Cultura 27/02/2021

Moderna de Pueblo se desnuda

Raquel Córcoles reflexiona sobre sus inseguridades como autora y la falta de reconocimiento crítico en 'Coñodramas'

4 min
Raquel Córcoles y Carlos Carrero, el equipo detrás de Moderna de Pueblo
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BarcelonaNi Francisco Ibáñez ni Paco Roca: el autor de cómic más vendido de los últimos años es Moderna de Pueblo, que con Idiotizadas. Un cuento de empoderhadas (Zenith, 2017) ha despachado más de 100.000 ejemplares. Detrás hay una autora de Reus, Raquel Córcoles (1986), que con sus viñetas se ha reído de los prejuicios machistas, del postureo intelectual, de los rituales de seducción modernos y de todo lo que ha querido. Y lo sigue haciendo con éxito –ya lleva 40.000 ejemplares vendidos– en Coñodramas (Zenith, 2020), que expone las inseguridades creativas que sentía Córcoles al ver que la crítica especializada la ignoraba. Al final llegó a la conclusión que sus pecados eran tres, pero de raíz común: ser mujer en un mundo de hombres, abordar temáticas femeninas y tener un público formado sobre todo por chicas.

“El público femenino siempre ha sido despreciado, lo explica muy bien Caitlin Moran en su último libro, que los grupos con muchas chicas jóvenes como fans son identificados como grupos mainstream sin criterio”, apunta Córcoles, que en Coñodramas recuerda la condescendencia con la que algunos libreros miraban las colas de fans que acudían a sus firmas. Pero la experiencia que más dudas le provocó fue su paso por El Jueves, donde fue una de las primeras autoras en colaborar pero no consiguió conectar con unos lectores que en las encuestas de la revista valoraban negativamente el costumbrismo femenino de Moderna de Pueblo. “Con aquellos temas de chicas, un dibujo vectorial y colores pastel... ¡Los lectores debían de pensar que era un error de impresión! –recuerda entre risas–. Pero es normal, era un contexto creado durante décadas por hombres y para hombres”.

Página de 'Coñodramas', de Moderna de Pueblo

Ahora lo recuerda con humor –en el libro se compara incluso con la Barrufeta–, pero entonces lo vivió con mucha angustia, porque gustar a los lectores de El Jueves no era solo cuestión de autoestima, sino de supervivencia profesional. Pero al final Córcoles encontró las dos cosas en internet, donde sus viñetas tenían cada vez más éxito entre un público que no era especialmente aficionado al cómic, y se acabó desvinculando de la revista para comunicarse directamente con sus lectores a través de las redes y los libros. “Es una zona de confort y se trabaja mejor, como si vas a un programa donde el público es más afín en tus ideas, siempre te sentirás más cómoda y serás más tú misma”, concluye.

Una pareja diferente

Otro melón importante que abre Coñodramas es el de la tensión que proyecta el éxito de Córcoles sobre su relación de pareja con Carlos Carrero (Madrid, 1984), que escribe con ella los guiones de Moderna de Pueblo pero que a menudo queda invisibilizado de cara a los medios y los lectores. Carrero, que dejó un trabajo “serio” para dedicarse al proyecto Moderna de Pueblo, acepta de buen grado el rol secundario a la sombra de Córcoles –“Siendo ingeniero no he soñado nunca en ser famoso”– pero explica que la situación le provoca una frustración: “En el trabajo normalmente conoces gente y amplificas las relaciones, pero en mío solo trato con personas que quieren conocer a Moderna y hablar con a Moderna. Para muchos yo no soy nadie, no hago el trabajo que hago y no formo parte del éxito de Moderna de Pueblo”.

En páginas que imitan el estilo de una historieta romántica vintage, Coñodramas aborda en clave de humor los retos de la situación en una pareja ya bastante acostumbrada a invertir los roles tradiciones de género. Como apunta Córcoles, “es lo contrario que pasaba con Hitchcock y su mujer, Alma, que lo hacían todo juntos pero ella quedaba invisibilizada”. En el fondo, Carrero no se rebela. “Al fin y al cabo hablamos del universo femenino, entiendo que no me corresponda ocupar un lugar más grande”. Pero la crisis más curiosa de todas las que trata Coñodramas es la que, a raíz de su despertar feminista, hizo que Córcoles se cuestionara la estética cuqui de sus cómics y su gusto por el color rosa. “El rosa es un color con mala fama que se asocia a las tontas y a los juguetes de niñas, pero el problema no es el color sino el uso que se hace de él –dice Córcoles–. Es como el título, Coñodramas: nos tenemos que reapropiar de los códigos y otorgar otro valor. Y si hace falta, enarbolar la bandera de los colores pastel y defenderlos”.

Página de 'Coñodramas', de Moderna de Pueblo

Coñodramas no se limita a reflexionar sobre la carrera del alter ego de Córcoles sino que también habla de relaciones tóxicas, revoluciones hormonales o la aprobación externa como mecanismo de validación. A veces lo hace con una trama paródica de superheroínas feministas, y otras a través de los secundarios introducidos en Idiotizadas, Zorry, Gordi y Pescada, a pesar de que esta última, que acaba de ser madre, es marginada tanto por sus amigas que no cuentan con ella, como para la autora que, se confiesa, “no tenía ganas de hablar de bebés”. Sin querer, dice Córcoles, “estaba de parte de los que hacen mobbing a las madres, hacía baby mobbing, y me di cuenta que era una cosa que hacía en el cómic pero también a algunas amigas que ya eran madres”.

A pesar del mea culpa, la trama de baby mobbing es la que ha recibido más críticas del libro entre los lectores. “Quien lo ha sufrido se queda con el hecho que lo explicas desde la perspectiva de quien hace el baby mobbing –explica Córcoles– y también nos decían que por qué no poníamos una madre más moderna”. Córcoles y Carrero son autocríticos y en el pasado no han tenido problemas para rectificar algún chiste o incluso borrar una publicación de Instagram, pero también reclaman el derecho a crear personajes imperfectos. “Como defendemos la diversidad, si pones una lesbiana que liga como un hombre se nos critica mucho y nos exigen que visibilicemos lo mejor de lo mejor de los colectivos, pero es que también estamos explicando historias”, se queja Córcoles, que aun así admite que ella se ofendía siempre que veía una rubia tonta en el cine. “Todo el mundo se quiere ver bien representado”.

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