Sector editorial

El libro en catalán: de los años de resistencia al esplendor actual

La Setmana del Llibre en Català celebra su 40.º edición, un buen momento para hacer balance del recorrido del sector editorial durante las últimas décadas. ¿Cómo ha cambiado? ¿Qué asignaturas pendientes tiene?

BarcelonaCuando, en 1983, se celebró la primera edición de la Setmana del Llibre en Català, quien quisiera estar al corriente de las novedades que se publicaban en catalán las podía leer casi todas. Cuatro décadas después, solo durante los diez días que se celebra la feria, convertida en "gran festival" –en palabras de Joan Carles Girbés, su presidente–, se presentan 150 novedades. El libro en catalán factura más de 245 millones de euros anuales y ya hace una década que el número de novedades anuales no baja de las 10.000.

Un panorama frágil y escaso

Los años 60 y 70: la prehistoria de la edición moderna

"La Setmana nació como una propuesta de la Associació d'Editors en Llengua Catalana a los libreros y la Generalitat para activar los fondos de las editoriales –recuerda el editor Carles-Jordi Guardiola, presidente del AELC entre 1982 y el 1985–. Salíamos de un panorama frágil y escaso. La dictadura fue muy larga e hizo mucho daño. Recuerdo aquellos años como la prehistoria de la edición moderna en catalán". Guardiola dirigía, en aquellos momentos, la editorial La Magrana, fundada en 1975. La AELC arrancó en 1978 con una veintena de editoriales. Cuarenta años después, en la Setmana participan más de 200.

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"En la década de los 60 habían nacido grandes proyectos como Edicions 62 y Enciclopèdia Catalana, que complementaban a editoriales históricas como las Publicacions de l'Abadia de Montserrat, pero también Proa, Selecta y Club Editor –explica Àlex Broch, editor y crítico literario–. Todas ellas cumplían una función muy importante de recuperación nacional". Pero había que ir más allá. "La década de los 80 fue clave para el libro en catalán –añade Broch–. Nacieron nuevas editoriales como Columna, Empúries y Quaderns Crema que incorporaron nuevas voces y apostaron por hacer traducciones que renovaran lo que se podía leer hasta entonces en nuestra lengua". El sector se continuó desarrollando en los años 90. "Fueron años en los que se creó una burbuja excesiva, en parte debido a adelantos desmesurados a los autores", explica.

Más diversidad y menos ventas

Ha aumentado la oferta, pero las ventas por título son más bajas

"En estas cuatro últimas décadas muchos editores han pasado de ser editores de resistencia y de publicar libros muy a menudo por militancia a ser editores en catalán desde la normalidad: pienso en proyectos como L'Altra o en Males Herbes, entre otros –dice Montse Ayats, que entró a trabajar a la editorial Eumo en 1990, y que posteriormente ha presidido la Setmana (2013-2015), la AELC (2016-2021) y actualmente coordina el Plan Nacional del Libro y la Lectura–. Otro elemento positivo es el aumento de la oferta y la diversidad derivada del incremento de sellos. Como esto no ha ido acompañado de un aumento proporcional de lectores en catalán, las ventas por título no tienen nada que ver ahora con hace 10-15 años. Entonces el pastel se lo repartían entre muchos menos y, por lo tanto, cada título vendía muchos más ejemplares que ahora, de media. Salir ahora en las listas de los más vendidos quiere decir una cifra mucho menor que entonces".

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Desde que el Gremi d'Editors de Catalunya recoge los datos desglosados del libro en catalán, los números prácticamente no se han movido: se ha pasado de facturar 245,6 millones de euros el 2006 a 245,9 en 2020. Hay que decir que, entremedias, ha habido que superar la última gran crisis económica, que arrancó a finales del 2008 y que, en el caso del libro en catalán, hizo bajar la facturación hasta los 216,7 millones de euros en 2013. Además, en Catalunya, el total de facturación se ha contraído notablemente, pasando de los 1.603 millones del 2006 a los 1.200 actuales. El libro en catalán se ha mantenido. Por lo tanto, ha ganado cuota de mercado, cifra avalada también por los estudios de hábitos de lectura: se ha pasado de un 21,2% de población que escoge leer mayoritariamente en catalán (2011) a un 32,4% (2021).

Carles-Jordi Guardiola recuerda que, a principios de los 80, "para que salieran los números había que hacer una primera edición de 3.000 o más ejemplares". Las tiradas ahora son mucho más cortas: "A menudo se hacen reediciones de 500 y de 1.000". Durante los primeros años en La Magrana, "aún se imprimía con plomo y había, a menudo, problemas con el papel". Cuarenta años después, y debido a la falta de suministro y el encarecimiento de las materias primeras, el precio de fabricación de los libros se ha vuelto a ensartar: ha aumentado el coste de la impresión y, sobre todo, el del papel, que, "en solo un año, ha subido un 70%", comenta Ignasi Moreta, editor de Fragmenta.

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El crecimiento de la no-ficción

La apuesta por lo fantástico, el cómic y la novela negra

Un cambio importante en el mercado editorial en catalán fue la creación, en 2006, de Grup 62, que aglutinaba más de una decena de sellos, entre los cuales están Edicions 62, Proa, Empúries, Columna y Destino. Aquel mismo año, Ernest Folch presidía la Setmana y era editor de Ara Llibres, creada en 2002.

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"Había un gran desequilibrio entre la no-ficción que se publicaba en castellano y en catalán –afirma–. En las dos últimas décadas esto se ha corregido: la no-ficción es uno de los géneros que ha tenido un mayor recorrido". Folch dirige desde hace unos meses la editorial Navona, que además de comprar una parte mayoritaria de Arcadia, anunciará "la semana que viene la creación de un nuevo sello de no-ficción, que empezará en noviembre con el libro póstumo de Vicenç Pagès Jordà, Kennedyana".

En ficción, géneros como el fantástico, la ciencia-ficción y la novela negra están experimentando un resurgimientos gracias a editoriales como Males Herbes, Mai Més, Raig Verd, crims.cat y Llibres del Delicte. También hay una apuesta progresiva por el cómic en catalán, con nuevos sellos, impulsados desde Comanegra, Enciclopèdia Catalana, Norma Editorial y Finestres.

"Actualmente, hay un ecosistema editorial más rico y competitivo –continúa Folch–. La Setmana del Llibre en Català actual exhibe esta pluralidad". La feria ocupará este año 80.000 metros cuadrados en el Moll de la Fusta, la extensión más grande que ha tenido nunca, y también tendrá récord de expositores (259), editoriales participantes (206), volumen de ejemplares presentes (200.000) y actividades (300).

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Una librera que vivió la primera Setmana en 1983 y que también venderá libros este año es Montse Porta. "La edición inaugural se hizo en la estación de Sants. A través de las mismas cintas que se usaban para hacer subir las maletas subían las cajas de libros", recuerda. Porta tenía 23 años y trabajaba en la librería Jaimes. Cuarenta años después, continúa al pie del cañón. "La Setmana de ahora es el pistoletazo de salida de la rentrée –comenta–. Hay muchísimas presentaciones y eventos. El libro en catalán es más plural que nunca". Aunque destaque "la gran cantidad de traducciones", Montse Porta piensa que "en general, ahora se desatiende más el fondo editorial". "Cuesta mantenerlo vivo", añade. En 2022 la Setmana es, sobre todo, un gran escaparate de novedades. Pero empezó, justamente, reivindicando la riqueza del fondo del libro en catalán. "En aquellos momentos se trataba de permitir que los lectores accedieran a libros que estaban en el almacén", recuerda Carles-Jordi Guardiola. "El viaje que ha hecho el libro en catalán es extraordinario, maravilloso y sorprendente –dice Àlex Broch–. Cuando paseo por la Setmana y veo los catálogos, sobre todo los de las editoriales pequeñas, me doy cuenta de la gran riqueza del sector. Ahora podemos leer libros muy minoritarios en catalán porque los costes de las estructuras pequeñas lo permiten".

Mirar hacia el futuro

La edición en castellano: ¿amenaza u oportunidad?

"El peso y la presencia del libro de texto y el libro escolar ha cambiado mucho en este tiempo –dice Montse Ayats–. A partir de 2008 o 2009 se empieza a reutilizar este tipo de libro". A consecuencia de esto, las ventas bajaron. Aun así, el libro de texto todavía representa una parte importante del pastel de ventas: Joan Abellà, presidente de Editors.cat, recordaba este viernes que el último año se facturaron 110 millones de euros en esta categoría, cifra importante si se tiene en cuenta que el total es de 245 millones.

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Ernest Folch apunta a dos hitos generales para los años próximos: "Hay que trabajar en el fomento de la lectura, como ya se plantea hacer el Plan Nacional de Lectura, y hacerlo desde el ámbito público, pero también desde el privado. Tenemos que dejar atrás la fase resistencialista y aprovechar las oportunidades de encontrarnos en uno de los grandes mercados editoriales del mundo. Convivir con el castellano nos puede hacer más fuertes".