Júlia Truyol: "Estoy cumpliendo mis planes y también mis sueños"
Actriz. Protagoniza 'Contra Antígona' en el Teatre Lliure
BarcelonaJulia Truyol (Palma, 1987) es una de las almas de La Calòrica, pero con los años se ha forjado una carrera que va más allá de la compañía y que demuestra la voracidad de la actriz por asumir retos diferentes. Ahora se enfrenta a su primer papel de protagonista dramática con Contra Antígona, que ha dirigido Andrea Jiménez y se representa del 21 de mayo al 21 de junio en la Sala Fabià Puigserver del Teatre Lliure. El espectáculo lleva el mito de Sófocles a la contemporaneidad con una peculiaridad: en cada función, 14 espectadores voluntarios subirán al escenario con unos auriculares para formar parte de la obra.
Te hemos visto mucho con La Calòrica, pero en los últimos años especialmente también en proyectos desvinculados de la compañía, como en la serie El cuerpo en llamas (2023), en el monólogo Llogatera (2025) y pronto en L'òpera dels tres rals, que inaugurará el Festival Grec. ¿Cómo combinas esta dualidad en el trabajo?
— Con mucha angustia. Lo único que me provoca insomnio es el sufrimiento por un error de calendario. A la vez lo vivo con agradecimiento, para mí es una suerte y también una necesidad. La Calòrica es mi casa, es la familia y muchas veces artísticamente supone disponer de una carta a los Reyes. Pero a la vez necesito trabajar fuera, ver otra gente, respirar aire fresco y obtener cosas que después aporto a la compañía. Hace años que soy muy celosa de mi carrera personal, la lucho mucho.
Naciste y creciste en Mallorca. ¿La vocación de ser actriz fue implícita en la decisión de marcharte de la isla?
— Tenía un plan muy establecido. Primero tenía que convencer a mis padres –sobre todo a mi padre– de que quería estudiar teatro. Era muy buena estudiante, me gustaban los idiomas. Ellos sabían que tenía una vena artística, pero les daba mucho miedo la inestabilidad. Mi plan era ir al Institut del Teatre y hacer carrera, ir haciendo papeles de secundaria. No tenía grandes ambiciones ni me interesaba la fama. No me había planteado si debería quedarme en Barcelona o no; lo que pasa es que con este oficio, si quieres tener un trabajo más o menos estable es muy difícil vivir en Mallorca.
Poco después del Institut del Teatre formaste parte de la Kompanyia del Teatre Lliure. Viviste de muy cerca la crisis derivada de la dirección de Lluís Pasqual y su dimisión. ¿Cómo recuerdas aquella etapa?
— Entré en la Kompanyia después de unas pruebas dificilísimas y al mismo tiempo muy estimulantes. Lo viví como un regalo, una de esas cosas que no olvidaré jamás. Cuando me llamaron sentí que comenzaba un capítulo nuevo de mi vida profesional, y realmente fue así. Ahora, es verdad que sufrí, al igual que mis compañeras mujeres, una gestión bastante insuficiente por parte del equipo directivo. De inmediato hubo aquella separación por géneros que fue extraña, y a los actores hombres se les dio el espectáculo In memoriam. Lo denunciamos, aunque después se nos dijo que había oportunidades que se daban a nuestros compañeros hombres que a nosotras nos llegarían después. Les dimos un voto de confianza entendiendo que era una carrera de fondo. En paralelo a esto, gracias a la Kompanyia accedí a formaciones y a artistas que jamás me habría imaginado.
¿Ahora sientes que estás siguiendo aquel plan establecido cuando empezaste?
— Estoy cumpliendo mis planes y también mis sueños. Vivo un momento dulcísimo. Me encuentro en una etapa de madurez y empiezo a tomarme las cosas de una manera diferente. He llegado a un logro profesional y a una cierta estabilidad que no quiere decir que dure para siempre, pero a la cual no todo el mundo tiene la suerte de acceder. Relativizo ciertas cosas y he empezado a priorizar. Durante muchos años, he vertebrado mi vida alrededor de la carrera profesional. Ahora no siempre tengo ganas de que sea así. También es cierto que tengo un calendario de trabajo a un año y medio vista, y que esto es todo un lujo.
¿Con los años has ganado tranquilidad?
— Sí, no hace falta que lleve siempre encima aquella ansiedad que es inherente en nuestro trabajo. Esto tiene que ver con haber reducido los nervios de juventud, pero también hay menos primeras veces. Ahora las tengo que buscar más. No quiere decir que sea peor, sino diferente. Si solo trabajas es precioso, pero dejas de saber explicar ciertas cosas. Si el trabajo pasa siempre por delante todo es más endogámico y homogéneo, vas a menos sitios y te relacionas con menos gente. Los actores vivimos a través del trabajo, pero hay otras parcelas que también se han de regar. Intento hacer una trenza entre la vida personal y la profesional, porque tuve una época en la que la prioridad máxima era el trabajo, por encima de amistad, familia y pareja.
¿La estabilidad que has conseguido con los años ha ido en detrimento de la sorpresa y la novedad?
— Quizás con el tiempo es más difícil sorprender, o que te puedan ubicar en sitios nuevos, pero justamente ahora tengo dos proyectos radicalmente diferentes de todo lo que he hecho: un protagonista trágico en Contra Antígona y un espectáculo musical en La ópera de los tres reales. Se me han abierto puertas nuevas que son primeras veces, y además con gente de fuera del ecosistema teatral catalán como son Andrea Jiménez y Marta Pazos.
¿Cómo es trabajar con Andrea Jiménez?
— Llevamos desde julio preparando este espectáculo, haciendo trabajo de investigación y buscando la dramaturgia sobre el mito, porque la idea era situarlo en la contemporaneidad. Una de las cosas que más agradezco a Andrea es que siempre ha preservado el espacio de juego de los intérpretes. Ha sido un proceso intenso, es una directora muy disciplinada y que pide mucha disciplina. Le gusta tomar grandes riesgos hasta el último día, nos hemos entrenado a trabajar en la incertidumbre, también porque es un espectáculo participativo en el que en cada función 14 personas del público suben al escenario. Es una de aquellas experiencias tan absorbentes que solo puedes hacer una cada varios años.
¿Cómo es tu Antígona?
— En el escenario nos preguntamos sobre si hoy en día necesitamos heroicidades individuales o no, sobre cómo la tragedia nos destruye cada día, sobre quién se hace cargo, quién da un paso adelante para sostener un sistema y quién no. Pero, en realidad, quien venga a buscar respuestas sobre todo esto no las encontrará.