Obituari
Cultura 01/12/2021

Muere Oriol Bohigas, el arquitecto de la modernidad permanente

Artífice del celebrado urbanismo barcelonés, deja también un sólido legado intelectual, cívico y político

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Oriol Bohigas

BarcelonaLúcido prácticamente hasta el final, Oriol Bohigas (1925-2021) ha muerto a las puertas de cumplir 96 años. En los últimos tiempos, desde una silla de ruedas, no había dejado de asistir a actos culturales, siempre acompañado de la también arquitecta Beth Galí. Incombustible, con él se pierde una personalidad capital de la segunda mitad del siglo XX, clave a la hora de dar continuidad a la edad de oro de la cultura catalana contemporánea, es decir, al fabuloso entramado de impulso creativo, de institucionalización y de civismo pedagógico que va del Modernismo al Novecentismo, pasando por las vanguardias. Desde el antifranquismo primero y, ya después en democracia, desde las instituciones recuperadas, Bohigas proyectó hacia el futuro la ambición de un pasado republicano heredero de aquel brillante cambio del siglo XIX al XX, que él conocía de primera mano por razones familiares: su padre fue uno de los artífices, en los años 30, de la reorganización de los museos de Barcelona y del salvamento del arte catalán durante la Guerra Civil.

Eugeni d'Ors, con quien cuando apenas Bohigas tenía 22 años se estrenó en la revista Destino como polemista periodístico, y la amistad del cual cultivaría después, le hizo una vez esta simpática dedicatoria: "A Oriol, que hace salir el sol". El Pentarca, ideólogo del Novecentismo y después franquista conspicuo, la acertó de lleno. Oriol Bohigas, desde un progresismo catalanista y cosmopolita, aportó durante años luz y color, aires renovados, apertura y riesgo a la cultura catalana del tardofranquismo, de la apertura democrática, y de más allá. Su adhesión a la catalanidad no fue a la defensiva, de forma victimista. Al contrario: nunca pidió permiso para hacer de Barcelona, y a través de ella de Catalunya y su cultura, una capital internacional desde la que dialogar de tú a tú con el mundo, un diálogo que él mismo protagonizó en el campo arquitectónico con grandes figuras, de Foster a Isozaki, de Gregotti a Aulenti, y tantos otros.

Pero, concretamente, ¿qué le debemos a Bohigas? La lista es agobiante. Le debemos, antes que nada, la nueva Barcelona democrática que acabó de cuajar y hacer un gran salto adelante con el proyecto olímpico: la de la recuperación del centro histórico, la de las nuevas centralidades y la dignificación de los barrios, la de la apertura al mar, la de las plazas duras y los espacios verdes, la de las rondas. En definitiva, la Barcelona de los espacios públicos de calidad, de las fachadas limpias y de la ambición cívica. Él fue quién pilotó el nuevo urbanismo de la ciudad con los alcaldes Narcís Serra y Pasqual Maragall. Y no fue él porque sí: su influencia en el terreno urbanístico y arquitectónico ya venía de lejos, de la Escuela de Arquitectura, de la cual fue alma mater y director antes de entrar en el Ayuntamiento.

Además de convertirse en referente de las nuevas generaciones de arquitectos, fue también durante décadas el principal punto de conexión de la arquitectura catalana –junto a nombres como Bofill, Correa, Solà Morales, Tusquets y un nutrido etcétera– con el mundo, cogiendo de alguna manera el relevo del exiliado Josep Lluís Sert, alma viviente, hasta su deceso en 1983, del histórico GATCPAC, que Bohigas y todo el Grupo R se encargaron de reivindicar a través, también, de otra figura: Coderch de Sentmenat.

Y a todo ello hay que añadir la obra de su despacho, MBM, con sus socios y amigos Josep Martorell y David Mackay, que tiene una larguísima nómina de edificios emblemáticos, desde el Edifici Meridiana hasta las escuelas Garbí y Thau, pasando por el Palau Nou de la Rambla (el que deja ver el campanario de la iglesia del Pi), la polémica ampliación de El Corte Inglés de plaza Catalunya o el edificio del Museu del Diseny en la plaza de las Glòries, entre otros muchos.

Oriol Bohigas con Rafael Moneo

Más que arquitecto y urbanista

Pero Bohigas no ha sido solo un urbanista y un arquitecto emblemático y programático, cosa que por si solo ya sería suficiente para pasar a los aneles del siglo XX catalán. Ha sido, además, un motor cultural como hombre de ideas y de acción. Amante de la música –hay privilegiados que recuerdan sus conciertos de piano entre amigos–, del arte y de la lectura, a lo largo de los años ha jugado un papel decisivo implicándose a fondo en instituciones como Edicions 62 (fue presidente del 1975 al 1999), la Fundación Miró (presidente, 1981-1988), el Foment de les Arts Decoratives (FAD) y el Ateneu Barcelonès (presidente, 2003-2011). Antes ya había participado en todas las salsas de la heterogénea movida de la Gauche Divine y del antifranquismo transversal (fue tanto a la Caputxinada de 1966 como al encierre de intelectuales en Montserrat de 1970), y finalmente, entre 1991 y 1994, pilotó la concejalía de Cultura de Barcelona, desde donde fijó la construcción de bibliotecas como prioridad política.

Como teórico y pensador, resultó crucial en los años sesenta su reivindicación del Modernismo a través el libro Arquitectura modernista (1968), cuando nadie daba ni un duro, o su anterior e influyente Barcelona, entre el Pla Cerdà y el Barraquisme (1963). Dos obras a las que hay que añadir, entre otros, los ensayos Contra una arquitectura adjetivada (1968) y Proceso y erótica del diseño (1972).

Seguramente, la Catalunya de la Transición se perdió lo que habría sido un brillante conseller de Cultura, un post novecentista que habría tenido a favor la intelectualidad marxista, alguien que habría unido sin estridencias el meritorio resistencialismo catalán con el necesario cosmopolitismo. No pudo ser. Su contribución en este terreno quedó limitada, a pesar del gran trabajo hecho, a la acción cívica y a la permanente exposición de su programa cultural (pero también educativo: para él la política era sinónimo de civilidad, o de pedagogía, como diría Campalans), con miles de artículos a través de tribunas periodísticas, siempre combativo e irónico contra todos los conservadurismos (incluidos los de izquierdas) y a la vez capaz de seducir a sus más acérrimos enemigos.

El Museu del Disseny se inauguró en 2014

El intelectual y político

¿Y cuál ha sido el estilo de este Bohigas intelectual y político? Más allá de su estética flamante de americanas y corbatas coloristas, más allá del whisky y el cigarro de sobremesa, la mejor definición la hizo él mismo en el primer volumen de sus magníficos dietarios, Combat d'incerteses (1989) y Dit o fet (1992), donde remontaba los propios tics y obsesiones más arraigadas a su estancia infantil durante la Guerra Civil en Olot, donde su padre, Pere Bohigas y Tarragó, junto con Joaquim Folch i Torres y Joaquim Borralleras, entre otros, consiguieron poner a cubierto buena parte del patrimonio artístico catalán. Escuchando a aquellos intelectuales, aprendió "el gusto por la tertulia como un ejercicio para pasar de la anécdota a la categoría; la admiración por los que saben apoyarse en la eminencia de una especialidad propia; la prioridad por los juicios generales sobre la narración lineal; el placer de la boutade, sobre todo si solo es inteligible en la segunda derivada; la estilosa confusión entre ética y estética; el escepticismo como disfraz de un auténtico apasionamiento beligerante; y la tolerancia como coraza para poder seguir afirmando con violencia los propios convencimientos".

El despacho MBM, donde hasta su definitiva clausura, hace pocos años, trabajaba su hija Maria, ha seguido manteniendo vivo el legado de Bohigas, como también han hecho su hijo arquitecto Josep y su compañera desde hace años, Beth Galí. Como ellos, sin embargo, son muchos los que se sienten deudores, no tanto de una estética o de una ideología urbanística y arquitectónica concretas, sino de una forma de hacer, de un compromiso profesional y ciudadano, de una libertad interior fundamentada en el conocimiento y en la joie de vivre.

En el día de su deceso, Bohigas merece nuestro más sincero y alegre homenaje. Que su espíritu republicano nos continúe iluminando por muchos años.

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