Patrimonio
Cultura 05/08/2022

La muralla de Hostalric recuperará el esplendor después de años de litigios

Una ayuda del ministerio de Cultura de 400.000 euros culminará una rehabilitación que empezó en 1993

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La muralla de Hostalric

HostalricEl pasado mes de julio se aprobó una partida extraordinaria pactada por ERC en los presupuestos del Estado. Entre los beneficiarios de los más de 6 millones de euros hay grandes instituciones culturales, como el Palau de la Música, el MNAC, el Macba y la Fundación Joan Miró. También aparece el nombre de un pueblo de La Selva de 4.334 habitantes: Hostalric. En concreto, 400.000 euros para el proyecto de la intervención de las murallas. Aun así, no es una simple actuación arquitectónica y urbanística en el cinturón defensivo de 600 metros documentado desde el año 1145 y que, de una manera u otra, ha marcado la historia y la vida del pueblo. La ayuda del Estado pone fin a un largo desacuerdo de dieciséis años entre ocho vecinos y el Ayuntamiento de Hostalric.

La muralla protegió a los vecinos en la guerra contra el rey francés Felipe el Atrevido (1285) y contra las tropas de Juan II durante la guerra civil de 1462-1471. Más adelante, a principios del siglo XIX, fue clave durante la Guerra del Francés. Los franceses asediaron el pueblo de enero a mayo de 1810 y quienes resistieron tras las murallas y torres sufrieron el impacto de 4.000 bombas. Después de los combates, el pueblo fue prácticamente destruido. Cuando cambiaron el tipo de proyectiles y armas y las murallas dejaron de garantizar la defensa, el poder militar aglutinó sus fuerzas en el antiguo castillo de los vizcondes de Cabrera, que se transformó en fortaleza.

La complicada convivencia con el patrimonio

La muralla dejó de ser estratégica, pero nunca fue derribada, ni tampoco las ocho torres circulares y semicirculares que se conservan. "El pueblo fue colonizando la muralla", dice Nil Papiol, que fue elegido alcalde de Hostalric en mayo del 2019 encabezando la lista Sumem per Hostalric-Acord Municipal. Sobre todo a lo largo del siglo XX, los vecinos fueron ganando espacio hasta abrazarla de pleno: más de un centenar de casas tienen la muralla como pared y los vecinos construyeron terrazas y garajes, con diferentes materiales que sobresalen de las piedras. Un plano del año 1796 deja constancia de las primeras aperturas que se hicieron alegando motivos higiénicos.

Algunas de estas casas de la calle Mayor, donde la luz entra por las claraboyas y por las aperturas a la calle y a la muralla, están cerradas desde hace años porque convivir con patrimonio protegido no siempre es fácil. Tienen, en muchos casos, más de 400 metros cuadrados y están llenas de recuerdos: allí nacieron y crecieron muchas generaciones. En alguna, hasta hace muy poco, vivía gente mayor y sola que había tenido la terraza como un espacio donde compartir algunas tardes con los vecinos. La farmacia, la floristería, el bar... son algunos de los comercios de la calle Mayor que han ido cerrando las puertas. Al lado de la Plaça dels Bous también está cerrado un impresionante caserón, conocido como el del doctor Riera, que había de ser un hotel.

La muralla fue declarada Monumento Histórico en 1963 y desde entonces se han ido haciendo diferentes restauraciones. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1986 ya contemplaba la eliminación de los elementos añadidos a la muralla en cinco fases. En 1993 se ejecutó la primera intervención, entre la torre de Ararà y el Portal de Barcelona. La quinta y última, entre la torre Tuies Negres y la Plaça dels Bous, fue aprobada por el Ayuntamiento de Hostalric, y las obras se empezaron a ejecutar en 2010. Había, sin embargo, un obstáculo importante: ocho propietarios de nueve casas no estuvieron de acuerdo con las expropiaciones y empezó un litigio que se ha alargado hasta el pasado julio. A un lado estaban los vecinos y al otra el consistorio que ha gobernado CiU desde 2007 hasta 2019.

Los vecinos denunciaron el proyecto ejecutivo. El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) les dio la razón en agosto del 2011, y el consistorio convergente recurrió sin conseguir que se pudieran retomar las obras. Según el TSJC, el Ayuntamiento tendría que haber aprobado un plan especial de reforma interior antes de poder sacar adelante las actuaciones previstas en los acuerdos.

El otro proceso judicial fue por las expropiaciones. El jurado de expropiación de Girona estipuló que a los ocho vecinos se les tenía que pagar, en conjunto, 170.200 euros, una cantidad superior a la que había decidido el Ayuntamiento convergente. El último litigio fue cuando, después de la decisión del jurado de expropiación, el consistorio decidió imponer a los ocho vecinos unas contribuciones especiales para pagar el 90% del coste de las obras.

Los detalles del acuerdo

En el pleno del pasado 18 de julio, el actual alcalde, Nil Papiol (Sumem per Hostalric-Acord Municipal) anunció que finalmente había habido acuerdo con los vecinos. Con los votos en contra de Junts per Hostalric se aprobaron los convenios expropiatorios y la desestimación de las contribuciones especiales. Junts votó en contra porque era un "agravio comparativo" con los vecinos que habían firmado el acuerdo hacía años y habían aceptado las condiciones ofrecidas por el gobierno convergente. Papiol argumenta que se ha negociado un acuerdo con una cantidad inferior a la dictada por el jurado de expropiación de Girona (la sentencia estipulaba 170.200 euros y finalmente se han pagado 126.823,50), y que, en caso de haber seguido con el proceso judicial, no se sabe cuál habría sido el final y se tendría que haber continuado pagando abogados y procuradores. Hasta ahora, según Papiol, el consistorio se ha gastado 20.000 euros en abogados.

"Fue un acuerdo que no habría sido posible sin sentarnos con los vecinos, hablar y negociar –explica Papiol–. Ni todo era culpa de los vecinos ni todo era responsabilidad del anterior Ayuntamiento, simplemente no hubo bastante diálogo", añade. Cuando hace tres años llegó al consistorio, Papiol se encontró con todo el complejo intricado judicial. "Había hasta dos bufetes contratados", dice. Después de todos estos años, había agotamiento y el proceso había afectado también a la convivencia vecinal. "Los vecinos se habían gastado dinero, y estaban emocionalmente tocados y muy cansados. Nuestro compromiso era también que esto tuviera un coste cero para las arcas municipales", añade. Los 400.000 euros del Estado servirán para pagar las expropiaciones (126.823,50 euros) y las obras (265.989,80). "Ahora podremos hacer visitas guiadas y mostrar con orgullo nuestra muralla, que es bastante singular porque de alguna manera está habitada", dice Papiol. La previsión es empezar las obras a finales de este año y poderlas ejecutar en 4 o 5 meses.

Con esta quinta intervención desaparecerán esas azoteas que fueron autorizadas por el ministerio de la Guerra en 1903, y todas las viviendas tendrán ventanas y entradas de garaje similares que no sobresaldrán de la sábana de la muralla. A lo largo de los últimos años se han ido recuperando algunos de los elementos más emblemáticos de la muralla como la puerta de acceso de Barcelona, derribada a principios del siglo XX y reconstruida en 1969. "La Porta de les Vinyes es la única de las cuatro que se conserva en su versión original", explica Montse Viader, técnica de patrimonio. Y el arquitecto Joan Bassegoda y Nonell (1930-2012) devolvió el esplendor a las almenas con troneras que salpican la muralla.

Desde la torre de Barcelona se puede recorrer parte del camino de ronda que hacían antiguamente los soldados. A los pies no está lo que normalmente se encuentra en las villas medievales, sino patios de vecinos con ropa tendida, mesas y sillas. Las torres también forman parte de las viviendas. Actualmente, se puede visitar la imponente Torre dels Frares que vigila el Ayuntamiento de Hostalric. La torre no forma parte del cinturón defensivo, pero se considera la más antigua y la más alta, de unos 33 metros de altura. En sus tres pisos se relata el pasado medieval del pueblo y la Guerra del Francés y, desde arriba, se puede observar el pueblo alargado y el castillo.

El camino de ronda que sale desde la torre de Barcelona
El portal de Barcelona

En los últimos años, el Ayuntamiento ha recuperado el antiguo castillo de Cabrera, que el ministerio de Guerra convirtió en plaza fuerte. "En 1929 los militares abandonaron el castillo y lo pusieron a la venta. El Ayuntamiento lo compró por 18.500 pesetas", explica Viader. Hasta 2016, en la planta de arriba había un restaurante y ahora el consistorio quiere convertir el espacio en salas polivalentes. En la parte de abajo hay actualmente un centro de interpretación.

El reto del consistorio es impulsar el turismo y atraer visitantes a través de rutas como la del vizcondado de Cabrera, que fue una de las principales señorías feudales de la Catalunya medieval. Sus dominios se extendían desde las montañas del Montseny, las Guilleries y el Collsacabra hasta el mar Mediterráneo. A pesar de que su centro se situaba en la actual comarca de la Selva, llegaba también a áreas del Maresme, el Vallès Oriental y Osona. La villa amurallada de Hostalric aglutinaba buena parte de la administración de los Cabrera.

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