Memoria Histórica

Los más de 3.000 muertos en el psiquiátrico de Sant Boi reciben un homenaje que rompe décadas de silencio

Después de una larga lucha, una placa recuerda miles de muertos durante la Guerra Civil en las instituciones mentales

San Baudilio de LlobregatEl enero del 2024, el ARA revelaba por primera vez unas cifras estremecedoras. Durante la Guerra Civil (1936-1939), el cementerio de Sant Boi de Llobregat –un municipio que entonces apenas superaba los 10.000 habitantes– registró la muerte de más de 3.000 personas ingresadas en el psiquiátrico del municipio. Este sábado, finalmente, la memoria de aquellos hombres y mujeres ha sido rescatada del anonimato con un homenaje institucional. Un plafón de la Dirección General de Memoria Democrática los hace visibles y recuerda su historia. Sus descendientes no solo tienen un lugar donde llevar flores, sino que también saben algo más sobre los que murieron a pocos metros del cementerio. Hace tan solo una semana, después de muchas reivindicaciones, recibieron los expedientes médicos de algunos de sus familiares.

murieron en centros psiquiátricos más de 5.715 personas en tan solo tres años. Las causas de los decesos son incontestables:murieron en centros psiquiátricos más de 5.715 personas en tan solo tres años. Las causas de los decesos son incontestables: desnutrición extrema, infecciones gastrointestinales y un deterioro físico grave. La escasez provocada por la guerra golpeó con mucha crueldad los pasillos de unos centros donde vivían encerrados los más vulnerables y olvidados. A pesar de sus gritos de socorro, fuera de aquellas paredes el silencio fue absoluto.

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"Los informes de Serret con las cifras de muertos estuvieron mucho tiempo en un cajón, y si esto de hoy es posible es gracias a la perseverancia de muchos, como el activista Edgar Vinyes", dice Robles. "La investigación se activa después de que todo saliera a la luz con el artículo del ARA", añade. Robles no esperaba encontrar todo lo que encontró, tantos miles de muertos. "El sistema falló y es como un punto ciego donde no queremos mirar; es como si no hubieran existido", concluyó el historiador.

Los nombres detrás de las cifras

El esfuerzo de los familiares por saber quién está detrás de las cifras es titánico. "Porque detrás de cada nombre había una vida, una historia compartida, manos que amaron y corazones que resistieron, incluso cuando el mundo decidió no mirar", recordaba el poema que escribieron los miembros de Besnets per la Dignitat. "Ha sido difícil aceptar las decisiones que tomaron nuestras familias en un momento en que había estigmatización y pobreza. Esto debe ser un punto de partida y no de llegada, porque queremos recuperar la historia individual de cada persona y todavía nos quedan muchas preguntas y muchas dudas. Queremos animar a todos los que tienen documentación pendiente de abrir a que nos den acceso, porque conocer es un derecho de las familias", clama Susanna Caselles, de la asociación.

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Antoni Blanco, otro familiar, ha querido dar voz a los que murieron entre las paredes de la institución: "¿Qué hicimos para merecer esto, aparte de ser pobres y vulnerables? No hicimos daño a nadie, y después de tantos años de silencio, solo queremos que alguien explique lo que sucedió aquí". Francesc Martínez, que ha batallado mucho para saber qué le pasó a su bisabuelo, ha recordado cómo han ido tirando del hilo: "A partir de una fotografía de la que nadie hablaba, una carta, una confidencia a media voz... Ha habido un silencio alimentado por el estigma".

Los representantes institucionales han recogido el guante y se comprometieron a continuar investigando. "Cuando hablamos de memoria democrática, reiteramos los conceptos de justicia, verdad y reparación, a los que hay que añadir el de la dignificación, como un ejercicio de honestidad con nosotros mismos. Asumimos el reto de darle continuidad: este no es un final de etapa, sino un punto de partida. Hablamos de personas, de familiares que fueron doblemente olvidados. Nos queda mucho trabajo por hacer, porque la gráfica es espeluznante", asegura el consejero de Justicia, Ramon Espadaler.

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La alcaldesa de Sant Boi, Lluïsa Moret, ha puesto en valor la transformación de un municipio perseguido también por el estigma: "Hemos pasado de ser el pueblo de los locos a devenir la ciudad de la salud mental, y hoy somos un referente. Ha sido un trabajo hecho desde la humildad, orientado a dignificar personas vulnerables que, por su situación o patología, eran invisibles y habían sido invisibilizadas deliberadamente por la historia. Hoy y aquí, de la mano de todos vosotros, refrendamos el compromiso de apostar por la investigación", ha afirmado.