Ahora que los hombres jóvenes desprecian el feminismo
Oriol Broggi dirige 'La noche de las tríbadas' en el Teatre de Sarrià
- Autoría: Por Olov Enquist
- Versión de Joan Yago, a partir de la traducción de Jem Cabanes
- Dirección: Oriol Broggi
- Intérpretes: Cristina Arenas, Joan Marmaneu, Clara Mir y Jordi Llovet
- Teatro de Sarrià. Hasta el 29 de marzo
Recuerdo inevitable de una función bastante significativa en la historia del Teatre Lliure y propuesta de futuro con una joven compañía. La noche de las tríbadas (o sea, lesbianas) se estrenó en 1978 bajo la dirección de Fabià Puigserver y con Anna Lizaran, Quim Lecina, Domènec Reixach y Muntsa Alcañiz, quien asistió al estreno de la nueva propuesta en el romántico Teatre de Sarrià y que al terminar la función recibió una flor de manos del director, Oriol Broggi.
La obra es un despiadado retrato del conflictivo y misógino August Strindberg confrontado a la relación entre su mujer, Siri, de quien se está divorciando, y la amante de ésta, en medio del ensayo de su obra La más fuerte, en presencia del presunto director. Una obra feminista en la medida en que ridiculiza al machismo muy claramente, con insultos y desprecios que dan vergüenza ajena. También es una obra que ha envejecido bastante bien si tenemos en cuenta que el feminismo no está precisamente en boga entre la juventud actual (el 51,1% de los hombres entre 15 y 29 años desprecia al feminismo).
Claro que ni Broggi ni los muy jóvenes intérpretes que le acompañan en esta aventura (Cristina Arenas, Joan Marmaneu, Clara Mir y Jordi Llovet) vieron ni han revisado aquella puesta en escena que Puigserver retorció elevando al cuadrado el teatro dentro del teatro convirtiendo la función de La noche de las tríbadas en un ensayo de La más fuerte de August Strindberg.
Broggi, que se ciñe al original a partir de una traducción de Jem Cabanes, destensa no poco el drama, acentuando el ridículo machismo del personaje y ya puestos subvirtiendo cualquier naturalismo con el pobre y risible presunto director totalmente fuera de lugar. Hay risas. Demasiadas risas para un drama como éste. Las funciones darán seguridad a un grupo de intérpretes todavía muy pendientes de la palabra y en consecuencia alejados de la silente tensión que se desprende y que debería envolver la propuesta.