La soprano caribeña que triunfa en el mundo de la ópera
Jeanine De Bique, una de las voces más relevantes del panorama lírico internacional, actúa el domingo 16 de agosto en el Festival de Torroella de Montgrí junto a la Freiburger Barockorchester
GironaLa soprano Jeanine De Bique (Trinidad y Tobago, 1981) es una de las cantantes más relevantes e interesantes de su generación. Intérprete de voz dulce, luminosa y versátil, se ha consolidado como especialista acreditada en el repertorio barroco de Händel y el clasicismo de Mozart, al mismo tiempo que se adentra con solvencia en el romanticismo de Verdi, Puccini o los retos de la música contemporánea. Nacida en una isla del Caribe, lejos de las grandes capitales de la música clásica, se formó en Nueva York, Viena y Suiza y ya ha cantado en los mejores teatros de todo el mundo. Este domingo, 16 de agosto, actuará en el Festival de Torroella de Montgrí, junto a la Freiburger Barockorchester, bajo la dirección de Éva Borhi, con un programa dedicado íntegramente a Mozart.
De adolescente, De Bique estudiaba en su país natal canto y piano con dos profesores que habían viajado a Europa. Entonces dudaba si dedicarse al derecho o la psicología, pero finalmente acabó optando por entregarse a la voz, empujada por sus maestros y también por pura intuición, ya que en aquel momento, cuando internet apenas había llegado a la isla, tenía muy poca información sobre el camino que debía seguir y las posibles salidas profesionales. En Trinidad y Tobago no hay teatros de ópera ni referentes en este ámbito, pero la música, en un sentido amplio, sí está extremadamente presente. "El país tiene una fortísima tradición de folclore, calipso, carnaval, música india, percusión africana, danza y canto coral. Yo cantaba en coros escolares, mi abuela cantaba en la iglesia y mi madre tocaba el órgano y la guitarra", explica De Bique. Todo este sustrato, de alguna manera u otra, la ha impulsado a lo largo de su carrera y la ha forjado como cantante lírica. De hecho, en el fondo no hay tantas diferencias entre la tradición de la música popular de Trinidad y Tobago y el mundo de la ópera: "Algunos de los himnos que cantaba de pequeña en la iglesia provenían de corales alemanes de Bach adaptados, que llegaron a la isla a través del colonialismo, pero yo no era consciente hasta que, años después, dedicándome a la música clásica, me he dado cuenta de que eran las mismas melodías", constata la cantante.
Desde este bagaje, De Bique ha construido una manera de entender la música viva y abierta, focalizada en la recuperación de las óperas clásicas y barrocas escritas hace más de 400 años, pero siempre con la voluntad de demostrar su vigencia. "Las historias pueden venir de otro tiempo, pero las emociones son muy reales y continúan existiendo: el amor, la celosía, la guerra o el perdón son experiencias profundamente actuales", argumenta. Por eso considera fundamental seguir programando y cantando óperas del pasado, ya que, si no, "en un mundo que avanza tan terriblemente deprisa –dice–, corremos el riesgo de olvidar nuestra historia y de dónde provienen muchas de las cosas que definen el presente". Igualmente, De Bique reivindica la extraordinaria capacidad de la ópera para reunir y fusionar música, poesía, teatro y artes visuales en una misma creación. "Cuanto más diversa devenga la ópera y con más lenguajes colabore, más posibilidades habrá de atraer a personas que hoy todavía piensan que es aburrida", concluye.
"Mozart es uno de mis compositores preferidos"
En Torroella, De Bique completará el programa sinfónico de la orquesta con el motete Exsultate, jubilate las arias Deh, se piacer mi vuo, de La clemenza di Tito, y Se il padre perdei, de Idomeneo. "Mozart es uno de mis compositores preferidos", certifica la cantante. Lo que más le atrae del compositor es la combinación justa entre la aparente sencillez de su escritura con una enorme sofisticación llena de detalles. La ligereza que flota en el aire pero que atesora una enorme profundidad emocional debajo. "Esta música permite que mi voz comunique emociones de una manera que parece fácil, pero que en realidad es extremadamente complicada", destaca. El personaje de Vitellia, de La clemenza di Tito, es una buena muestra: "Una mujer muy intensa, muy poderosa, pero con un fuerte sentido de la vulnerabilidad. Es precisamente esta complejidad la que me conecta con los personajes femeninos de Mozart, que no son unidimensionales, sino multifacéticos", describe la soprano.
La escritura mozartiana, tan justa y depurada, requiere un dominio absoluto de la técnica. Por eso Mozart es una escuela muy valiosa para afrontar cualquier repertorio posterior. "Cuando he cantado papeles como Violetta, en La traviata, o Bess, en Porgy and Bess, tenía a Mozart presente. Me sirve para aprender una especie de limpieza y claridad para afrontar el romanticismo sin forzar el instrumento", afirma De Bique. El mismo fundamento a partir del cual explorar nuevos repertorios le da Händel. "Estos dos compositores me ayudan a saber cuáles son las capacidades de mi voz y hacia dónde avanza", explica.
Y hacia dónde avanza la voz de la soprano caribeña? De Bique no quiere hacer promesas ni se pone compromisos de personajes, óperas y compositores concretos. Eso sí, reconoce que, de su estimado género barroco y clásico, todavía le quedan compositores por explorar como Vivaldi, Graun y Rameau. También quiere retornar a papeles que ya ha interpretado, como Violetta, Micaëla de Carmen (que cantó en el Liceu en 2024) o la Condesa de Le nozze di Figaro. Y, en el horizonte, tiene ganas de afrontar cada vez más repertorio romántico francés, alemán y música contemporánea.