni nada de eso. Es un tipo que se ha apropiado de la fiesta".

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