Una semana después de Sant Jordi: "Devolvemos tantos libros como los que vendimos"
Las librerías están inmersas en devoluciones y encargos para reponer un fondo arrasado por la Diada
BarcelonaMe imaginaba que las librerías después de Sant Jordi serían un oasis de paz y literatura y me encuentro que son una vorágine de cajas y albaranes. "Para nosotros, Sant Jordi se acaba en junio", me dice Xevi Cortacans, propietario de la Muntanya de Llibres de Vic, un nombre que estos días tiene un significado literal. La librería Sendak también tiene una pila de cajas a punto para devolver a las distribuidoras, con los libros inventados de la fiesta. "Devolvemos tantos libros como los que vendimos por Sant Jordi", afirma Èric del Arco, socio de la Documenta y presidente del Gremio de Libreros. Me abre los excels. "Nosotros vendimos 3.251 libros durante la semana y hemos devuelto 3.200. Tuvimos que comprar 6.400 libros para vender la mitad". Claro que no solo despacharon novedades, sino que principalmente vendieron libros de su fondo, que calcula que es de 13.000 ejemplares. De los tres mil libros vendidos, dos mil eran títulos diferentes. Solo de 22 títulos vendieron más de diez ejemplares, de manera que el 95% son títulos que no aparecen en los rankings.
Unas cifras que en Sendak ratifican: "En la parada llevábamos 25.000 euros en libros, y hicimos 10.000". Ellos tampoco se identifican con las listas de más vendidos. "Y no me preocupa. Si solo ofreces lo que la gente pide serás la Casa del Libro y nosotros tenemos otra apuesta, tenemos que ir a la contra. Somos una librería combativa y la parada de Sant Jordi es coherente con cómo somos", explica Aitor Martos.
Por eso los libreros coinciden en que nunca tienen la sensación de equivocarse por Sant Jordi, aunque en la Documenta se acabara el Paseo de Gracia de Roger Bastida y en Vic hicieran corto de El juego del silencio del osonense Gil Pratsobrerroca. "Si se te acaba un libro, compran otro", dice Del Arco. "Y no suele haber ninguna sorpresa muy inesperada. Las editoriales y las distribuidoras ya se aseguran que te lleguen sus grandes apuestas. Pides 100 y te llegan 150", según Cortacans. El 80% de las ventas de la Muntanya de Llibres también fueron de fondo. Por eso, paralelamente a las devoluciones, las tiendas tienen que rellenar las estanterías y lo tienen que hacer antes de cerrar abril, cuando todavía pueden obtener el descuento de la campaña de Sant Jordi.
La rueda que nunca se detiene
Encima, siguen llegando novedades de cara a la campaña de verano y también lanzamientos en castellano pensando en la Feria del Libro de Madrid de finales de mayo. "El mundo editorial es una rueda: constantemente entran y salen libros. El libro de hoy se paga con la venta de ayer. Por eso se edita mucho y nadie está dispuesto a bajar el ritmo, porque tienes que ocupar la mesa de novedades. Cuando me envían currículums les digo a los aspirantes a libreros: ¡espero que te guste abrir y cerrar cajas!", dice, con ironía, Cortacans. Una novedad empuja la siguiente: en la Documenta, si un libro no se mueve de la mesa en un mes, va fuera. "No puedes tener miles de euros inmovilizados en las paredes. En tres meses habríamos cerrado", afirma Cortacans. Por eso los pedidos son quirúrgicos.
Además de reposiciones y devoluciones, en la Librería Sendak aprovechan Sant Jordi para "hacer limpieza de los estantes" y para devolver los títulos de fondo que hace un año o más que no se han movido, explica Martos. "Todo el mundo se piensa que nos forramos el día de Sant Jordi y es perverso, porque es un sector muy estacional y sé que los siguientes meses venderé mucho menos, hasta agosto, que estaré con números rojos y tiraré de pólizas de crédito. Por eso las devoluciones son tan importantes, para rebajar las facturas y evitar tensiones de tesorería", dice el librero. Los días de Sant Jordi, Sendak pasó de 4 trabajadores a 14, que acabaron exhaustos, como postearon en una foto en Instagram. Una semana después se han recuperado del "estado catatónico", la librería me parece de nuevo un paraíso de colores precioso y ordenado, y confirmo que a las librerías entran clientes que siguen leyendo.