'La fortaleza': brillante crónica del desamparo
La obra de Lucía Carballal se enfrenta a Calderón de la Barca con tres actrices soberbias
- Intérpretes: Mamen Camacho, Natalia Huarte, Eva RufoTeatre Lliure. Festival Grec. 9 de julio de 2026
Es fácil imaginar la sorpresa de la dramaturga y directora Lucía Carballal (Les Bàrbares, Los nuestros) cuando desde la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) le encargaron un texto que dialogara con la muy poco conocida obra de Calderón de la Barca El Castillo de Lindabridis. Se trata de una comedia fantástica en la que una princesa viaja con un castillo volador en busca de un marido que la haga reina tras la muerte de su padre. Hay que celebrar el talento y la habilidad de Carballal en este poderoso y brillante ejercicio de autoficción que habla del desamparo y de la herencia tanto emocional como física, tanto material como inmaterial.
La fortaleza del título es tanto el castillo volador de Calderón como el reducto emocional y profesional que el padre de Carballal creó en Murcia tras divorciarse, con el consiguiente alejamiento de los hijos y la madre, que vivían en Madrid. La autora lo explica con tres monólogos consecutivos de tres magníficas actrices que formaron parte de la CNTC. El primero introduce la historia de la princesa, el relato personal de la autora y unas humorísticas guiños sobre las exigencias de la dicción del verso en las comedias del Siglo de Oro y está en manos de una superba Eva Rufo. En el segundo entra la historia del padre y su pasión por la arquitectura, sin obviar la historia de la actriz y su camino desde el habla andaluza a la dicción castellana con una no menos impresionante Mamen Camacho. Y en la tercera, con una también superba Natalia Huarte ya bajo vestiduras cortesanas, aflora el verso del original y cambia la gestualidad para permanecer en la reflexión final sobre la relación con el padre, que no es otra que el perdón. ¡Qué gozo verlas y escucharlas! ¡Qué buena dirección! ¡Qué bien se integra el relato en un espacio escénico conceptual y matérico (Pablo Chaves Maza) y con un cuidado espacio sonoro de ecos.