Ronnie Wood ofrece un espléndido concierto de rock'n'roll en Barcelona
Actuación antológica del guitarrista británico en Razzmatazz, con citas pertinentes a The Rolling Stones y Faces
Ronnie Wood
- Razzmatazz. 12 de septiembre de 2026
Ronnie Wood, guitarrista de los Rolling Stones desde hace cincuenta años, y antes del grupo Faces, transmitía la sensación de estar haciendo justamente lo que más le gusta: tocar rock'n'roll en un sentido bastante amplio de la palabra, acompañado de un grupo de músicos en sintonía y con un repertorio muy bien elegido. Antes de que saliera al escenario de la sala Razzmatazz de Barcelona, es posible que el público, que había pagado 165 euros por la entrada, se conformara con tener delante a una leyenda sin pedirle nada extraordinario. Sin embargo, Wood dio la vuelta a la situación. Le bastaron cuatro canciones para convertir lo que podía ser una simpática velada con una vieja gloria de 79 años en un espléndido concierto. Y el público, que ya le había recibido con un afecto entrañable, empezó a celebrar la música.
En una temporada sin gira de los Stones, el guitarrista británico publicó el año pasado Fearless: the anthology 1965-2025, un doble CD que reúne canciones de diferentes etapas de su trayectoria en bandas como el Jeff Beck Group, Faces y The Rolling Stones, además de algunas de sus discos en solitario y cuatro inéditas. Ha elegido una veintena para construir casi dos horas de concierto. It's only rock'n'roll e Hey negrita, dos canciones de los Stones en cuya composición está implicado, sonaron en un primer bloque que fijó algunos de los intereses musicales de Wood, como el rocksteady jamaicano (la versión de Take it easy de Hopeton Lewis), el soul con acento de rhythm'n'blues y armónica (Am i grooving you, de Freddie Scott) y Bob Dylan, de quien hizo Seven days, una versión que incluyó en el disco en solitario Gimme some neck (1979) y que canta imitando el acento nasal dylanesco. El público, que no llenaba la sala, respondió con cánticos futboleros, "oe, oe, oe, Ronnie", y el músico británico mostró una amplísima sonrisa de agradecimiento.
Sí, la cosa funcionaba. Buenas canciones, buenas interpretaciones y una banda sólida y veterana que encaraba el rock'n'roll con una actitud encomiable: huyendo de la pulcritud de salón pero sin desgarros artificiales. Y continuó funcionando. Ejemplos, a montones: una estimulante Baby what you want me to do de Jimmy Reed, una emocionante Oh la la de los Faces que dedicó a Ronnie Lane (compañero de grupo fallecido en 1997), la dylaniana Mystifies me (del primer disco en solitario I’ve got my own, de 1974) una vibrante Boogie disease del bluesman Doctor Ross, el soul-rock apoteósico de Stay with me también de los Faces y con el que terminó la actuación...
Consciente de que nunca ha sido un gran cantante, y que ha formado parte de grupos con cantantes tan carismáticos como Mick Jagger y Rod Stewart, en algunas piezas cedió el micro a Chanelle Haynes (que asume también el papel de corista) e Imelda May. Haynes cantó la monumental Flying de los Faces, uno de los grandes momentos de la noche, y May demostró por qué es una gran intérprete de rock'n'roll y blues catapultando Remember (walking in the sand) de las Shangri-las. Ambas compartieron con Wood el micrófono triple en otros temas, acompañando a este frontman inesperado que parecía feliz y relajado, a pesar de que no perdía el control de la situación. En Chain of fools hizo un gesto para que el batería Andy Newmark cerrase la canción, en Country honk dirigió las entradas del violín y de las voces del público y en buena parte de las canciones alternó el protagonismo guitarrístico con Johnny Lee Schell, siempre con generosidad.
La ovación final confirmó que había sido una actuación espléndida, quizá por inesperada, pero Ronnie Wood ya lo había transmitido unos minutos antes, cuando al final de la stoniana Can't you hear me knocking cerró el puño y lo alzó. Era la señal del trabajo bien hecho.