Una comedia sentimental entretenida
Clara Segura dirige con seguridad y ritmo una comedia de Marc Artigau que funciona bien engordada
Una fiesta en Roma
- Autor: Marc Artigau
- Directora: Clara Segura
- Intérpretes: Marta Angelat, Xavier Boada, Luis Marco, Gemma Martínez, Isabel Rocatti, Albert Triola y Oriol Vila
- Teatro Libre de Gracia
- Hasta el 22 de marzo
En 2025 el 21% de los ciudadanos del Estado tenía 65 años o más. Y el 5,5% de los de más de 65 sufren o sufrirán Alzheimer. Marc Artigau, uno de los dramaturgos catalanes más premiados y estrenados, ha escrito con acierto obras sobre la adolescencia (Las demás); sobre la felicidad improvisada (Las buenas intenciones); sobre los abuelos y las habaneras (No hace falta ir a La Habana); sobre los robots (Amanecer o el jardín de las delicias), y varias historias de amor (Llegarás y será de noche y La isla desierta). Y lo hace siempre cercano a la comedia, incluso cuando habla de cuestiones serias. Éste es el caso deUna fiesta en Roma, que incide en un tema que el teatro ha cultivado a menudo, en consonancia con la importancia social de la enfermedad del Alzheimer (El padre, de Florian Zeller; Luna llena, de Aki Shimazaki; Desiertos de la memoria, de Marcela Tierra; Antes de que llegue el alemán, de Marta Barceló ). Un tema doloroso que fácilmente puede abocar al drama pero que Artigau decanta hacia una entretenida comedia sentimental que Clara Segura conduce con seguridad y ritmo, y que el público aplaude con ganas.
Los protagonistas son Romina, una mujer de 76 años afectada de Alzheimer a la que Marta Angelat dota de una gran verdad –¡qué silencios!, ¡qué emoción!–; su hijo Guillem, que la guía y la cuida –muy solvente Oriol Vila, que también hace de narrador–, y Juli (Lluís Marco), el fantástico novio anarquista y anticlerical que Romina encontrará en la residencia geriátrica donde tendrá que ir cuando ya no pueda estar sola casa. Pero, a efectos de la comedia, tan importantes como todos ellos son los secundarios que habitan el entorno de la mujer, como la entrañable cocainómana Josepa, de Isabel Rocatti; el pícaro campesino Jeroni, de Xavier Boada, y la gracia y el dinamismo de Albert Triola, sea como monitor de canto o cura.
La comedia funciona, da risa. Pero debo decir que para mí la función se acaba cuando Romina logra lo que soñaba, después de un momento mágico que Marc Artigau prefiere aterrizar sobre la cruda realidad.