Cultura 05/06/2021

'Sueños de una escritora en Nueva York': ¿cómo sería tener a Sigourney Weaver como jefa?

Una aspirante a escritora empieza a trabajar para la poderosa agente de J.D. Salinger en el film que inauguró la penúltima Berlinale

2 min
Sigourney Weaver a 'Sueños de una escritora en Nueva York'

'Sueños de una escritora en Nueva York'

(3 estrellas)

Dirección: Philippe Falardeau. Guion: Philippe Falardeau a partir de la novela de Joanna Rakoff. 101 min. Canadá e Irlanda (2020). Con Margaret Qualley, Sigourney Weaver y Douglas Booth. Estreno en cines

Durante una fiesta literaria, Don, el insufrible novio de Joanna, la protagonista de Sueños de una escritora en Nueva York, lanza unos comentarios despectivos sobre la mítica revista The New Yorker: su ficción está pasada de moda, una de sus secciones es "cursi"... Todo ello también podría aplicarse a este film voluntariamente anacrónico. Don es un personaje odioso, pero tiene cierta razón. Son los 90, la revolución digital está a la vuelta de la esquina, suena el Connection de Elastica y los escritores jóvenes citan con reverencia a Thomas Pynchon y no a J.D. Salinger ("¿No había muerto?", le preguntan a Joanna sus amigos sobre el esquivo autor de Franny y Zooey). La mirada reprobatoria de la joven hacia su novio condensa el punto de vista de una película que construye una mirada nostálgica hacia un mundo en vías de extinción: Joanna aspira a publicar (en papel) en The New Yorker, tiene que hacer un esfuerzo para leer a autores vivos y le gusta sentarse en la lujosa (y muy démodée) cafetería del Waldorf para comerse un cheesecake que no se puede permitir.

Philippe Falardeau ha hecho un film abiertamente pasado de moda y con un tono lírico, soñador, a veces un poco empalagoso, que podría definirse como la versión luminosa y amable de The assistant o de la mucho más ácida El diablo viste de Prada. Margaret Qualley presta sus ojos enormes a esta encarnación irresistible de entusiasmo juvenil que es Joanna: una aspirante a escritora que trabaja como asistente de una poderosa agente literaria (Sigourney Weaver, imponente) que representa, entre otros, a Salinger. Podríamos reprochar al director de Professor Lazhar haber pasado de puntillas por la obra del creador de Holden Caulfield, pero el motivo está justificado: Joanna es la auténtica protagonista de un relato que, a pesar de su ingenuidad, narra de forma efectiva un proceso de fortalecimiento de una autonomía femenina –de búsqueda de una voz propia, en definitiva– donde Salinger y su legado actúan como fuente de inspiración.

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