Música

El Primavera Sound recupera el aliento con Beck y Fontaines D.C.

El músico californiano y el grupo irlandés destacan en la segunda jornada del festival

BarcelonaEl sueño de un festival es que se hable más de él en Instagram que en Twitter. Y estos días Twitter está lleno de comentarios sobre el Primavera Sound, que, aun así, está acostumbrado a recoger las críticas cuando vienen de fuera, incluso puede rentabilizarlas en su favor. Pero la cosa cambia cuando las quejas vienen de los espectadores, una buena parte de los cuales este jueves se sintieron mal tratados. Entre los agravios: colas de 45 minutos en las barras, pocas fuentes de agua, accesos a los escenarios superados por la aglomeración en el concierto de Tame Impala… La organización esperaba 80.000 espectadores, que finalmente fueron 67.000 según fuentes del festival, pero entre las 20 h y media noche poca gente respondió a la oferta de los escenarios situados en Sant Adrià de Besòs, porque el público prefirió moverse por la parte central del parque y por la explanada. Es decir, el conjunto del recinto tenía capacidad para acoger a todo el público, pero el festival no previó que en aquella franja horaria la mayoría de la gente ocuparía solo una parte del recinto.

“Somos conscientes de los problemas con los servicios de barras durante el día de ayer [jueves] y os pedimos disculpas. Estamos trabajando sin descanso para solucionarlos y que podamos disfrutar de las próximas jornadas como nos merecemos”, se disculpó el festival. Y el viernes, al menos hasta las 23 h (que es cuando se cerró esta crónica), tanto las barras como la circulación del público funcionaron poco más o menos como en 2019, con colas razonables y sin sustos.

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Después de la cancelación de The Strokes, y dado que The National tocaban a las 23 h, el cabeza de cartel in pectore de las primeras horas fue Beck, en el escenario Pull & Bear. Lástima que se solapase con la británica Little Simz, la sensación de la noche en el anfiteatro. Beck ofreció un señor show, un tipo de antología de pop, rock, funk, blues, hip hop, todo adaptado al estilo sofisticado del californiano, un estilo en sí mismo. Enlazó canciones sin pausa, despachó apenas empezar hits pretéritos como Devils haircut, versionó con la acústica Everybody’s got to learn sometime de The Korgis y no olvidó arrastrar los versos de Loser, cantados con gran goce por la multitud.

“Gracias por este festival soberanista"

La segunda jornada en el Fòrum había empezado a las cuatro y media de la tarde. “Aprovechad que por la noche no veréis un concierto tan anchos. Y los del fondo, acercaos, no tengáis miedo del folk ”, dijo uno de los hermanos antes de seguir repartiendo maravillas del folk castellano bajo un sol de justicia atávica en el escenario Cupra. De repente la brisa empujó unas nubes hacia el Fòrum y el concierto de Cariño en can Binance se pudo disfrutar con una temperatura bastante agradable, como el pop del trío de Madrid, que tocó con espíritu de fiesta de media noche a las cinco y media de la tarde. Canciones como Excusas y Tamagotchi y llamamientos a encontrar el amor durante el festival fueron recompensadas con baile y ovaciones. Escuchándolas, lo último que querías era enfadarte con alguien.

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También había con ganas de risa, o de cachondeo a propósito del mismo Primavera Sound y del beso Colau-Ayuso, como Guille Caballero del grupo Chaqueta de Chándal, que, con la ironía habitual en el ex Surfing Sirles, dijo: “Gracias por este festival soberanista en Barcelona”, y a continuación dedicó la canción Tú a Boston y yo a California a “Ayuso y Colau ”, que “son uña y carne”, culo y mierda en la lengua de Pau Riba. El concierto de Chaqueta de Chándal era al escenario patrocinado por la compañía de energía Plenitude.

A media tarde fue llegando el público, como un goteo que finalmente se volvía un raudal ya bastante generoso cuando Manel salieron al escenario Pull & Bear. Un amigo bromeaba: “Aquí está todo el público catalán del festival”. Y madre mía si había. Incluso reunieron a algunos miles de los que justo después no querían perderse el concierto de los irlandeses Fontaines D.C. Pese a ser una actuación comprimida al formato festivalero, Manel triunfó con un repertorio de una decena de imprescindibles, de Per la bona gent a Benvolgut, pasando por la versión autotune de Al mar. Además, el cantante Manel Gisbert aprovechó la amplitud del escenario para desplegar su particular coreografía individual, todo piernas para arriba y mezcla de David Byrne y el John Cleese del gag de los andares absurdos.

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La sensación de gentío ya era evidente con Fontaines D.C. en el escenario Estrella Damm. Había ganas de ferocidad postpunk, y no decepcionaron. Las guitarras, satisfactoriamente estridentes en temas como Sha sha sha, y la voz desafiante de Grian Chatten, como de delegado sindical de un pub, acabaron propiciando un buen pogo en las primeras filas, con una bandera irlandesa estrujada sacando la cabeza en el ruido de la batalla. A veces los festivales sí que reproducen la intensidad de un concierto en una sala, y lo amplifican cuando suenan himnos tercamente melódicos como la magnífica Jackie down the line con la que los irlandeses cerraron un show memorable. Por cierto, justo antes había sonado un pequeño fragmento de Alternative Ulster de Stiff Little Fingers.

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