Guerra Civil

El espionaje franquista fue capital para la victoria de Franco

El historiador Gutmaro Gómez Bravo reconstruye con documentación inédita una operación orientada a atraer a dirigentes militares republicanos y acelerar su rendición

BarcelonaOficialmente, la Guerra Civil Española terminó el 1 de abril de 1939 con la victoria del bando rebelde liderado por Franco, que firmó el último parte de guerra en Burgos. Los franquistas habían ganado en el frente, pero la caída de la Segunda República también se preparó desde la retaguardia. El Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) jugó un papel central en el control de la propaganda, la diplomacia y la descomposición del enemigo desde dentro.

Con documentación inédita procedente de archivos españoles e internacionales, mucha de la cual no fue accesible hasta 2020, el catedrático de historia contemporánea Gutmaro Gómez Bravo (Madrid, 1975) reconstruye una operación de inteligencia orientada a atraer dirigentes militares republicanos y acelerar su rendición. En Cómo terminó la Guerra Civil española (Crítica), el historiador explica que el espionaje franquista fue determinante en el desenlace del conflicto y que el relato sobre el final de la guerra se empezó a construir mucho antes de la derrota republicana.

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"El final de la guerra ha sido bastante maltratado. A menudo se ha explicado el colapso republicano a partir del caos, las conjuras o las traiciones personales, pero la documentación ofrece una versión diferente", asegura. Según Gómez Bravo, la red de espionaje no solo obtenía información, sino que también generaba para provocar divisiones internas. Liderándola estaba el coronel José Ungría, que situó la policía secreta al frente de la seguridad del estado, inspirándose en el modelo nazi alemán.

Dos nombres aparecen a menudo cuando se explica el final del conflicto: el coronel republicano Segismundo Casado y el dirigente socialista Julián Besteiro. Ambos protagonizaron el golpe de estado del 5 de marzo de 1939 contra el gobierno de Juan Negrín. Pero, según el historiador, los hechos forman parte de un entramado mucho más complejo, marcado por una intensa tarea de captación y por fuertes presiones internas.

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Aíslar a los que no querían rendirse

Desde febrero de 1939, Casado fue objeto de un seguimiento constante por parte de los servicios franquistas. "Con Casado se reunían prácticamente cada día durante varias semanas, pero el trabajo de captación va mucho más allá", explica Gómez Bravo. Los franquistas disponían de una gran cantidad de información y eran capaces de anticiparse a los movimientos republicanos. "Fueron aislando el único núcleo que no quería rendirse, lo separaron del resto y consiguieron que varios militares republicanos trabajaran a su servicio. En algunos casos, incluso les daban órdenes directamente", afirma.

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Los agentes prometían que, si se producía la rendición, no habría represalias y se aplicaría una amnistía. También explotaron la división entre los militares profesionales y los soldados o milicianos, a los cuales no reconocían la misma condición. Aseguraban que las condiciones de negociación serían diferentes para unos y para otros. Fue una operación de inteligencia de largo recorrido, orientada a la captación y a la rendición del enemigo desde dentro. Se captaron policías, periodistas y mandos militares, entre otros actores clave, para acelerar la descomposición interna de la República.

La documentación consultada muestra cómo, desde Burgos, se obtenía información republicana prácticamente en tiempo real. "El espionaje republicano no logró superar su estado embrionario. Había muchos servicios de información de carácter político que se dedicaban a investigarse mutuamente en lugar de enfrentarse al enemigo. Esto no solo era una debilidad, sino que el mando general de Burgos lo aprovechó para captarlos", explica.

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La superioridad técnica de los espías franquistas

En cambio, el bando franquista disponía de un sistema de inteligencia mucho más moderno, en parte gracias al apoyo alemán e italiano. El desarrollo de la radio y de las máquinas de cifrado anticipaba tecnologías que posteriormente se utilizarían durante la Segunda Guerra Mundial.

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A partir de la segunda mitad de 1937, el ejército franquista ya había creado una red de comunicación cifrada que le permitía anticiparse a los movimientos políticos republicanos. "Si Azaña o los generales que se encontraban en Francia hablaban con Negrín, ya sabían qué decisiones tomarían. Esta anticipación fue fundamental", dice Gómez Bravo.

En estas circunstancias, sin mucha oposición del espionaje republicano, fue relativamente fácil difundir información favorable a la rendición entre una población hambrienta y exhausta después de treinta meses de guerra. Las redes de agentes se mantuvieron activas y operativas durante la dictadura, y se integraron dentro de las Brigadas Politicosociales. Sus efectos fueron devastadores, en una población a la que se había prometido negociación y garantías en caso de rendición, y que fue castigada brutalmente.El drama humanitario posterior no puede explicarse únicamente como consecuencia inmediata del colapso militar o del derrumbe de los frentes republicanos, tal como sostuvo durante décadas el relato oficial franquista. "La guerra se alargó para facilitar una rendición sin condiciones que garantizase el control político y militar del territorio", asegura el historiador. Franco quería una victoria completa y sin escenarios de negociación internacional que pudieran limitar el alcance de la represión posterior o condicionar el nuevo orden político. No se trataba solo de ganar la guerra en términos militares, sino de establecer las condiciones que permitieran consolidar el nuevo régimen sin ninguna oposición.

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