Los libros y las cosas

Dos hombres enfrentados por el destino

Investiguen el primer ataque naval a Barcelona durante la Guerra Civil
hace 27 min
Director adjunto en el ARA
3 min

Hanns-Erich Kaminski, autor de la famosa crónicaEls de Barcelona (sobre los inicios de la Guerra Civil en la capital catalana, publicado en París en 1937 y ahora recuperado por Adesiara con traducción de Francesc Parcerisas y con prólogo de Aurora Madaula), nació en 1899 en Alemania. Estudió economía, filosofía y literatura en las universidades de Königsberg, Friburgo, Berlín y Fráncfort, hasta matricularse en 1921 en la de Heidelberg y doctorarse en 1922 con una tesis sobre el dumping.

A los 20 años, Kaminski ya hablaba francés, italiano y español, además del alemán materno. Entre 1922 y 1926 viajó a España, Italia, Francia y Marruecos. Y en 1925 publicó Der Faschismus in Italien[El fascismo en Italia]. Periodista e intelectual, se forjó pronto una mirada antifascista crítica con la división de las izquierdas y favorable a la revuelta proletaria. Entre 1928 y principios de 1933 vivió en el Berlín del ascenso del nazismo. Se exilió a París el 25 de febrero de 1933, dos días antes del incendio del Reichstag.

Joan EstelrichLa mirada internacional de Joan Estelrich En los años 20 y 30, antes de la derrota de la Guerra Civil, Estelrich impulsó y dirigió la entidad Expansió Catalana y la Fundació Bernat Metge (de traducción de los clásicos grecolatinos), ambas bajo el patrocinio de Cambó, al tiempo que colaboraba con la Sociedad de Naciones y, durante la República, hacía de diputado lligaire en Madrid. El historiador italiano Ivan Lo Giudice recupera ahora su fabulosa proyección exterior en el libro La mirada internacional de Joan Estelrich (Lleonard Muntaner).

A Estelrich, el estallido de la Guerra Civil lo alcanzó en Budapest, y ya no volvió a casa a causa de la revolución anarquista en la retaguardia catalana. Como Kaminski, fugado de los nazis, se instaló en París previo paso por Buenos Aires, donde en septiembre asistió al tenso congreso internacional del PEN Club en el que había desde Zweig hasta Marinetti. El 20 de julio de 1936, Estelrich había anotado en su dietario: "Yo, como catalán, he de desear el triunfo del gobierno y como español, el de los sublevados". Sin éxito, intentó convencer a los veteranos dirigentes de la Liga de que intervinieran para poner fin a la guerra.

Son dos vidas paralelas de dos hombres políticos desde la cultura, dos intelectuales de acción trastocados por el fascismo y la revolución; el alemán alineado con la izquierda proletaria y el catalán, con la derecha conservadora. En un hipotético mundo de diálogo, que ni existía entonces ni existe ahora, habrían podido coincidir y buscar puentes para la concordia. En la polarización de los años 30, cayeron en trincheras opuestas. La polarización de hoy tampoco augura nada bueno.

En el libro-crónica de Kaminski, el autor toma partido con pocos matices, idealiza al pueblo en lucha por encima de los partidos y de unas atrocidades –las checas de la FAI– que no ve o no quiere ver. Pregunta y se deja convencer. Elogia "el orden revolucionario". Cuando ya hace unas semanas que está en la ciudad, encuentra natural sentarse "a la mesa con toda esa gente armada con fusiles y pistolas, como en una novela de piratas". La suya es una mirada romántica condicionada por la experiencia fascista alemana. Asiste al entierro multitudinario de Durruti y no acaba de entender la fuerte inclinación nacionalista de los catalanes, sobre la cual incluso anota que "los dirigentes anarquistas tampoco escapan", en referencia a Frederica Montseny, a la que encuentra "¡ingenua y un punto burguesa"! Su estancia duró entre septiembre y diciembre. También entrevistó al presidente Companys en el Palau de la Generalitat. Su libro salió un año antes que el Homenaje a Cataluña de George Orwell.

Estelrich era partidario de un nacionalismo abierto y de orden, tolerante y humanista. Un pacifista desde la cultura, que aspiraba a ganarse la vida en el campo del activismo de las ideas, conectando la cultura catalana con el mundo. Europeísta avant la lettre, en 1922 ya hablaba de superar el iberismo –entonces de moda en círculos intelectuales– con "una integración europea, universal, más útil y fecunda para todos", un europeísmo no estatista, respetuoso con las minorías lingüísticas, que su amigo Josep Pla calificaba de iluso.

Con el fin de la guerra, con su mecenas Cambó exiliado en Buenos Aires, Estelrich se adaptó al nuevo régimen y murió inesperadamente en París, en 1958, mientras ejercía de delegado de España en la Unesco. Kaminski permaneció en París hasta 1939 y después, con una identidad falsa, consiguió llegar a Lisboa y de allí marchar a Argentina, donde murió también prematuramente en 1963.

stats