Estreno teatral

"Ahora que mi madre está muerta ya puedo decir que es una obra autobiográfica"

La dramaturga estadounidense Paula Vogel visita Cataluña con motivo del estreno de 'Cómo aprendí a conducir' en la Sala Beckett

La dramaturga Paula Vogel fotografiada en la Sala Beckett
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BarcelonaLa dramaturga estadounidense Paula Vogel (Providence, Rhode Island, 1951) ha llegado este martes a la Sala Beckett con pizza para todos. "Los artistas deben comer. Durante mucho tiempo fui una dramaturga hambrienta y estuve por debajo del umbral de la pobreza. Para crear bien, debes tener la barriga llena", afirma Vogel. Autora consagrada y fuertemente volcada en visibilizar las grietas de la sociedad, la artista visita Barcelona con motivo del estreno de una de sus obras más desgarradoras y celebradas, Cómo aprendí a conducir. En la versión catalana, el espectáculo está dirigido por Marilia Samper y protagonizado por Ivan Benet y Mireia Aixalà. Se representará del 28 de enero al 1 de marzo.

Desde que había leído Lolita de Nabokov en su juventud, a Vogel le perseguía la idea de escribir una obra de teatro con la mirada de una niña que sufre abusos de un adulto. En el espectáculo, la protagonista es una adolescente con el apodo familiar de Coseta a quien su tío manipula para aprovecharse sexualmente. "Sabía que el contexto en el que pasa la historia debían ser las lecciones para aprender a conducir, porque todos las seguimos durante la adolescencia, que es una etapa en la que estamos madurando sexualmente. Por un lado, estamos aprendiendo normas de conducta muy claras, y por otro, las cosas pueden ser muy confusas y las normas se transgreden constantemente.

El espectáculo, estrenado en 1997 con Mary-Louise Parker y David Morse como protagonistas, le valió el premio Pulitzer y fue uno de esos éxitos inesperados que consolidan a un artista. "La escribí en dos semanas, pensando que nadie querría producirla. Antes de estrenar estaba convencida de que la gente me tiraría piedras, sobre todo por cómo retrato el pedófilo. Quería mostrar su complejidad", dice Vogel. En 2022 se reestrenó en el Manhattan Theatre Club de Nueva York, dentro del circuito de Broadway, y le valió una nominación a los premios Tony.

Una dramaturga de autoficción

Con esa nueva versión, Vogel también cambió su forma de presentar la obra. "Cuando la escribí prometí que protegería a los miembros de mi familia. Pero ahora que mi madre está muerta, puedo decir que es una obra autobiográfica. Me fui de casa muy joven a raíz de mi sexualidad, y cuando le dije a aquel hombre que nunca quería verlo se mató bebiendo alcohol", relata la dramaturga. De hecho, ésta no es la primera vez que escribe sobre experiencias vividas. Con Los vales de Baltimore (1992) –del que se realizará una lectura dramatizada en la Beckett el 31 de enero– exploró la pérdida de su hermano por culpa del sida y con Indecente (2017) abordó, entre otras cuestiones, la homofobia.

"No estaba preparada para el impacto que tuvo Cómo aprendí a conducir, pese a que ya tenía 45 años. En el primer estreno hice decenas de entrevistas en las que los periodistas intentaban que admitiera que era autobiográfica. Es una pregunta injusta. No se lo plantean cuando se trata de obras de Tennessee Williams, Arthur Miller, Sergi Belbel o Josep Maria Miró. Los grandes escritores hablan de sus vidas, pero a los hombres se les permite sin cuestionarlos", reflexiona la dramaturga, que celebra el cambio de mirada social sobre los abusos –"Ahora se habla de ello, ya no es un secreto", dice–, pero al mismo tiempo alerta de un presente oscuro y lleno de retrocesos. "En EEUU estamos pasando por un momento regresando a un momento regresando a un momento todo se vuelve a pasar. Mis obras las están prohibiendo", lamenta.

Ante este panorama, y ​​con 74 años cumplidos y de pie, Vogel tiene muy claro qué quiere hacer el resto de su vida. "¿Qué me quedan, 10 años, más o menos? Quiero abrir un centro de escritura en Wellfleet, en Massachusetts. Es el pueblo en el que vivo, un lugar precioso y progresista –explica la dramaturga–. Me gustaría que fuera un espacio de encuentro entre escritores, especialmente jóvenes, para que convivan y creen desde el corazón. Estamos buscando financiación, pero si lo conseguimos me dará unos 10 últimos años muy felices".

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