Un espectáculo imprescindible en la Sala Beckett
Marilia Samper dirige 'Cómo aprendí a conducir', la impresionante obra de la dramaturga Paula Vogel
- Autoría: Paula Vogel.
- Dirección: Marilia Samper. Traducción: Helena Tornero.
- Intérpretes: Mireia Aixalà, Ivan Benet, Alba Gallén, Blai Juanet Sanagustin y Kathy Sey.
- Sala Beckett. Hasta el 1 de marzo.
Hay obras que se acercan al horror con un distanciamiento de raíces brechtianas que sin incidir en la empatía emocional golpean muy adentro y desvelan lo más terrible de la condición humana. Cómo aprendí conducir es una de ellas.
La dramaturga estadounidense Paula Vogel (Washington, 1951) no podía tener un debut más acertado entre nosotros. Cómo aprendí a conducir, obra ganadora del premio Pulitzer de teatro en 1998, es un texto comprometido y dramáticamente inteligente que aborda el espinoso tema de los abusos sexuales durante la infancia con escalofriante sinceridad, pero empruntando el dramatismo de la historia en un formato de comedia casi de terror, aunque tiene momentos para reír, y que tiene momentos para reír, y el asunto: el terror y la repulsión que se deriva de conocer cómo el tío Peck va perpetrando el abuso sobre una niña desde los 11 hasta los 18 años. Y lo hace, claro, enseñándole a conducir. Un proceso lento en el que el deseo se esconde bajo la amabilidad, el amor y la condescendencia en una dramaturgia fragmentada llena de ritmo y canciones que no sólo explican los hechos, sino también su origen en una sociedad educada sobre la ignorancia de la sexualidad que confunde los afectos con terribles consecuencias. Y aunque la obra habla de la sociedad norteamericana de hace unos años, es bien sabido que, desgraciadamente, la plaga sigue malgastando el destino de muchos niños allá y aquí.
Marilia Samper ha dirigido con talento un magnífico reparto sobre una muy funcional traducción de Helena Tornero. La directora ha cuidado el ritmo y logra el reto de que una joven actriz (Alba Gallén) incorpore el papel de una abuela y el de una niña de 11 años con gran soltura y credibilidad. Lo hace con el juego. Con el humor. Y funciona. Cómo funciona, y de qué manera, la "cosita" (así llaman a la niña desde su nacimiento) de Mireia Aixalà. El tío Peck de Ivan Benet es un perverso Pigmalión que resulta terriblemente escalofriante, pero, sin mucho menos justificarlo, hace vislumbrar su trauma de la guerra y de un pasado familiar tormentoso. Completan el acertado reparto una muy cómica Kathy Sey (que lógicamente también canta) y Blai Juanet Sanagustin (pianista y saxofonista), que actúan como una especie de corazón. Imprescindible.