El escultor que buscaba modelos en las prisiones de Marruecos: el pasado colonial de los museos catalanes
El estudio '(Tr)african(t)s' documenta 3.397 objetos del Museo Etnológico y cinco centros más, y revela prácticas abusivas en Marruecos, Filipinas y Guinea.
BarcelonaEntre abril y mayo de 1954 se organizó una de las expediciones más ambiciosas del Museo Etnológico de Barcelona, inaugurado en 1949, al protectorado de Marruecos. El escultor Eudald Serra, que formaba parte de la expedición, quería modelar un busto desnudo, pero la ley y la moral local hacían imposible encontrar a ninguna mujer que se prestara a posar. Serra no se rindió; simplemente, buscó allí donde el poder colonial era absoluto. Con la colaboración de las autoridades españolas, recorrió prisiones, reformatorios y "casas públicas". Utilizar a las trabajadoras sexuales como modelos fue sistemático y deliberado en muchas de las campañas, aprovechando su extrema vulnerabilidad en un contexto de dominación colonial.
Las memorias del director del Museo Etnológico de entonces, August Panyella, describen con admiración el trabajo de Eudald Serra, que buscaba sobre todo modelos que no tuvieran "mestizaje". A los hombres se les elegía, con la ayuda de las autoridades españolas, en los cuarteles o en las celdas. Serra llegó a modelar dentro de una prisión de Tetuán, agradeciendo las facilidades al director del centro, y destacó que algunas mujeres estaban allí encerradas por "embarazo ilegítimo". El busto desnudo, que forma parte de la colección del Museo Etnológico, es una de las 3.397 piezas de origen colonial que el proyecto de investigación (Tr)african(t)s ha identificado en seis museos catalanes: el Museo Etnológico y de Culturas del Mundo, el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, el Museo Darder de Banyoles, el Museo de la Piel de Igualada, el Museo del Arte de la Piel de Vic y la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú. Hay desde fotografías hasta trampas de caza y armas, pasando por instrumentos musicales, objetos funerarios, herramientas, máscaras y esculturas, provenientes sobre todo de la antigua Guinea española, Marruecos, Filipinas y el Sáhara. El equipo de investigación lo documenta en el libro Espectres de la vitrina (Manifest), que quiere sacudir el panorama museístico.
"Hemos encontrado un escenario más favorable a la revisión en Cataluña que en Madrid, donde hay una fuerte resistencia pública", afirma Andrés Antebi, que forma parte del proyecto. Hay museos que están iniciando procesos que tienen que ver con esta revisión crítica y otros que no forman parte de esta primera parte de la investigación, como el Museu Arqueològic de Catalunya, que quieren colaborar. A diferencia de países como Francia, el Reino Unido y Bélgica,Los misioneros claretianos y las mujeres fang
Los misioneros claretianos y las mujeres fang
Una de las piezas estudiadas son las armas filipinas que forman parte de la colección del Museo Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú, y que fueron obtenidas por las fuerzas españolas durante los combates. El Museo Etnológico, por su parte, compró un arpa ngombi, usada en la religión bwiti, a un administrador colonial de la Guinea española. "Es probable, pero no seguro, que este administrador la hubiera requisado a los fieles de esta creencia, que solían ser encarcelados por las autoridades españolas", aseguran los investigadores. De la misma manera llegaron a colecciones catalanas, a través de los misioneros claretianos, algunos brazaletes espectaculares que solían llevar las mujeres fang en los brazos y en los tobillos y que no se podían quitar sin la ayuda de un herrero. "Algunos de estos brazaletes habían sido extraídos en actos públicos, presentados como muestras de la liberación de las mujeres fang, aunque ellas a veces no asistían voluntariamente sino que las obligaban los agentes coloniales", concluye el estudio.
Otro ejemplo es una talla atribuida al taller del maestro fang Ndutumu Singó. La pieza acabó en el museo después de pasar por las manos de Miguel Núñez de Prado, gobernador de la Guinea española entre 1925 y 1931. El rastro del objeto –comprado finalmente por la Generalitat en 1936 a la viuda del gobernador– dibuja a la perfección cómo el patrimonio circulaba entre las élites coloniales antes de llenar las vitrinas públicas.
El diagnóstico de (Tr)african(t)s es claro: hay que descolonizar la mirada. La investigación denuncia que muchos objetos sagrados se muestran descontextualizados, reforzando la vieja idea de "civilización contra salvajismo". "La propuesta del proyecto pretende integrar las comunidades de origen en los órganos de decisión y revisar una documentación que a menudo es deficiente", dice Antebi. En definitiva, la investigación interpela a los museos para dejar de ser almacenes de un pasado colonial y explicar bien el origen de muchas de estas piezas. "Quiere tener impacto social a través de un libro, una exposición itinerante y un documental", añade Antebi. El estudio también concluye que hay cierta reticencia en el reconocimiento de la implicación del colonialismo español. "Existe una resistencia a reconocer esta implicación, tanto desde el nacionalismo español como desde una parte del nacionalismo catalán, que alega que como que Cataluña no tenía estado propio en el período en que España colonizó América, África y el Pacífico, no hay responsabilidad catalana en estos hechos", dice el informe.