La escritora accidental

Sexo y literatura en el bachillerato

Un alumno me dijo que sus padres se habían indignado al ver que el libro mío que les hacían leer, 'Biografia del foc', contenía escenas de sexo

29/01/2026

BarcelonaEl otro día fui a un instituto donde los alumnos de segundo de bachillerato habían leído Biografía del fuego. Este libro no es seguramente el más indicado para bachilleres, porque algunos cuentos tienen una temática que les queda quizá demasiado lejos y, en general, tiene un punto de complejidad que, viendo cómo está el nivel de comprensión lectora, hace que se pueda sospechar que no les será fácil. Sin embargo, estas charlas en centros de secundaria siempre son interesantes, sobre todo porque te das cuenta de que se sorprenden de que los escritores seamos personas normales. Y parte del trabajo es éste: conseguir que los adolescentes no nos consideren una especie de ratas de biblioteca reprimidos y anticuados que no escribimos sobre la vida sino sobre abstracciones intelectuales vacías. También en esta ocasión fue interesante la charla, especialmente cuando salió el tema del sexo.

Un alumno me dijo que sus padres se habían indignado al ver que el libro que les hacían leer contenía escenas de sexo. Por desgracia, no es que los padres tuvieran interés en saber qué leía su hijo y en compartir con él la experiencia de la lectura, sino que el alumno, él mismo algo consternado y ofendido, les había enseñado sólo los pasajes de contenido sexual.

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Antes de continuar seguramente conviene que haga un breve resumen de cuáles son estas escenas de sexo tan ofensivas, para poder después estudiarlo con conocimiento de causa. Biografía del fuegoes una recopilación de catorce cuentos, que ninguno tiene el sexo como tema central. En ocho cuentos hay alguna mención sexual. Todas las menciones al sexo están siempre dentro de relaciones de parejas enamoradas y no se retrata ninguna perversión ni práctica extraña. En concreto, en tres cuentos hay menciones de paso a la masturbación (menos de una línea); en uno hay un comentario sobre el hecho de que el sexo esporádico y sin amor suele ser menos satisfactorio; hay menciones a cunnilingus en tres cuentos (menos de una línea); aparece el verbo follar a cuatro cuentos (todos menos de una línea, salvo un cuento que tiene una escena completa de penetración de doce líneas). En resumen, que todo el sexo del libro creo que cabría en una sola página.

El sexo realista y el sexo del porno

Dicho esto, prosigo. Cuando el alumno me cuenta que sus padres y él están ofendidos e incómodos con el contenido del libro, le respondo que la forma en que el libro retrata el sexo es una manera realista, sana y natural (salvo quizás, y sólo quizás, de la escena de doce líneas). Sabemos por los datos y por las estadísticas escalofriantes, le digo, que de media los niños entran en contacto con el porno hacia los nueve o diez años. Sabemos también que son muchísimos los chicos de su edad, diecisiete años (la mayoría, me atrevería a decir), que consumen pornografía; una pornografía que no hace un retrato nada sano ni realista del sexo y que nada tiene que ver con la pareja y el amor, una pornografía en la que a menudo la mujer es denigrada y los cuerpos son plastificados. Sabemos que en segundo de bachillerato muchos ya no son vírgenes y practican sexo habitualmente. Así que no acabo de entender cuál es el problema que les hagan leer un libro en el que aparece el sexo de una manera realista e incluso diría que amorosa, un libro en el que el sexo aparece sólo de paso y no como tema central.

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Más problemático del libro sería, en mi opinión, por ejemplo, el uso recreativo de las drogas que sale en un cuento o las tendencias suicidas de otro. Los jóvenes, le digo, no tienen ningún tipo de educación sexual fuera del porno aberrante y perverso (y aquí no lo menciono, pero inevitablemente pienso en aquel adolescente que tenía bastante menos de diecisiete años y en un reportaje de TV3 explicaba que lo más aberrante que había visto era un tío follándose la barriga de una entraña de una bebé). De modo que insisto en decirle que gracias a dios que puede leer en algún sitio cual es el sexo de verdad. Pero el alumno insiste, también: mi libro todavía hace el mayor problema, debido a que de algún modo vuelve a poner el sexo en el centro y lo sobrevalora. Les aseguro que el libro no pone en absoluto el sexo en el centro ni lo sobrevalora. Un amigo del alumno le apoya; algunas chicas miran al suelo y sonríen, diría que dándome la razón. Quizás el debate ha sido útil y les haga replantear algo. O quizás no.

Cuando voy a institutos con Cabalgaremos toda la noche, el sexo también sale a colación, porque hay un cuento sobre los malparidos de la manada y otro sobre la repugnante banalización del sexo que propone el porno. Sé también que unos padres se quejaron en un instituto donde les hicieron leer Suela, una novela en la que hay una fantasía sexual con un hombre enamorado y dos masturbaciones. La sociedad de la hipocresía es eso: tener a los niños viendo aberraciones pornográficas y después indignarnos cuando en un libro una pareja que ama hace el amor.