Música

Silvia Pérez Cruz, sirena y capitana en el Liceu

El artista de Palafrugell hace un magnífico concierto de presentación de 'Oral_Abisal', el disco que publicará el 8 de mayo

Marta Roma, Bori Albero, Silvia Pérez Cruz y Carlos Monfort en el Gran Teatre del Liceu.
26/03/2026
3 min

Barcelona"Las fábricas de vinilo van lentas", dijo Silvia Pérez Cruz para explicar la singular naturaleza del concierto del miércoles en el Liceu. Efectivamente, el disco Oral_Abisal (Sony), que lleva tiempo registrado, se publicará el 8 de mayo. Por tanto, salvo los temas Moreno, Capitana y Líquido que ha lanzado como anticipo, el público que llenaba el teatro no conocía buena parte del repertorio que interpretó. Todo ello añadía un grado de expectación a los espectadores, y seguramente algo de inquietud al artista de Palafrugell.

Sin embargo, el resultado, combinación de misterio y determinación, fue excelente, no sólo para que así lo demuestren las diversas ovaciones recibidas a lo largo de dos horas, sino por el excelente despliegue vocal, musical y escénico (con una veintena de músicos en el escenario) y por la elección de las canciones 2025 con Salvador Sobral, la emocionante adaptación del poema de Miquel Martí i Pol Poco tienes y El amour retoma sus droits; La chacarera de las piedras, del álbum con Juan Falú, y la versión deHimno à l'amour de Édith Piaf, con la que recordó que hace pocas semanas actuó en el Olympia de París, un sitio, dijo, donde han tocado muchos de los artistas que admira. En cambio, no incluyó ninguna canción del monumental y exigente Toda la vida, un día (2023).

Disco de "dos texturas" en catalán, castellano y portugués que "va de transformación quizás para ir al mismo sitio" y que incluye lamentos como Mar muerto, el material deOral_Abisal recibió varios tratamientos musicales y escénicos. Encima de un escenario cubierto con una tela negra, empezó integrada en un cuarteto con Marta Roma (violonchelo), Carlos Monfort (violín) y Bori Albero (contrabajo). La sintonía entre los cuatro es impresionante. De hecho, podrían improvisar hasta el infinito. En este primer bloque, además de una Poco tienes llena de giros emocionales y pellizcos como los aullidos de la parte final, destacó En un rincón. Menos lucida fue Moreno, complaciente como la música de fondo de una película de Pedro Almodóvar. Sola con la guitarra regaló los dos grandes primeros momentos de la noche: uno Himno à l'amour estratosférico culminado con fragmentos de Enrique Morente - Leonard Cohen - Federico García Lorca, y el estreno deY triste vivero su amor, un recital de Silvia Pérez Cruz cantante, la que ha creado escuela y domina afinación, ataque y tempo como ninguna otra. No lo dijo, pero parecía estar reivindicándose como faraona vocal. "Formo parte de una cadena de voces de mujeres", concedió modestamente, y citó a Carme Canela como referente primero y fundamental.

Retirada la tela negra, el blanco iluminó el escenario. Del cuarteto se pasó a una formación de cámara, con viola, trompas, flautas, piano y un corazón de ocho voces femeninas, entre ellas las de Anna Ferrer, Eva Fernández, Rusó Sala y Lola Cruz, la hija de Silvia Pérez Cruz. En la suite Mar de na Catalina, con mucha relevancia coral y atrevidas cenefas armónicas, brotó el talento como directora musical de la autora de Vestida de noche. La percusión de La chacarera de las piedras, las tres trompas de Líquido y la almohada de cuerda y metales de El amour retoma sus droits fueron algunos detalles significativos del compromiso con el que toma la interpretación en directo, un compromiso aún más loable a Capitana, la canción-homenaje a las mujeres, a la vez "sirenas y capitanas" que actúan con determinación y abren camino: haciendo de la voz un instrumento sin límites, desafió al resto de instrumentos, incluido el piano de Lucía Fumero. Lo hace como si nada, con la misma naturalidad con la que sonríe cuando explica que El golpe bajo es una composición de hace tiempo que finalmente se ha decidido a publicar ahora y cuya letra "es todo ficción". Ficción o no, nadie querría ser la diana de los reproches que espeta en la canción.

En la parte final, en la que recuperó Mechita, el Liceu remaba a favor de obra entregadísimo a la energía y el talento que desprendía el escenario. Llegó el momento de Gallo rojo, gallo negro, la versión de Chicho Sánchez Ferlosio. Puede cantarla sola, a capella, con la dignidad del héroe solitario, sin embargo, teniendo una veintena de músicos y cantantes al lado, la quiso hacer coral, reivindicando la fuerza del canto colectivo. Aunque previsible, la ovación resonó especialmente intensa, como el aplauso de despedida después de Mañana. Silvia Pérez Cruz, quizá liberada de la exigencia extrema de Toda la vida, un día, pone en marcha una nueva etapa de alegría y gloria como sirena y capitana.

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